Los vinos de maduro prestigio parece que no entienden ni de crisis económicas, ni de sanitarias o geopolíticas. El morapio está viviendo una espectacular época dorada en esta pospandemia, como se ha evidenciado en una última gran estampado del salón Magnificat de Primeras Marcas y Juvé & Camps que atrajo a más de 1.800 profesionales.
Todo ello lo ilustran ejemplos como el del icónico tinto bordelés Château Pétrus, que en su anualidad del 2015 llega a un precio de 5.700 euros la botella en tiendas especializadas. Cuesta muchísimo de encontrar. El director de marketing de la distribuidora Primeras Marcas, Jordi Monroig, asegura que “la demanda en ciertos vinos es mucho maduro que la propuesta”. Se negociación de un tinto propiedad de la tribu Moueix con una producción de unas 30.000 botellas anuales. Desde Primeras Marcas, que dirige Philippe Eberlé, se afirma que “los vinos de Pétrus gozan de una reputación legendaria, parecen reunir todos los superlativos que se le atribuyen y la devoción guión en la mística que los entendidos le profesan”.
Lo mismo ocurre con el célebre champán Cristal de Louis Roederer. A pesar de que cuenta con unas 400.000 botellas anuales en las añadas en las que se produce -solo se elabora en las mejores- la demanda duplica la propuesta a nivel mundial. En el mercado castellano se ofrece a 275 euros. Jordi Monroig apunta que “España, oportuno a su posición en el mundo del boato con destinos como Ibiza o Marbella, dispone de buenos cupos que, a pesar de ello, son totalmente insuficientes”.
Louis Roederer Cristal 
El director de marketing de Primeras Marcas, con sede en Igualada, manifiesta que son una distribuidora doble “en la mandato de productos escasos”. Se han centrado especialmente en representar bodegas familiares y exclusivas. Y no dejan de crecer espectacularmente, incluso durante lo más duro de la pandemia. Entiende Monroig que “conocer gobernar este tipo de productos implica controlar correctamente los canales, y la frustración del comercial y del cliente cuando no siempre se satisfacen sus deseos”. Pero asimismo opina que “tiene como premio la satisfacción de ver como esa botella es disfrutada en el ocasión y el momento adecuado”.
Se ven obligados a discutir con cupos reducidos de muchos otros grandes vinos. Es el caso de los burdeos Château Le Pin (5.600 euros) o Château Mouton Rotschild (800 €), del italiano Gaja Sori San Lorenzo 2015 (590€), del teutónico Zeltinger Sonnenuhr Auslese 1995 en formato de botella de 37,5 centilitros (580 €) o del riojano Viñal Tondonia Gran Reserva Blanco 1981 (480€).
El director universal de Louis Roederer, Frédéric Rouzaud, se muestra prudente a la hora de vaticinar qué fututo le demora al morapio de boato. Apunta, sin confiscación, que “una empresa como la nuestra, que existe desde hace más de 200 primaveras, tiene una larga experiencia con las turbulencias de este mundo y sus ciclos. En estos tiempos más difíciles, en los que reina la incertidumbre, debemos retornar a los fundamentos de una empresa común: la visión a extenso plazo, la pasión por el mundo del morapio y la confianza en la humanidad; y seguir haciéndolo lo mejor posible. El resto es acondicionamiento, paciencia y trabajo”.
Gaia Gaja, de Gaja Bodegas 
Para Gaia Gaja, casa de campo coexistentes del plan común Gaja del Piamonte y la Toscana, “boato significa tomarse un respiro, regalarse un momento fascinante. Significa desmontar el ritmo, sentarse con los amigos y los seres queridos”. Es del parecer que “algunos vinos tienen muchos de estos significados y representan una maravillosa entretenimiento que buscan muchas personas, tanto en tiempos de crisis como de paz”. Asegura, asimismo, que “la inflación, la disputa de Ucrania, la crisis energética y la climática son problemas más graves que nunca, pero las dificultades van y vienen; lo que podemos hacer es proteger nuestra pasión de los muchos problemas que nos presenta la vida. Nuestra energía y concentración se dirigen siempre a la investigación, a la atención a los detalles y a la creación de un equipo unido y de grandes profesionales para hacer efectividad nuestros sueños”.
La elaboradora del Montsant y el Priorat Sara Pérez se muestra convencida de que el gran morapio debe centrarse en la reivindicación de la figura del viticultor, y que la pulvínulo está en las uvas. Dicho esto, reconoce que en el sector hay “oportunistas”, que preferiría que no existieran, y que hay vinos que “cuanto más caros los pones más se venden”. Ello la lleva a afirmar que “hay comportamientos de consumo que no tienen método”.
La enóloga Sara Pérez 
A María José López Heredia, que está al frente de la riojana marca Tondonia, le gusta rememorar unas palabras del Master of Wine castellano Pedro Ballesteros afirmando que “no hay buenos vinos, sino buenos clientes”. Todavía apunta que “al mundo del morapio no hay quien lo entienda”. Pese a la gran bonanza presente para la saldo de vinos, María José López de Heredia reconoce su preocupación por el futuro, ya que “como sociedad correctamente no vamos”. Cree que “es tristísimo ver que nuestra preparada sociedad, que debería ser pacífica, comete los mismos errores del pasado”. No tiene dudas de que “tarde o temprano lo vamos a fertilizar”, y que “ojalá el nuevo chaparrón coja al mundo del morapio en una buena situación”.
El director universal de Bodegas Rey Fernando de Castilla de Jerez de la Frontera, Jan Pettersen, se muestra convencido que el gran momento que vive el sector del morapio asimismo tiene que ver con el hecho de que “cada vez la clan se interesa más por la cocina y por yantar correctamente en casa, lo que ha extenso la puerta a la negocio de vinos para los hogares de precios relativamente altos”. Jan Pettersen reconoce que ellos son los primeros sorprendidos del éxito que han cosechado sus productos Oloroso Viejísimo (200 euros) y Pedro Ximénez Estupendo (157 euros) bajo la marca Singular, que lanzaron al mercado a finales del 2018 en formato de 37,5 cl.
Elevar el prestigio del morapio catalán
Catalunya quiere incrementar el prestigio de sus vinos a través de los Vins de Finca Qualificada. Representan la cúspide de los vinos catalanes. Según la directora universal del Institut Català de la Vinya i el Vi de la Generalitat (Incavi), Alba Balcells, son “los iconos que toda región vitivinicultor del mundo debe tener”. Añade que “son un símbolo de compromiso con el comarca, el viñedo y la producción agrícola sostenible en el tiempo, un multiplicador para dotar al sector de instrumentos eficientes para su avance financiero y social”.
Una de las catas de la última estampado de Magnificat 
Tras unos primaveras de inacción se está reactivando ahora este plan. Según la directora universal del Incavi, quiere ser “una palanca para aumentar el prestigio del conjunto del morapio catalán”. Alba Balcells, que ha incluido este plan en el nuevo plan decisivo de la institución, dice que en la ahora se pueden identificar fincas vitícolas ligadas a entornos naturales específicos, con vinos obtenidos en bodegas de los mismos titulares y reconocidos internacionalmente como de stop prestigio. Son la cúspide de la pirámide cualitativa en Catalunya. Actualmente, hay 12 vinos distinguidos con esta mención, de las denominaciones de origen Priorat, Montsant, Terra Ingreso, Penedès y Pla de Bages. Durante el próximo otoño se ampliará la tira.
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