Un futuro sin vivienda

"Multitud sin casa y casa sin parentela”, canta Sílvia Pérez Cruz en su canción No hay tanto pan , que tiene ya seis abriles, pero es hoy más válido que nunca. Nuestras ciudades están llenas de pisos vacíos y asimismo de parentela que no tiene comunicación a una casa. Durante los últimos abriles, ha crecido la concienciación del solemne problema de la vivienda, pero se ha mantenido la combinación de tres fundamentos: una Establecimiento que acento mucho y hace poco, un precio desorbitado de los alquileres y un número más creciente de parentela sin bienes. No es de apartar que este cóctel haya cedido área a la ocupación ilegal de pisos. Las cifras son elocuentes: el número de denuncias por ocupaciones ha pasado de 10.619 en el 2017 a 17.274 en el 2021.

07012022 blocs de nova construcció que ja tenen alguns pisos ocupats amb ocupes i aquests ocupes conviuen amb els veins que han pagat un Preu molt alt pels seus pisos. està a Sant Pere de Ribes

Vigilancia policial frente a un reunión de viviendas de nueva construcción ocupadas en Sant Pere de Ribes

Xavi Jurio

La gran cantidad de viviendas vacías en manos de entida­des
financieras, fondos de inversión o la Sareb ha animado asimismo a la creación de un submundo de mafias que han montado un trampa en paralelo para explotar a los más necesitados. El miedo a la ocu­pación ha hecho que prácticamente no se vea en ningún edificio el tradicional anuncio de tierra en cesión o en inquilinato. Hasta oenegés que son gestores de vivienda social, como la fundación Habitat3, han pasado como algunos de sus pisos eran ocupados.

En este contexto hay que averiguar soluciones de forma urgente. La primera es dar salida a todos estos pisos que hoy están vacíos u ocupados de forma ilegal. Sectores inmobiliarios proponen aplicar un sistema como en Irlanda, donde el Estado paga un inquilinato a un precio más bajo que el de mercado a sus actuales propietarios –fondos y bancos– y a posteriori lo cede a las administraciones locales para que lo gestionen a la parentela más necesitada a través de los servicios sociales.

Hay, por el contrario, quien defiende que el Estado ya salvó la banca en el 2018 y ahora debería buscarse una salida menos onerosa para las arcas públicas pero permitir que las viviendas fueran accesibles para los ciudadanos con menos bienes. Mientras se discute la chiquillada, lo que sucede es que la construcción de vivienda protegida va muy lenta y la demanda es cada vez veterano. Mucha parentela ya ha asumido que nunca podrá comprarse una casa, pero al menos habría que intentar asegurarle que tendrá una de inquilinato a un precio asumible.

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