La factura eléctrica

Los altos precios de la electricidad de los últimos meses tienen dos causas fundamentales. La primera es que los precios del mercado mayorista se establecen a través de un sistema competitivo. Es aseverar, el precio vivo depende de los costes de la tecnología más costosa. Normalmente se manejo de las centrales de ciclo combinado alimentadas con gas. Esto tiene una dialéctica económica demoledor: si la demanda disminuye es precisamente esta tecnología, la más cara, la que debe dejar de producir. Si, por el contrario, la demanda fuera más inscripción, entrarían en producción tecnologías incluso más costosas, que no son rentables a menos que el precio sea más stop.

La segunda razón es que la regulación presente vincula los precios minoristas regulados, que no son todos, a este precio mayorista. Luego, muchos consumidores sufren oscilaciones muy acentuadas en sus facturas y precios muy altos cuando las centrales de ciclo combinado tienen que funcionar con gas muy caro. La irracionalidad de esta regulación además es demoledor.

Otro maniquí

Dejar funcionar los mercados y ayudar solo a los sectores más débiles sería más efectivo, encima de más módico y más preciso

El Gobierno castellano, con el portugués, ha decidido contener la disposición eléctrica limitando el precio del gas que se usa para producir electricidad. Como la península Ibérica es casi una ínsula en términos eléctricos parece ser que la Comisión Europea dará su aceptación a esta intervención de los mercados durante un año.

Apoyar bajos los precios en la Península supone que España subvenciona la transacción del gas en el mercado internacional. La medida plantea diversos interrogantes. ¿Quién pagará ese subsidio? Según parece, el valor puede rondar los 6.000 millones de euros. ¡No es poco! Por otro flanco, por reducidos que sean los intercambios entre la Península y el resto del continente, ¿qué sucederá con el arbitraje entre países? ¿El subsidio a la transacción de gas en el mercado internacional beneficiará además a los con- sumidores franceses?

Imagen de archivo de unas torres de control (Llibert Teixidó)

Imagen de archivo de unas torres de control (Llibert Teixidó)

El intervencionismo en los mercados que estas medidas suponen se explica por la enorme presión política que comporta el meta de los altos precios energéticos en el coste de la vida. ¿Pero son estas las mejores medidas desde la perspectiva del impacto social de la crisis y la eficiencia económica y energética?

Una política que dejara funcionar los mercados y canalizase ayudas sólo a los sectores más débiles de nuestra sociedad sería no solo más efectivo, sino además más ocasión y torneo. Al ser los precios más altos, se reduciría

el consumo, contribuyendo al necesario peculio energético y a una beocio emanación de gases invernadero. Por otra parte, enviaría la señal correcta a las empresas para que desarrollen longevo capacidad de engendramiento eléctrica. Sería encima más ocasión y torneo puesto que las ayudas se dirigirían, a través de bonos sociales, a los colectivos más desfavorecidos, en división de ser una política de subsidio generalizado que, se pague como se pague, es una pura redistribución entre distintos grupos de la sociedad.

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