Solo uno de cada cuatro conductores en España es último de 50 abriles, así que en una lapso se perderá más del 30% de esta fuerza profesional por error de licenciatura generacional”, alertaba Ramón Valdivia, vicepresidente ejecutante de la Asociación del Transporte Internacional por Carretera (Astic).
La profesión cotiza a la víctima en toda Europa. En el 2008 había 3.600.000 personas que se dedicaban a ser conductores profesionales de vehículos pesados en el Antiguo Continente. En la presente estamos en menos de tres millones. El 42% de los conductores europeos se va a excluir adentro de 10 abriles. Y los jóvenes no se apuntan.
Uno de cada cinco chóferes de vehículos pesados dice que no está satisfecho
La última investigación llevada a lugar por la IRU (International Road Transport Union ) detectó que, pese a que la mayoría estaban satisfechos con su trabajo, el 20% de los camioneros no lo estaba en completo.
Una razón es la imagen que arrastra el sector. Por ejemplo, el 44% de los franceses tiene una percepción negativa de este trabajo. El hecho de tener que tener lugar largas temporadas fuera de casa además echa para a espaldas a muchos colectivos. El 87% de los conductores de más de 55 abriles considera que es una cortapisa que frena el adiestramiento de la profesión.
En cuanto al escaso atractivo que ejerce para las mujeres, ellas reclaman zonas de alivio más equipadas, con espacios separados y garantías de seguridad. En presencia de esta carencia estructural, desde asociaciones como Astic se pide “una longevo flexibilización de los requisitos para contratar a personal extranjero que trabaje como transportista”.
Según el sindicato europeo ETF (European Transport Workers Federation), “la escasez de conductores adecuado a la error de puestos de trabajo decentes se ha disparado en los últimos meses. Con la pandemia y los cierres que paralizaron el sector de los autobuses y autocares, un número importante de sus conductores encontraron trabajo en otros lugares. Sin unas condiciones dignas en el transporte por carretera, no debe sorprender que los jóvenes y las mujeres muestren poco interés por incorporarse a este sector, mientras que además resulta cada vez más difícil convencer a los conductores profesionales de que no abandonen su trabajo”.
Para la IRU, “aunque la automatización cambiará en el futuro la profesión, no alterará en el futuro la demanda de conductores profesionales”. Para mejorar la situación, se multiplican las propuestas: desde disminuir las cotizaciones a la Seguridad Social hasta simplificar y reducir el precio el entrada a la profesión (que puede costar hasta 6.000 euros).
La Generalitat esta semana ha formalizado un ciclo de FP para que el próximo curso cinco institutos públicos catalanes ofrezcan un extremo medio de Conducción de Transporte por Carretera. Hay camino por delante.
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