El agitado curso escolar 2021-2022 acaba con un anuncio institucional que cumple sus expectativas de notoriedad. Seguro que han gastado alguno de los tres vídeos que anuncian el avance del próximo curso al 5 de setiembre. Mi preferido es el de pueril, con unos niños que salen a arriesgar al patio a cámara lenta. Los otros dos son más estáticos (un achuchón en primaria y miraditas en la ESO), pero comparten lado sonora, un fragmento de la ofrenda de difuntos de Mozart que describe el razón final. Esta sufragio del Dies irae ha sido muy comentada. ¿Pretende ser irónica? ¿Es deliberada o ignorante? No resulta difícil imaginar a un publicista dando la orden de apañarse una música épica, y siquiera parece temerario inferir que entre sus referentes inspiradores figure el Nessum dorma con el que Pep Guardiola motivó a sus jugadores en Roma antiguamente de la final de la Champions. Vincerò, vincerò! La cuestión es que el “día en que el mundo quedará pequeño a cenizas” del Dies irae ya forma parte del curso 2022-2023 y que muchos melómanos hace días que van por el mundo airados.
‘The graduate’ hubiera sido una lado sonora escolar mucho más adecuada que ‘Dies irae’
A mí asimismo me parece una sufragio errónea. Creo que la lado sonora para este final de curso debería ser la de la película The graduate (1967), y concretamente la canción que Simon & Garfunkel dedicaron a Mrs. Robinson. Nota para posboomers: la señora Robinson es la presunta mujer madura que encarna Anne Bancroft (en ingenuidad la actriz tenía 36 abriles, aunque la caracterizaron) que se alianza al tierno enamorado de su hija, el investido Dustin Hoffman (figura que de 21 abriles, pero en ingenuidad ya tenía 30). The graduate hubiera sido una lado sonora escolar mucho más adecuada que Dies irae porque, de un tiempo a esta parte, a la plaga de los festivales de final de curso se añade la peste birrética de las fiestas de cargo. No las de escalón universitario, justificables, ni las de final de secundaria, entre quienes cursan la selectividad, sino a cada tramo. He gastado o tenido mensaje de fiestas de cargo de ESO, de segundo ciclo de primaria, de primer ciclo y, la terminación, fiestas de cargo de preescolar, con una pléyade de energumencillos de cinco abriles embirretados entre gritos motivacionales de familiares que les mentían descaradamente con un ya-eres-mayor que antiguamente tendrían que autoaplicarse. Debe de ser por influencia norteamericana, pero como leve en Estados Unidos les llaman culmination parties, y no fiestas de cargo.
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