La prostitución y el PIB

La estadística puede calar a ser muy polémica, y si no, que se lo pregunten a Juan Rodríguez Poo, el defenestrado director del INE, a causa de que los datos que ofrecía no eran del júbilo de Sánchez. Quizás ahora realizará otro cambio necesario: excluir la prostitución del cálculo de nuestro PIB, al que aporta un 0,35%, unos 4.100 millones de euros del 2018.

En esta Europa, que poco tiene que ver con los propósitos de los padres fundadores, se ha de crecer como sea, y nulo mejor para conseguirlo que añadir el tráfico de drogas y la prostitución como aportes al producto interior bruto. Lo estableció el Sistema Estadístico Europeo en el 2013, y España se apuntó rápidamente al mandato; más comedida fue Francia, que ha incorporado el tráfico de drogas en el 2018, pero no la prostitución.

Quieren prohibir la prostitución y aceptan que es una “transacción comercial suelto”

La contradicción es escandalosa: quieren prohibir la prostitución y, al mismo tiempo, el Gobierno, el PSOE y su feminismo aceptan oficialmente que se tráfico de una “transacción comercial suelto”, porque esta es la razón estadística de su incorporación. Es una de las muchas hipocresías del sistema, como lo es la de la reivindicación de la “memoria histórica”, al mismo tiempo que se mantiene, impasible el ademán, la ley franquista de 1968 de Secretos Oficiales. Son signos propios de regímenes descuajeringados formalmente liberales.

No deja de ser vistoso que el feminismo contrario a la prostitución nunca haya necesario al gobierno de turno la eliminación de aquella medida del PIB. Claro que las instituciones sindicales y empresariales asumen, en conformado silencio, que la droga nos enriquece y por partida doble: el consumición en perseguirla y el valía estimado de sus transacciones. Cuantas más prostitutas, proxenetas, drogadictos y traficantes, más ricos somos como país.

Son manifestaciones rotundas de la incongruencia honrado de la civilización y la política dominantes, que culmina en las manadas y las rutas nocturnas seguras para las mujeres que establece la policía, lo que significa que más allá de ellas puede reinar la ley de la selva. ¡Qué error, qué inmenso y destructivo error! No se puede convertir el sexo sin cauces, límites y responsabilidades en nuestro hiperbién y la razón fundamental del acto humano, y creer que la sociedad no será devastada por esa fuerza del deseo.

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