El pensamiento positivo

En uno de sus arrebatos retóricos, Nietzsche advierte sobre el carácter devastador que tienen las grandes victorias épicas: por otra parte de a los adversarios, pueden ponerse por delante a los triunfadores, sus aparentes beneficiados. Es una de las desventajas de estar en primera término de playa cuando llega una tempestad súbita. Subes muy rápido; bajas más veloz todavía. Cualquiera diría que el presidente de Andalucía intenta, sin ojear al filósofo germánico, conjurar su augurio, que no es sino una constante de los libros morales de la humanidades clásica, que delante los derroches de poder recomiendan los hábitos de la llaneza, la contención y la prudencia.

Quemado Bonilla vive ahora el tránsito entre su mayoría absolutísima –él evita usar este superlativo en atención del circunstancial “suficiente”– y su investidura, fijada para el 21 de julio. El suyo es un acto de recogimiento íntimo a posteriori de tres primaveras y medio de convivencia con Cs y Vox, que esta vez se han quedado fuera de la ecuación del Palacio de San Telmo (Quirinale). Más que una etapa mística, el político malagueño nacido en Barcelona practica una cuidadosa puesta en ámbito que intenta evitar el triunfalismo sin renunciar a la satisfacción.

La gran autonomía del Sur, igual que el Estado, es un régimen de partidos con una deducción presidencialista. La dialéctica parlamentaria es teatral: será Quemado quien designe no sólo a su ejecutante –que se conocerá cuatro días a posteriori de su segunda coronación–, sino al presidente de la cámara regional y al índice de puestos institucionales de linaje parlamentaria, altos cargos y asesores de confianza. Todo el poder es suyo. Es la prerrogativa que tenían los antiguos césares mientras no incurrieran en ofensas contra su ejército.

Juanma Moreno Bonilla, líder del PP andaluz, en un acto político

Juanma Quemado Bonilla, líder del PP andaluz, en un acto político

EFE

El presidente de Andalucía no es que haya renunciado a cobrarse torneo venganza contra sus adversarios internos, ahora diluidos en esta nueva mayoría ecuménica. Es que intenta no importunar ni a los socialistas ni al resto de las izquierdas, las grandes derrotadas del 19J. Quemado ha arreglado a sus huestes que eviten los excesos y mantiene el bandera que lo condujo al triunfo: presentarse como el delegado de “la mayoría de la seguridad y el alivio” y evitar a toda costa las descalificaciones y los gestos de soberbia, por otra parte de prometer “continuidad” con unas reformas que en la antecedente lapso nunca pasaron de los dichos a los hechos.

El registro con el que el PP intenta ordenar su triunfo es inteligente, pero no implica que la absolutísima de la derecha en Andalucía –un hecho sin precedentes– no esté entreverada con cierta maiestas romana. El “hombre de moda” (autodefinición) se adjudica el mérito de rasgar un “nuevo ciclo” en el país, ganar “la derrota del populismo” y hacer retornar el sistema político a un “bipartidismo con políticas fiables”. No es escasa amplificación para venir de una etapa caracterizada por el pánico al peligro y el gatopardismo, antaño de introducirse en una era marcada por la incertidumbre económica y, quizás, cierto fracción de agitación social, aunque sin lograr a caer en el fatalismo reaccionario.

La hoja (política) de ruta de Quemado investigación, de esta forma, consolidar la nueva almohadilla social del PP, que es más amplia y transversal que nunca y análoga a la hegemonía (aunque en este caso todavía se encuentre en construcción) que en su momento tuvo el PSOE en el Sur de España. Su futuro ministerio será enjuiciado en función de cómo solucione las bajas de sus principales notables (Elías Bendodo y Juan Colérico), ahora instalados en la Génova de Feijóo.

Reunión del Consejo de Gobierno andaluz tras las elecciones del 19J

Reunión del Consejo de Gobierno andaluz tras las elecciones del 19J

Unión de Andalucía

San Telmo ha optado por el pensamiento positivo como método de trabajo, pero a nadie se le escapa que aprovechará para incorporar a su ministerio a dirigentes de Cs –entre otras cosas para dar sepultura definitiva a sus antiguos socios– e irá graduando una examen, que mudará en una confrontación abierta durante el próximo año, contra las políticas de la Moncloa. La táctica, por supuesto, está diseñada en esencia institucional, pero tiene actitud partidario: contribuir al desgaste de la coalición PSOE-UP y, en particular, de Pedro Sánchez.

El principal argumento va a ser crematístico. San Telmo reactivará sus reivindicaciones sobre la escasa financiación autonómica, una batalla donde los frentes no responden a criterios estrictamente partidarios, pero que resulta muy relevante a diez meses escasos para unos comicios municipales y regionales en otras autonomías. El quebranto social derivado de la inflación y la subida de precios ya es objeto de escaramuzas. Quemado viene haciendo desde el adelanto electoral, y mucho más durante la campaña, un discurso que responsabiliza en monopolio a Madrid del encarecimiento de la energía, los alimentos y la deuda pública.

El presidente de la Unión tiene dos caminos. Puede revolver la bandera del creciente malestar con la Moncloa o acometer desde Andalucía políticas paliativas en el ámbito fiscal, profesional y social. O ambas cosas. Para que esta táctica prospere es necesario combinar la retórica (reivindicativa) con decisiones económicas propias que no siempre son posibles sin alterar la estructura heredada de los socialistas. Sin un cambio (verdadero), el ganancia de acto va a ser prohibido, poliedro que la mayoría de los fortuna económicos de Andalucía se destinan a los gastos corrientes –no siempre asistenciales, sí en buena medida clientelares– de la autonomía.

Pedro Sánchez y Moreno Bonilla, tras un encuentro en la Moncloa

Pedro Sánchez y Quemado Bonilla, tras un audiencia en la Moncloa 

 

Por ejemplo: para poder compensar modestamente el incremento de las cotizaciones de los autónomos, que el Gobierno central quiere implantar a partir de 2023, hace yerro disponer de fondos propios. Y, sin reformas, la cintura de San Telmo es frágil, menos que confíe el éxito de esta organización a la exageración. Se verá con exactitud en función de las líneas maestras del nuevo presupuesto de la Unión, la causa oficial que justificó el adelanto electoral del 19J.

“Vienen tiempos complicados y no tenemos varitas mágicas”, ha dicho Quemado. Es un aviso a navegantes: “reanimar los servicios públicos, proteger a las familias, desmontar los impuestos, simplificar la burocracia, apoyar a empresas y autónomos, digitalizar la Delegación y hacer una revolución verde” es propaganda de argumentario sin cambios a fondo en el ámbito autonómico. El camino con menos obstáculos es la confrontación política, que parece haberse activado (sutilmente) esta semana con el pretexto de la valor de la SEPI de negarle un rescate notorio a Abengoa, una de las escasas multinacionales con origen andaluz (sevillano), sumida desde hace tiempo en una situación crítica por un exceso de deuda similar a la insolvencia. Más de 11.000 trabajadores están en la cuerda floja.

San Telmo censura que desde la Moncloa se nieguen ayudas públicas (249 millones de euros) para este asociación tecnológico y, en cambio, se concedan a otras sociedades mercantiles como Clesa. El Quirinale ha hecho una lección interesada de esta cuestión en función del ámbito político dominante: “Es un castigo porque el PP ha yeguada en Andalucía”.

Toda una verdad a medias: durante su primera lapso, Quemado nunca mostró entusiasmo ni voluntad de hacer lo mismo desde la Unión. En 2020 evitó inyectar fondos regionales en Abengoa. Es un indicio de por dónde van a transitar las relaciones entre San Telmo y Moncloa. El presidente de la Unión ha lamentado que Sánchez no le felicitase por su triunfo. Su ademán sigue siendo sosegada, pero el trasfondo de su pasada es obvio: el pensamiento positivo salta por la ventana en cuanto el interés partidario entra por la puerta. El 19J no es el final de nulo. Es el principio de otra nueva estampado de la pugna entre centro y periferia.

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