Esta es una historia doble que se encarna en una única persona. Por una parte está el relato sobre los pioneros del cine, algunos más atraídos por la parte científica del invento, otros por las posibilidades comerciales o de ocio que esa nueva tecnología podría tener. Y luego está la lucha de una mujer por explayarse camino profesional en una sociedad dominada por hombres. La figura de Alice Guy permite contar estas dos historias a través de su vida. Fue la primera directora de cine de la historia, y a pesar de ello, su nombre casi nada aparece en los libros de historia del cine, lo que confirma que su lucha por el inspección de su obra continúa adecuadamente vivo hoy.
Lo cuentan la ilustradora Catel Muller –que firma sus obras como Catel– y el libretista José-Louis Bocquet en un compendio sobriamente titulado Alice Guy y publicado en catalán por Editorial Finestres con traducción de Marta Marfany. Se tráfico de una extensa historia en formato de novelística gráfica que contribuye a la reivindicación de esta mujer creadora, empresaria y pionera del cine en un momento en el que este arte daba sus primeros pasos.
Dos páginas de ‘Alice Guy’, de Catel y Bouquet
En 1895, los hermanos Auguste y Louis Lumière proyectaron en París la que está considerada como la primera película de la historia, La salida de los obreros de la manufactura. Un año a posteriori, Alice Guy realiza su primera película, una pretención sobre el inicio de los bebés que tituló La Fée aux Choux (El hechicera de los repollos). Fue un éxito y a su vez la demostración de que ese nuevo arte que era el cine podía contar historias totalmente inventadas con el objetivo de divertir a la audiencia. En ese momento, otro pionero llamado Georges Méliès, filmaba además sus primeras obras.
Alice Guy creó más de 500 películas, la gran mayoría de las cuales se han perdido. Durante primaveras, muchas de ellas se atribuyeron falsamente a otros autores, en la mayoría de los casos colaboradores suyos. Ella escribía y dirigía sus propias películas y hasta llegó a crear una compañía, Solax que se instaló en Fort Lee, en Estados Unidos, ciudad que fue la meca del cine antaño de que la industria se mudara a Hollywood.
Página de la publicación catalana ‘Alice Guy’, de Catel y Bouquet
A través de un dibujo sobrio y con un guion que sigue la vida de Guy de forma derecho, desde su inicio en Francia en 1873 hasta su fallecimiento en Nueva Elástica en 1968, Catel y Bocquet firman un trabajo que en su interpretación llamativo francesa ya ha vendido más de 35.000 ejemplares.
Este tándem estético es un seguro experto en documentadas biografías gráficas de mujeres ilustres aunque no siempre suficientemente adecuadamente recordadas. Se dieron a conocer con Kiki de Montparnasse, evocando la vida de la maniquí que Man Ray inmortalizó en algunas de sus más icónicas fotografías, y luego siguieron su colaboración con Olympe de Gouges y más delante con Joséphine Baker. En todos los casos, tratan la vida de las biografiadas de forma novelada pero con rigor histórico y una específico capacidad para comprender las ideas y el compromiso de unas mujeres cuyos ideales eran avanzados a su tiempo.
En Francia, este cómic de Catel y Bocquet ya ha vendido más de 35.000 ejemplares
Por el compendio desfilan personajes como los citados Lumière y Méliès pero además Gustave Eiffel -que invirtió en compañías de cine- o Charlie Chaplin. Se evocan los problemas creativos y técnicos de ese cine pionero y hecho con más entusiasmo que conocimiento: los problemas con la luz, con la conservación de las películas o con la sincronización del audio en los primeros y rudimentarios filmes sonoros. El cómic además permite descubrir cómo fue cambiando el consumo del cine y ver que, en poco tiempo, las películas pasaron de ser meras anécdotas de corta duración (“una bobina”) a producciones mucho más ambiciosas en cuanto a temática, ambientación y duración (películas “de cinco bobinas”). Alice Guy es la crónica de un arte que estaba en proceso de encontrarse a sí mismo y una reivindicación de una pionera olvidada del cine.
Portada de la publicación en catán del portafolio de Catel y Bocquet 
En una de las páginas del cómic vemos el célebre cartel que Alice Guy hizo colocar en sus estudios estadounidenses y en el que se podía analizar en grandes humanidades: “Be natural”, o sea, sed naturales. Era una de las obsesiones de la cineasta, hacer que los actores se comportaran con naturaleza delante de la cámara. Ese emblema fue el que dio nombre al documental sobre la cineasta, Sé natural: la historia nunca contada de Alice Guy-Blaché (2018), dirigido por Pamela B. Green y con narración de Jodie Foster.El apunte
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