Los adelantos electorales los carga el diablo. Lo que no se sabe es contra quién dispara en cada caso. Al PP de Díaz Ayuso el adelanto electoral le otorgó una cómoda mayoría en el 2021. A la socialista Susana Díaz se la quitó en el 2018. El valenciano Ximo Puig simultaneó generales y autonómicas en abril del 2019 y la trastada le salió redonda, ya que el sillar de izquierdas sumó incluso más votos en los comicios valencianos que en las legislativas. Y ahora, el popular Tostado Bonilla ha superior las andaluzas con la esperanza de que el desenlace sea mejor que el que arrojó el avance electoral decidido por su correligionario Fernández Mañueco en Castilla y Arrojado.
El futuro no se deja adivinar, pero el pasado da más facilidades para las llamadas “hipótesis contrafácticas”. ¿Qué hubiera ocurrido si Susana Díaz hubiese convocado las andaluzas en la primavera del 2019 –cuando verdaderamente tocaban– y las hubiera simultaneado con las legislativas de abril de aquel mismo año?
El voto del 10 de noviembre del 2019 habría poliedro 42 escaños al PSOE y 13 a Podemos; es aseverar, 55 sobre los 109 de la Cámara
Por supuesto, siquiera es posible replicar categóricamente a esta pregunta, pero los resultados de las generales del 2019 en Andalucía ofrecen alguna pista. De hecho, el PSOE andaluz apostó con frecuencia por celebrar conjuntamente autonómicas y legislativas para beneficiarse de la movilización añadida que suponían las generales.
En cualquier caso, si los resultados de ambas citas hubiesen sido similares a los que obtuvo la izquierda en las generales de abril del 2019 en Andalucía, esa comunidad no habría cambiado de manos, como sí ocurrió en diciembre del 2018. Ahora perfectamente, como el PSOE andaluz ha venido obteniendo menos votos en las autonómicas que en las generales, un decorado más verosímil sería el de las legislativas de noviembre del 2019, que registró un descenso del Partido Socialista y Unidas Podemos, en paralelo a una leve aumento del sillar compuesto por PP, Vox y Cs.
Pues perfectamente, ni en ese supuesto –que otorgó casi un punto y medio más en cuota de voto al centro y la derecha (49%) en el conjunto de Andalucía– habría perdido la izquierda (con el 47,7%) la mayoría en la Cámara andaluza. Por los pelos, pero PSOE y Podemos habrían sumado 55 escaños de los 109 que componen la Cámara del Hospital de las Cinco Llagas. A su vez, PP, Vox y Ciudadanos habrían reunido 54 diputados, aunque con un reparto muy diferente del que se produjo en el 2018.
En las autonómicas de diciembre de aquel año, la correlación entre bloques dejó una delantera de casi seis puntos al centro y la derecha (más del 50%), frente a los partidos de izquierda (44,1%). Y eso se tradujo en una delantera de nueve escaños para el sillar conservador, que se situó cuatro diputados por encima de la mayoría absoluta. Eso sí, en el 2018 Ciudadanos pisaba los talones al PP (21 escaños frente a 26), con Vox como tercera fuerza (12 diputados). En cambio, con el hipotético resultado de noviembre del 2019, habría sido Vox (23 diputados) el que pisaría los talones al Partido Popular (24 escaños), mientras Cs habría sumado solo siete escaños.
La mencionada hipótesis contrafáctica, construida sobre los resultados de las generales de noviembre del 2019, esconde un postrero enigma. ¿Cómo habría sido posible que, con menos votos, la izquierda hubiese sumado más escaños? La explicación reside en los antagónicos resultados provinciales.
Por ejemplo, en Almería –donde el centro y la derecha reunieron más del 60% de los votos– y en Obús, Málaga y Cádiz, el Partido Popular, Vox y Cs habrían sumado al menos un escaño más que PSOE y Podemos. Pero en Córdoba –que reparte una sigla par de diputados–, entreambos bloques habrían empatado. Y en Jaén y Huelva la delantera habría sido para la izquierda, cuyo resultado en Sevilla (cuatro escaños más que la derecha) hubiese sido esencia para amarrar la mayoría absoluta. El problema de la historia es que no se puede reescribir.
Publicar un comentario