A principios de los primaveras cincuenta, Josep Pla fue a tomar a un restaurante y un camarero untoso le recomendó lenguado. Pla le soltó una invectiva muy divertida, que se recoge en el capítulo “Els llenguados i el sentit comú” del tomo Els moments (1953). En este mismo instante, dice Pla, docenas de millones de personas en todo el mundo comen lenguado. Con unas pertinentes estadísticas se podría demostrar que existen más lenguados de fonda, de restaurante o de festín que de mar. Entonces, en un fragmento inspiradísimo, cuenta como se fabrica un lenguado. El lenguado desapareció hace primaveras, es una especie arcaica, extinguida. El lenguado coetáneo es un pez cilíndrico al que se ha donado forma extraplana con una plancha. “Vostè haurà observat que el llenguado, abans d’ésser arrebossat és d’un color incert, un color, diríem de pànic. Aquest color, el color del llenguado, és la conseqüència de la por terrible que el peix cilíndric tingué en passar per la planxa.”
Es imponente. La humanidades europea ha donado una serie de máquinas imaginarias. Huysmans inventó un entraña de los licores, que mientras tocas las teclas te hace un combinado. Kafka, una máquina de tortura que tatua el cuerpo, cada vez a decano profundidad, hasta hacer desaparecer al señor. Lautréamont acento del reunión de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección. Son las famosas máquinas solteras, que representan la libido de las personas, con sus émbolos fálicos y sus engranajes porno. En Catalunya tenemos dos grandes aparatos para añadir a la registro: el escudellòmetro de Santiago Rusiñol que, gracias a la producción industrial de cocido, acabará con el problema del anhelo (y con la bronca social), y la máquina de aplanar lenguados de Pla.
El próximo sábado, el Museu del Joguet de Catalunya-Figueres cumple cuarenta primaveras
El próximo sábado, el Museu del Joguet de Catalunya-Figueres cumple cuarenta primaveras. Josep M. Joan i Rosa, su creador, es un hombre inquieto, amigo de artistas,con un inclinación exquisito y con una clan -Pilar Casademont y Anna Joan- que le han acompañado en la aventura del museo, en el que, adicionalmente de mostrar una colección extraordinaria de juguetes, subraya el papel del movilidad en la vida cotidiana y da voz a los creadores. El museo conserva miles de juguetes y Josep Maria es lo que se dice un escuincle que tiene de todo. La máquina de aplanar lenguados de Pla sería un buen regalo, dibujada como en los Grandes Inventos del TBO del Profesor Franz de Copenhague: los peces cilíndricos van saliendo del barco de Nando, el pescador de Llançà, y suben por una cinta continua hasta el rodillo donde los aplanan. Desde allí, en otra cinta continua, pasan por el plato de harina y van cayendo en la paila con un brinco de trampolín. Un mecanismo expulsor los manda a la fuente de un camarero con pajarita que los distribuye por restaurantes del mundo impasible.
¡Felicidades Josep Maria! (en el refrigerio pediremos, como decía Pla, “un peix que es vegi clar i que tingui la forma habitual”).
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