A finales del siglo pasado, cuando la anaquel Altaïr aún estaba en la calle Balmes, tuve el placer de presentar el primer obra de viajes de Xavier Moret: Amèrica, Amèrica. Viatge per Califòrnia i el Far West (1998). Hallé un trascendente nivelación entre información y inspección. El escritor reseguía la mítica Route 66 internamente de un automóvil con motor de cuatro tiempos e interior de dos: una pareja de adultos en los asientos delanteros y dos adolescentes en los traseros (hija y amiga). Los unos adherían a cada empleo que visitaban nombres, imágenes y sonidos de la música, el cine y la humanidades de los sesenta y setenta; las otras vivían con estupefacción la capacidad mitificadora de los adultos. El contraste de miradas era una logística excelente para explicar aquella California soñada por los dreamers de la procreación beat, logotipo de Fornicalia . En las últimas décadas Moret se ha erigido en un escritor viajero de relato. Más allá de los múltiples reportajes y secciones radiofónicas, ha escrito libros sobre un montón de países: Australia, Islandia, Grecia, Armenia... Son guías tan amenas como informadas, fruto de una experiencia de alucinación que se interesa más por la familia que por las imágenes de postal. Cuando aún tenía irresoluto de repasar su penúltimo obra, Històries del Japó (Pòrtic, 2021), Moret reincide en su fascinación de islómano (categoría que Lawrence Durrell estableció para referirse a quienes adoran las islas) y aplica la inspección a una que tenemos muy cerca: Mallorca, obert tot l’any (Pòrtic, 2022). La pandemia nos ha hecho redescubrir el rareza interno de muchos lugares cercanos y Moret, que debe ser el escritor catalán que más países del mundo ha pisado, decide aplicar su método de escritura a uno de los paraísos domésticos de la catalanidad: la isla de Ramon Llull.
Xavier Moret, el escritor catalán más viajero, aplica su inspección a la isla de Mallorca
El obra se devora con la misma avidez que las ofertas gastronómicas que cierran cada capítulo, desde el frit a la sobrasada, pasando por la ensaimada, el camallot, el tombet, la espinagada o la porcella. Moret aplica a Mallorca el mismo método de viajero tranquilo que le permite acercarse a realidades desconocidas. Rompe la burbuja del observador ensimismado y indagación interlocutores. En el caso de Mallorca, su trayectoria profesional le permite tener una dietario espectacular, llena de amigos, conocidos y saludados. El reconvención por la isla se fundamenta en la complicidad y el obra rezuma amistad. Pep Mulet, el creador del mítico espacio del Canal 33 Karakia , le acompaña un tramo del alucinación y los consejos de Andreu Manresa son presentes. La repaso de Mallorca, obert tot l’any tiene un emoción secundario de tipo gremial: incita a pedirse un año sabatino para recorrer la treintena de destinos que explora a razón de quince días por empleo, ayer de que todo este mundo mute.
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