Protocolos de gala urgentes para tratar un ictus agudo, como el Cicat (Registre Codi Ictus Catalunya), han ayudado a que cada año afloren más casos relacionados con esta patología (todavía en personas jóvenes, menores de 50 abriles), lo que ha permitido que puedan tratarse con maduro celeridad. Eso sí, esta detección más valioso no supone que haya aumentado la incidencia a nivel normal. En Catalunya, por ejemplo, se mantiene entre los 14.000 y 15.000 casos anuales (en España son unos 120.000, según cifras de la Sociedad Española de Neurología). Sí se observa un incremento en países en vías de progreso al aumentar los factores de peligro, como la obesidad.
Los datos muestran que la activación del código ictus ha ido en aumento con el paso de los abriles. En Catalunya, por ejemplo, en la franja de permanencia de 41 a 50 abriles, se han pasado de 279 alertas en 2018 a 417 en 2021 (un 49,46% más), según cifras de la Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS). En el colectivo de 51 a 60, el incremento ha sido de los 621 avisos de 2018 a los 811 de 2021 ((30,6%), mientras que de los 61 a los 70 se ha pasado de los 954 a los 1.267 (32,81%) y de los 71 a 80 de 1.433 a 1.886 (31,61%).
Hay que remarcar que el aumento en registros como el Cicat “no significa necesariamente que crezca la incidencia de ictus, sino que el registro es más valioso, identificándose más y mejor los casos graves”, explica a La Vanguardia Marc Ribó, neurólogo intervencionista del hospital Vall d’Hebron.
Defiende que siquiera hubo un aumento de casos significativo durante la pandemia. “Se miró mucho si la covid podía poseer aumentado la incidencia, y parece que no es así, ni tan siquiera en los primeros meses. Lo que hubo fue retrasos en la aparición de los pacientes inicialmente y, en consecuencia, una distorsión en los registros porque el funcionamiento de los hospitales se vio desencajado”.
Hay varios motivos que explicarían este crecimiento de las activaciones del código ictus, una patología que es la primera causa de mortalidad en mujeres y la tercera en hombres. Entre éstos, “que la civilización normal tanto de la población como la de los médicos no especialistas respecto al ictus está aumentando”, esgrime el doctor Donosura Chamorro, superior de la dispositivo de ictus del hospital Clínic.
“Antiguamente –prosigue- parecía que el único infarto que podía tener una persona era de miocardio. Sin retención, ahora todo el mundo, más o menos, está concienciado de que un ictus es una necesidad y que hay síntomas transitorios que pueden deberse a un problema vascular cerebral”.
A su sumario, un uso más frecuente y generalizado de la resonancia magnética ha permitido todavía descubrir “muchos problemas de riego cerebral que antiguamente no se detectaban”.
Chamorro subraya que, efectivamente, la incidencia no está aumentando en los últimos abriles a nivel normal (en el Clínic atienden unos 1.000 casos anuales), pero apunta a que algunos registros internacionales (de países como Estados Unidos, Dinamarca o Francia) están detectando un leve repunte de casos en menores de 50 abriles.
En España se contabilizan unos 120.000 ictus al año 
Una posible explicación sería el incremento de algunos de los factores de peligro en este colectivo, que aglutina un porcentaje pequeño (un 10%) del total de la incidencia universal.
“Se están reportando tasas más elevadas de diabetes tipo II, de hipercolesterolemia; se está incrementando el número de personas jóvenes obesas; todavía hay un aumento del consumo de drogas ilícitas que generan mucha vasoconstricción de las arterias”, reflexiona Chamorro, que reconoce que en un 30% de los casos de ictus que afectan a esta franja de permanencia se desconoce qué los ha originado.
Incluso en los últimos abriles, añade, han irrumpido nuevos factores que cada vez tienen un peso más destacado en el peligro atribuible a las causas de ictus y que afectan a todas las franjas de permanencia. “A la hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia, tabaquismo o sedentarismo, ahora se le suma la polución atmosférica, que tiene un peso muy importante. Y ésta no tiene por qué afectar más a una franja de permanencia específica: un tóxico daña a quien esté expuesto a él, tenga la permanencia que tenga”.
Más allá del leve incremento que algunos registros detectan en menores de 50 abriles, a nivel universal, el número de ictus está disminuyendo “porque hay planes de prevención primaria que parece que funcionan”, señala Chamorro. Sin retención, se da la paradoja de que en los países en vías de progreso la incidencia está aumentando.
¿La explicación? La importación de algunos malos hábitos. “Si no comes mucho, no tendrás obesidad, ni hipercolesterolemia. Pero si pasas de una situación de padecer anhelo, a tener la posibilidad de tener entrada a la comida en un país en vías de progreso, es posible que comas mal, llevando una vida más insana”.
Registros como el Cicat de Catalunya están permitiendo una mejoramiento muy sustancial en el derivación de los casos de ictus. En este sentido, se están acortando los tiempos de gala. “El factótum tiempo es crucial en el pronóstico de la enfermedad. Tenemos tratamientos, pero éstos tienen una ventana temporal en la que se pueden aplicar”, esgrime Chamorro.
“Todos estos indicadores están mejorando mucho en los últimos abriles”, agrega el neurólogo Marc Ribó. “Se han ido acortando todos estos tiempos a la vez que ha aumentado la cobertura en estos tratamientos. Catalunya, por ejemplo, que es un referente mundial, tiene una de las tasas más altas del mundo de pacientes tratados sobre la población total”, añade.
Antiguamente, continúa, había mucha diferencia entre la población del campo de acción de Barcelona con respecto al resto de ciudadanos. “La concurrencia que vive en la haber, cerca de los grandes centros de relato, tenía más probabilidad de acoger estos tratamientos y de guisa rápida. Pero ahora, lo que se está consiguiendo es diminuir estas diferencias, igualándose el entrada y el tiempo en iniciar el tratamiento", concluye.
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