Raúl Marroquín ‘El Sádico’, el militar que mataba homosexuales por puro odio: “Le hice un bien a la sociedad”

Un viernes más, la Zona Rosa de Ciudad de México, el ensanche LGTBI+ por excelencia de la renta, se disponía a conducirse una alborada de música y diversión. Sus locales estaban a redundar de clientela eminentemente mariquita y Ricardo acababa de mezclar con Carlos, un atractivo atezado. Varias copas luego, la pareja terminó en el habitación de Carlos, quien empezó a sonsacar información a su conquista sobre su posición económica y habitual.

En cuanto obtuvo lo que necesitaba, Carlos golpeó y maniató a Ricardo y allí comenzó una terrible tortura que se prolongó nueve días. El objetivo: pedir un rescate y liberar a su víctima, pero Raúl Marroquín, como en verdad se llamaba el atacante, decidió matar, ahogar y descuartizar a Ricardo. Este no fue el único crimen perpetrado por ‘El Sádico’, todavía conocido como el ‘Maligno del Arcoíris’, un marcial cuyo odio voluntarioso a los homosexuales le llevó a hacer “un acertadamente a la sociedad”.

De secuestrador a desfavorable

De la vida de Raúl Osiel Marroquín Reyes escasamente se conocen datos incólume que nació el 1 de septiembre de 1980 en la ciudad mexicana de Tampico, en el estado de Tamaulipas, y que en enero de 1999 se alistó en el ejército para estudiar Medicina. El mancebo logró ascender como mangonero del 15º Batallón de Infantería de Tampico, pero tras cuatro primaveras de servicio le expulsaron al ser condenado a 14 meses de prisión por robo con violencia.

Una vez en autodeterminación, en agosto de 2005, Raúl se mudó a Ciudad de México donde continuó su carrera criminal como chorizo. Sin secuestro, en pocas semanas sus robos se convirtieron en secuestros y, estos a su vez, en asesinatos. Según los psiquiatras que analizaron su caso, Raúl vio en los raptos una mera actividad lucrativa y en los homicidios la mejor forma de descargar su encarnizada inquina alrededor de el colectivo LGTBI+.

Raúl Marroquín, asesino en serie de homosexuales en México

Raúl Marroquín, desfavorable en serie de homosexuales en México

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El criminal tenía un impresionado modus operandi: invadir a hombres homosexuales en bares de la Zona Rosa de Ciudad de México, entablar conversación y, una vez ganada su confianza, “los invitaba a un hotel, ahí determinaba si contaban con capital económicos, si no los tenían eran liberados. Los que disponían de capital económicos eran llevados con engaños a su sección para someterlos, ultrajarlos y finalmente asesinarlos”, explicó Genaro García Reflejo, titular de la Agencia Federal de Investigación (AFI), en presencia de los medios de comunicación.

“Sus cautiverios duraban entre cinco y siete días en el sección que se usaba como casa de seguridad, donde adicionalmente los torturaba para luego ahorcarlos con una soga hasta privarlos de su vida”, confirmó García Reflejo.

Raúl Marroquín, una vez detenido

Raúl Marroquín, una vez detenido

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Eso sí, para tener éxito en el plan del secuestro, Raúl Marroquín tuvo la colaboración de un cómplice, Juan Enrique Madrid Manuel, que le ayudaba a contactar con la tribu de la víctima y se encargaba de cobrar el rescate. El montante total que obtuvieron por los seis secuestros y los cuatro asesinatos rondó los 120.000 pesos mexicanos, unos 5.700 euros. 

Una vez con el despojo en su poder, ‘El Sádico’, apodo que se ganó por sus suplicios aberrantes, asfixiaba lentamente a las víctimas con una bolsa de plástico o con una cuerda, luego las desmembraba y metía en maletas, que luego abandonaba en plena calle.

Motivación: la homofobia

Nominar a hombres homosexuales, según reconoció el propio desfavorable una vez capturado, era una cuestión de comodidad. Es aseverar, eran víctimas más fáciles de “atrapar” y “enganchar” porque eran ellas las que se le acercaban. “Me presentaba como Carlos. No los escogía, ellos solos se presentaban”, declaró el desfavorable. “Simplemente los preferí por no batallar en operaciones que implicaran armas y vehículos, pues solo fui a los lugares que frecuentaban y ellos solos me abordaban, se me hacía más viable tratar a esas víctimas”. Sin secuestro, Raúl mentía.

La utilización de bridas de plástico para sujetar las manos y pies de sus víctimas, adicionalmente de la colocación de un cinto sable en sus cuellos, indicaba que el móvil era la homofobia. Entre otras cosas, porque a algunas víctimas les arrancó la piel de la frente con una cortaplumas y hasta llegó a grabarles un símbolo satánico, como el pentagrama invertido.

Raúl Marroquín, en dependencias policiales y ante los focos de los medios

Raúl Marroquín, en dependencias policiales y en presencia de los focos de los medios

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Conforme a las investigaciones realizadas por la Procuraduría Caudillo de Honradez del Distrito Federal, los crímenes perpetrados en la Zona Rosa se catalogaron como crímenes de odio por homofobia. Así lo ratificaron los perfiladores de la policía cuando trazaron el perfil criminal del sospechoso: persona con características homoeróticas que, aun no siendo mariquita, tenía singular odio y inquina alrededor de los homosexuales, adicionalmente de errata de empatía, incumplimiento o remordimiento alguno. De ahí la considerable violencia empleada en cada crimen.

Cadáver de una de las víctimas de Raúl Marroquín

Fallecido de una de las víctimas de Raúl Marroquín

C_O

En este perfil, los expertos todavía identificaron en Raúl un trastorno de personalidad narcisista, que le hacía hallarse como una especie de serafín aniquilador, con un deficiente mejora psicosexual e inmadurez psicoafectiva. Por eso el marcial mantenía una relación de dependencia emocional con su compinche, pese a no proseguir contacto físico alguno con él.

La carrera criminal del ‘Maligno del Arcoíris’ fue corta, desde el 21 de octubre de 2005 y hasta el 22 de diciembre de 2005, pero a su pasó dejó cuatro cadáveres y dos supervivientes con graves secuelas psicológicas. El primero fue Juan Carlos Alfaro Alba, que tras una semana de cautiverio y vejaciones quedó en autodeterminación: su tribu consiguió avalar el rescate. No corrió la misma suerte Jonathan Razo Ayala, un estudiante de 20 primaveras, cuyo masacrado cuerpo fue desaseado cerca de una tiempo de medida.

A posteriori llegaron los asesinatos de Ricardo López Hernández, cautivo durante nueve días, y los de Armando Rivas Pérez y Víctor Encanto Iván Balderas, de 25 primaveras, raptados el mismo día a distintas horas y asesinados con siete días de diferencia por escasamente 800 euros. Y, por postrero, el éxtasis de José Ricardo Galindo Valdés, al que ‘El Sádico’ liberó tras amenazarlo de homicidio.

La detención de Raúl Marroquín en la portada de un periódico mexicano

La detención de Raúl Marroquín en la portada de un diario mexicano

Archivo

El 30 de noviembre de 2005, la desaparición de Ricardo López Hernández, un trabajador de una dependencia de televisión mexicana, puso en el disparadero a la policía, que empezó a investigar. El hallazgo de su restos violentado, descuartizado y metido en una maleta días más tarde llevó a las autoridades a vincular este crimen con uno precursor, el del estudiante Jonathan Razo Ayala. Un peligroso desfavorable andaba suelto en Ciudad de México. Sin secuestro, tuvieron que vencer dos jóvenes más para que la policía lograse capturar al responsable de tales atrocidades.

Raúl Marroquín 'El Sádico', detenido

Raúl Marroquín 'El Sádico', detenido

Efe

La detención de Raúl Marroquín se produjo el 23 de enero de 2006 y, durante la misma, los agentes le incautaron tarjetas bancarias y documentos de identidad de las víctimas, que conservaba a modo de trofeos, y un teléfono móvil propiedad de una de ellas. Durante su explicación en comisaría, el ‘Maligno del Arcoíris’ se jactó de sus acciones con un:

“Hasta le hice un acertadamente a la sociedad, pues esa clan hace que se malee la infancia. Una de mis víctimas era portador del VIH, y de cierta forma, evité la propagación del virus. Me deshice de homosexuales que, de alguna forma, afectan a la sociedad. Digo, se sube uno al Patrón y se van besuqueando, voy por la calle y me chiflan, me hablan”.

Sin remordimientos

Ya durante el razón, ‘El Sádico’ siguió dando muestras de su errata de empatía y rectificación, adicionalmente de alardear de sus motivaciones narcisistas: “De tener la oportunidad, lo volvería a hacer, solo que sería más cuidadoso para no ser atrapado y no cometer los mismos errores”.

“Nunca he pensado en las víctimas y sus familias. No había odio contra ellos por ser homosexuales, no había traumas, tuve una infancia regular, nunca me violaron ni me golpearon”, confesó sin atención alguno, pese a la presencia en la sala de los familiares de sus víctimas. El 4 de septiembre de 2008, el tribunal condenó a Raúl Marroquín a 280 primaveras de prisión por cuatro asesinatos, aunque se sospecha que pudieran ser más.

Raúl Marroquín mira con desprecio a los medios congregados tras su detención

Raúl Marroquín mira con desprecio a los medios congregados tras su detención

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En cuanto a su cómplice, Juan Enrique Madrid Manuel en la vida fue arrestado ya que huyó tras la detención y custodia policial y legislativo del marcial. Desde entonces, Madrid Manuel se encuentra en la directorio de los fugitivos más buscados por la Procuraduría Caudillo de Honradez del Distrito Federal de México.

Por su parte, ‘El Sádico’ permanece en la Penitenciaría del Distrito Federal, en la colonia Santa Martha Acatitla, de donde presumiblemente no saldrá nunca. Allí, su única preocupación constante es el sufrimiento causado por sus acciones a su propia tribu. Nadie más. Porque como dejó acertadamente claro el psicópata en presencia de los medios: “No me arrepiento de lo que hice”.

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