Reconstruir

Esta palabra, reparar, es la historia de la humanidad. Pueblos y civilizaciones enteras han estado reconstruyéndose una vez y otra, a veces por causas de la naturaleza, volcanes, erosiones, terremotos, han sido las causas inevitables, pero muchas, demasiadas veces, la destrucción ha sido y sigue estando en manos del Homo sapiens, es sostener, nosotros; las guerras por la codicia del poder y las fantasías criminales de algunos dirigentes son el flagelo constante de esta especie que nombramos sapiens y que parece que no sabe mínimo de mínimo.

Lo que pasa en existencia es que el instinto de destrucción habita en cada persona, conjuntamente con el de la construcción. El ser humano tiende a crear y construir porque la satisfacción que le supone es más ancho que la de destruir. Lo que ocurre es que algunos individuos se aferran a su instinto destructivo porque les resulta más obediente –construir es hacendoso y requiere tiempo, paz y paciencia– y en cambio, la satisfacción de la destrucción es inmediata, forma parte de la descarga de la angustia existencial por sabernos mortales.

El ser humano tiende a crear y construir porque la satisfacción que le supone es más ancho que la de destruir

Y esos individuos psicopáticos, con banderas varias, inventadas por ellos mismos, señalan como enemigo a quien sea: un Estado vecino, una raza, una religión, da igual el motivo, que además es ficticio, y salen a matar. Porque esto es lo que en realidad quieren estos energúmenos que se llaman dirigentes políticos, cuando están en el poder, y de esta guisa, abren la caja de Pandora. Desgraciadamente ahora tenemos una muestra en Europa, la Rusia inventada de Putin (que no es la Rusia existente) ataca y destruye vidas y ciudades en Ucrania bajo el eufemismo de operación marcial singular, con tal de no usar la palabra cruzada. Pues es una cruzada, que en estos desgraciados días ya es un holocausto de civiles. En existencia es un instinto criminal.

Pues el resto de los humanos que queremos tener las furias admisiblemente atadas nos dedicamos a reparar una y otra vez, parecido al mito de Sísifo, y de guisa imparable. Por eso existen las civilizaciones, por este reparar constante y permanente de la razón por encima de la ley de la selva.

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