Cuantos más abriles pasan, más admiro a los matrimonios. ¿Cómo es posible que puedan convivir y hacerse carantoñas dos personas que viven en el mismo firme con un único tonada acondicionado y pactar la potencia, los chorros de tonada y las prestaciones?

Mi ático carece de tonada acondicionado y puede arribar a ser una sauna –incluso una sauna modesto–, pero me resisto al progreso, abro las ventanas por si corre tonada y de paso no mato al planeta. ¡Ya me gustaría ver a tanto ecologista urbano de embocadura en semanas como esta! Sucede como lo de la aniquilamiento: en cuatro días vamos a exigir a los ucranianos que se rindan y no nos impidan disfrutar este verano de una energía refrigeradora a precios razonables...
Una cosa es ser verde, verde concienciado, verde esperanza y otra sudar la poco...
Uno prefiere tener lugar calor antaño que acalorarse con las visitas sobre si se puede subir o descender, quitar o poner, programar a tres o seis horas paisaje el tonada. Adicionalmente, ¡como en la calle no se está en ninguna parte!
El gran mérito se lo llevan los matrimonios, esa escuela cívica del pactismo, las transacciones y el savoir faire . ¿Cómo es posible que en días y noches de turbación estén de acuerdo en la temperatura y no les dé por discutir sobre el asunto, una granada nuclear de relojería?
–Muy tratable: lo que diga ella.
Tan lamentable, penosa y cobarde salida me la han soltado algunos amigos casados y aun solteros con fines ulteriores, insinuando, de paso, que en cuestiones de temperatura donde manda patrona, no manda marinero, aspecto generosa pero contraria a los avances en la igualdad de especie.
El tonada acondicionado es un progreso irreversible, aun entre los ecologistas porque una cosa es ser verde, verde concienciado, verde esperanza y otra sudar la poco. Un progreso que tanto puede ser motivo de bienestar conyugal como de peloteras, con el agravio de que el querulante friolero puede invocar la tarifa eléctrica.
Si yo viviese con pareja, poco me dice que tendría en mi ático un rutilante tonada acondicionado digno de la Siberia, que entraría en casa sí o sí, y antaño me quedaría sin tabaco, que incluso está por las nubes. Quien proporcionadamente te quiere pronto te congela.
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