Cuando aparecieron los primeros teléfonos móviles, en la redacción constatamos un problema a la hora de titular las informaciones: la secuencia de estas dos palabras, “teléfono móvil”, se llevaba un buen pedazo del espacio destinado al título y dificultaba escribir una frase comprensible para la novedad. Era el final decenio del siglo XX y aún faltaban unos cuantos abriles para que esos aparatos, que se han vuelto imprescindibles y omnipresentes, perdieran la primera parte del sintagma y pasaran a llamarse solo móviles , haciendo del circunstancial un sustantivo.
Reminiscencia las dificultades para titular una novedad de portada, donde se optó por usar, en cursiva y con minúscula, la marca que entonces era la más popular del sector: Motorola. El título empezaba así: “Los motorolas ...”. La alternativa ortotipográfica quería dar a entender que se hablaba de un genérico, no solo de los que eran de aquella marca. Esa marca dejó de ser de relato y entonces flirteamos un tiempo con la posibilidad de llamarlos celulares , como hacían en inglés y como se acabó asentando en el gachupin yanqui.
Como los primeros portátiles pesaban tanto, el propietario añadía el parquedad de la sesión de mancuerna
Pero a este banda del charco, celular no encontró el camino trillado y se acabó imponiendo la opción móvil . Entonces, quien tuvo que acogerse al sintagma circunstancial fue el móvil de un crimen, que pocas veces encontraremos ahora, fuera de contexto y en primera relato, sin la secuencia añadida “de un crimen”.
Todo este aberración, que ya es antiguo, de algún modo se reproduce ahora con las computadoras. Luego de aquellas tempranas IBM, apareció la computadora de uso personal, personal computer (PC), que, por influencia del francés, se pasó a clamar ordenador . Entonces se inventó lo que se podía transportar de un banda a otro, el ordenador portátil , aprovechando las dos caras de la placa almohadilla. Como pesaban tanto, a la delantera de la movilidad se añadía el parquedad de la sesión de mancuerna en el campo.
Más delante, ese circunstancial se pasó a usar como sustantivo: un portátil . Pero en ese caso aún ha habido un paso más, porque como la mayoría de los ordenadores actuales son así, los que han tenido que acogerse al circunstancial han sido los fijos. Acontecer llegado los primeros no les ha servido de nulo, porque los hijos han rematado matando a los padres. Los primeros ordenadores no habían requerido ninguna delimitación. Ahora, en cambio, como están en retroceso, cuando los hablantes se refieren a ellos, hay que añadir el sintagma “de sobremesa”.
El funcionamiento de las palabras por excelencia igualmente cambia según los progresos científicos y tecnológicos que es una bestialidad.
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