Efecto halo

El psicólogo estadounidense Edward Thorndike fue el primero en demostrar el finalidad fulgor con evidencia empírica en 1920. Introdujo el concepto en su artículo Un error constante en las calificaciones psicológicas. Y, como destaca Phil Rosenzweig en su volumen The fulgor effect, cometemos el error de presuponer y divulgar sistemáticamente, tanto en lo que se refiere a las críticas como a los elogios. Así, delante una empresa que es rentable y exitosa (ámbito que aborda dicha obra), presuponemos que es competente y ejemplar, con unos procedimientos superiores en todos los ámbitos.

En el caso de la política, los juicios de valía con estos fundamentos pueden resultar devastadores. Son muchos los políticos y las políticas que pueden estar afectados por un hecho concreto, que puede tener finalidad en condena y prolongarse como si fuera una mancha de grasa.

Tendemos a suponer y dar por hecho; a considerar que una parte hace el todo

En el mundo polarizado en el que vivimos, hemos aprendido a acomodarnos a las primeras impresiones, evitando confrontar puntos de perspicacia y invadir la ardua tarea de contrastar fuentes, escuchar otras opiniones o avituallar un espíritu crítico y constructivo que nos permita explorar (y explotar) las burbujas informativas existentes. En definitiva, nos resulta mucho más practicable –y cómodo– hacer generalizaciones y cimentar nuestros juicios en ellas. Tendemos a suponer y dar por hecho. A considerar que una parte hace el todo.

De un indicio, deducimos un hecho. Y en ese posicionamiento ideológico nos hacemos fuertes. Sin más. En el caso del finalidad fulgor, una sola característica (positiva o negativa) nos lleva a suponer, de guisa errónea, cómo debe ser el conjunto o la totalidad. De este modo, es más difícil observar una existencia que es poliédrica y que tiene aspectos buenos, otros malos... Se evita el escena difícil de los claroscuros y el esfuerzo que comporta observar los hechos de modo dispar.

Todo ello se refuerza con las cámaras de eco digitales que reverberan y pueden contaminar. Es la tinta del calamar. Modificar prejuicios y creencias globales es cada vez más complicado y angustioso. Pero en la era de la infoxicación y la simplificación, el provocación está en disponer de la autonomía suficiente y el rigor adecuado para no convertirnos en acólitos acríticos. De ello depende nuestra sanidad democrática. Y la personal.

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