La privación (52,4%, récord histórico en la V República) fue la gran vencedora de la primera revés de las elecciones legislativas francesas celebradas el domingo. Una clara muestra de la molestia democrática de la población ropa y de un creciente desinterés ciudadano por la cosa pública. En el plano estrictamente político, los resultados han dejado delante la segunda revés un pulso polarizado entre el movimiento Ensemble (Juntos), que apoya al presidente Emmanuel Macron, y la coalición de izquierdas que lidera Jean-Luc Mélenchon.
El igualada técnico entre uno y otro bloques augura un proscenio incierto en la segunda ronda, el próximo domingo. Los candidatos de Macron han obtenido el 25,7% de los votos, frente al 25,6% de los de la izquierdista Nueva Unión Popular Ecologista y Social (Nupes). La repaso política de estos resultados es que el presidente ha recibido un serio porrazo y un severo contratiempo. Respecto de la primera revés del 2017, los macronistas han perdido siete puntos. Nunca un cabecilla del Estado recién seleccionado había sufrido, pocas semanas a posteriori, tal retroceso en las urnas.
Débil, el presidente no tiene garantizada la mayoría en la Asamblea francesa
Para ingresar en la segunda revés, Macron necesita aglutinar todo el voto de centro y de derecha, e incluso el de la izquierda si su candidato se enfrenta a otro de la extrema derecha. Con ese probable trasvase de votos, las proyecciones prevén que el domingo la alianza macronista puede obtener entre 255 y 295 escaños (la mayoría absoluta son 289), pero de momento de la primera revés Macron sale débil y, si se confirma su triunfo el día 19, su peña parlamentario será más corto que en la vigencia coetáneo y el presidente tendrá dificultades para sacar delante su software electoral, deberá pactar y dispondrá de un beocio ganancia de maniobra. Por eso esta será una semana de máxima movilización en búsqueda de votos.
Mélenchon puede considerarse el vencedor honesto de la primera revés. Nupes se ha quedado a solo 21.000 votos de la alianza macronista y se ha comprobado que presentarse con una coalición unida de las izquierdas y con un software radical tiene su electorado. Si se confirman las previsiones –le auguran entre 150 y 210 escaños–, difícilmente logrará Mélenchon su objetivo de ser primer ministro y forzar una cohabitación, pero sí dificultará legislativamente la memorándum de Macron, en específico la reforma de las pensiones, y se erigirá como líder de la concurso. Para el domingo, su objetivo es desafiar la privación y que el votante, sobre todo el zagal, acuda a elegir.
En tercer oficio ha quedado el Reagrupamiento Doméstico de Marine Le Pen. Se calcula que puede obtener entre 15 y 30 diputados (ahora tenía ocho), pero el sistema electoral juega en su contra. Sus resultados en la primera revés –18,6%– no han sido malos, pero sus posibilidades se ven muy reducidas al no poder sumar votos adicionales en la segunda revés. Peor le ha ido al nuevo partido Reconquista, fundado por el polemista de extrema derecha Éric Zemmour, que se ha pegado un batacazo y no obtendrá ningún diputado. La derecha tradicional gaullista, Los Republicanos, ha obtenido el 13,7% y previsiblemente gran parte de esos votos irán a Macron en la segunda revés.
Mélenchon ha puesto contra las cuerdas a Macron. El presidente no tiene garantizada la mayoría absoluta y ello complicaría la gobernabilidad de su segundo mandato. Por el contrario, aunque no gane el domingo, Mélenchon liderará la concurso y le pondrá todas las trabas posibles a Macron, en la Asamblea Doméstico y en la calle. Y todo ello en un país muy polarizado en el que los extremos –la izquierda radical y la ultraderecha– siguen ganando demarcación. Y en medio queda, solo y débil, el centrismo generoso europeísta que representa el presidente francés. Ocurra lo que ocurra el próximo día 19, el segundo quinquenio de Macron en el Elíseo no será carencia tratable.
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