¿Hemos de costar una zona de paciencia y alivio para los repartidores?, ¿en el interior del restaurante?, ¿aquí?, se pregunta incrédulo Álex López, del orden Xàtiva, una empresa abierto con tres restaurantes especializados en arroces en la ciudad, en los barrios de Sant Antoni, Les Corts y Gràcia.
El gobierno de la alcaldesa Ada Colau está ultimando una nueva norma para regular la entrega de comida a domicilio, una serie de condiciones destinada a poner un poco de orden en el funcionamiento ordinario de las dark kitchens , los supermercados espíritu y igualmente el resto de negocios que recurren al delivery de guisa cotidiana.
Los restauradores piden una diligencia quirúrgica, que el Consistorio actúe donde hay problemas
“En serio, ¿una zona de paciencia y alivio para los repartidores y sus bicicletas?, ¿aquí en el interior, en el restaurante? –continúa este restaurador, el de los arroces–. Eso no es viable, al menos en Barcelona, donde los locales comerciales son básicamente pequeños y caros. ¿Quitamos mesas para que los repartidores esperen…? Si el Comunidad impone las condiciones que tiene previstas, tendremos que renunciar a la entrega a domicilio, nosotros y muchos más, especialmente los restaurantes de siempre”.
La verdad es que la pandemia multiplicó la costumbre de encargar comida a domicilio, ¿y quién no se sobresaltó alguna vez precoz de repente por un repartidor pedaleando a toda velocidad? ¿Quién no gruñó en alguna ocasión en presencia de la cháchara de unos cuantos riders arremolinados bajo la ventana de casa, esperando sus correspondientes pedidos? ¿Y cuando copan toda la reborde? A veces ocurre…
Los restauradores de toda la vida avisan de que tendrán que renunciar a las entregas y, en cambio, los especializados en el 'delivery', "no tendrán problemas"
El problema, lamentan en el Gremi de Restauració de Barcelona, es que el Comunidad está metiendo en el mismo saco a las dark kitchens, a los supermercados espíritu y a toda la restauración. “A veces se producen aglomeraciones de repartidores en torno a algunos establecimientos de comida rápida –reconocen las fuentes del hermandad–, pero son puntuales. La entrega a domicilio de los restaurantes no altera la movilidad de sus alrededores, al menos no como las dark kitchens y los supermercados espíritu. El Comunidad debería preparar una diligencia mucho más quirúrgica, analizar caso por caso, y hacer donde de veras se producen molestias. De lo contrario, la longevo parte de los restaurantes de toda la vida tendrán que renunciar a la entrega a domicilio, muy a su pesar. Los especializados en el delivery no tendrán tantos problemas en encontrar un espacio para los repartidores”.
“Y es una pena –tercia López, el restaurador del primer párrafo–, porque la pandemia cambió muchas costumbres ciudadanas. Antaño las paellas a domicilio eran testimoniales, pero el delivery ya no se circunscribe a las pizzas y a las hamburguesas. A la parentela le gusta que de tanto en tanto le lleven la comida a casa, mucho más a menudo que ayer. Nosotros vivimos de servir a nuestros clientes en nuestros restaurantes. Esa es nuestra actividad principal. No nos compensa matar mesas. La entrega a domicilio no es un gran pilar de nuestro negocio, podemos sobrevivir sin el delivery. Pero sí que es una ayuda muy importante, la entrega a domicilio, un buen complemento, sobre todo posteriormente de tanto tiempo de cierres y restricciones. Aunque los restaurantes vuelvan a estar llenos aún quedan muchas deudas que atender”.
La nueva regulación exige una zona de paciencia y alivio para repartidores en aquellos locales de más de 150 m2
La nueva regulación municipal, aprobada ya de guisa original, contempla que todos los restaurantes de más de 150 metros cuadrados han de disponer de una zona de paciencia y alivio para sus repartidores y bicicletas de 5 metros cuadrados por cada 100 de almacén. Hablamos tanto de los negocios de nueva tolerancia como de los que ya están en funcionamiento. Y los de menos de 150 metros cuadrados ubicados en las calles de la Supermanzana Barcelona, y igualmente aquellos en calles con prioridad para los vecinos o prioridad invertida, deberán disponer de una sala de estas características de 3 metros cuadrados por cada 100 de almacén. En el caso de que el restaurador no pueda habilitar este espacio en el interior del almacén, deberá contar con otro de similares dimensiones en otro inmueble situado en un radiodifusión que no supere los 50 metros de distancia.
El Gremi de Restauració ya presentó sus alegaciones, y igualmente inició una ronda de contactos con todos los grupos municipales, con el objetivo de flexibilizar la nueva norma. “La norma municipal debería proteger y promover la competitividad, y no al revés –concluyen las fuentes del hermandad–. La Autoritat Catalana de la Competència (ACCO), tal y como señaló en un flamante referencia, igualmente entiende que el Comunidad debería reconciliar por una diligencia más quirúrgica, centrada en los establecimientos que generan problemas, y no poner unas condiciones que la mayoría no podrá contraer”.
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