Las frases de Gandhi sobre el pacifismo ante los nazis

Lo que Mahatma Gandhi (1869-1948) dijo mientras Hitler asolaba Europa es poco que muchos no acaban de comprender. Sobre todo, porque es uno de los pocos personajes que genera consenso en casi todos.

Los vegetarianos, los hippies y los pacifistas tienen motivos para alabarle. Incluso los cristianos, pues en su negativa a atacar a quienes lo oprimían cuesta no ver una relación con aquel “poner la otra mejilla” que aparece en el Evangelio. Él lo resumió con la célebre cita “ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”, que es incluso una sublevación delante la ley del talión, puntual como hizo Redentor.

Ahora correctamente, hubo quien pensó que de ahí a quedarse de brazos cruzados mientras los alemanes arrasaban el mundo había un trecho.

En objetivo, Gandhi se negó explícitamente a apoyar a Gran Bretaña, todavía metrópolis de una India colonial, durante la Segunda Lucha Mundial. Aunque ahí había causas políticas. Lo que para muchos fue inexplicable es que incluso recomendara a los judíos entregarse al sacrificio sin encarar resistor. ¿Por qué lo hizo? En 1949, el periodista y escritor George Orwell escribió algunas reflexiones al respecto.

Nacido en la India británica y autor de 1984, uno de los mayores libros sobre los totalitarismos, Orwell no formaba parte de la cohorte de seguidores de Gandhi, personaje que en un principio no le resultó demasiado sugerente. Su vegetarianismo le pareció una frivolidad, y su ética política, más correctamente “medieval”, llegó a sostener. Difícilmente calificable como conservador o izquierdista, Gandhi era más que falta un defensor de la ética religiosa de corte hinduista. De hecho, cuesta comprender su política sin su religiosidad.

George Orwell, foto tomada por Vernon Richards en 1945

George Orwell, foto tomada por Vernon Richards en 1945

Terceros

Por otra parte, Orwell se acercó a su figura con la sospecha de que podía estar delante un vanidoso, un personaje autocomplacido con su imagen pública de hombre benévolo. De ahí que tomara tantas precauciones con él, porque no quería dejarse padecer por el pensamiento mayoritario. Como correctamente resumió el periodista: “Los santos siempre deberían ser considerados culpables hasta que se demuestre su inocencia”.

Y es que las manifestaciones de Gandhi tras el inicio de la Segunda Lucha Mundial fueron, cuando menos, sorprendentes. En primer circunstancia, por negarse a apoyar la exterminio del Reino Unido contra la Alemania carca. Aunque en esto no estaba solo, pues todos los miembros del Congreso indio dimitieron en masa cuando el Imperio declaró la exterminio al Tercer Reich. Estos, porque les ofendió que no se les consultara. Gandhi, porque dijo no poder apoyar la lucha por la liberación democrática de un imperio que se la negaba a sus dominios.

Como posición táctica, esto extremo puede resultar comprensible. Lo que alarmó fue su opinión con respecto a la invasión alemana de las islas británicas, poco que en 1940 parecía necesario. En pocas palabras, Gandhi recomendó a los británicos no disparar una sola bala y dejarse conquistar. Solo esto, a muchos les pareció una perversión –casi suicida– del pacifismo. Por otra parte, ¿qué hay de los judíos? 

Siguiendo esa misma fila, si debían sucumbir a manos de los alemanes, que lo hicieran confiados en la promesa abrahámica de una vida eterna. Eso, dijo el líder indio, serviría para que el mundo, y sobre todo los alemanes, abrieran los fanales delante la barbarie del régimen carca.

No debe hallarse en estas declaraciones el más intrascendente matiz antisemita, porque no existe. Aunque esté de más recordarlo, Gandhi condenó explícitamente el nazismo. Sin confiscación, para muchos esa forma de heroísmo era injustificable, o simplemente no era heroísmo. Pese a lo pacifista que fuese uno, ¿no era una inmoralidad retractarse de la defensa de la propia vida?

Eso pensaba Orwell. Sin confiscación, se negó a condenar a Gandhi. Al fin y al lado, decía, fue de los pocos pacifistas que se atrevieron a objetar directamente y sin subterfugios a esa pregunta, que entre ellos era la del millón.

Más aún, Orwell creyó que Gandhi desconocía la verdadera naturaleza del totalitarismo. Se había enfrentado a un imperio que, a pesar de la violencia, siempre le trató con un intrascendente de caballerosidad. Un régimen, adicionalmente, que le permitía hacer publicidad de sus ideas políticas, privilegios que de ningún modo hubiera tenido en un sistema totalitario como el carca.

Esta responsabilidad de Orwell no deja de ser eso mismo, una suposición. Lo que sí sabemos es que, incluso posteriormente de que se hicieran públicas las escalofriantes cifras del Holocausto, Gandhi siguió manteniendo su postura. Que “delante el viejo crimen de nuestro tiempo”, los judíos “se habrían tenido que ofrecer al cuchillo del carnicero”.

Vertical

Mahatma Gandhi acento con los virreyes de la India, lord Mountbatten y su esposa, en el huerta del Palacio del Virrey en 1947

Otros

Estas eran las opiniones de un pacifista militante, o, tal vez, las de cierto que desconocía los métodos de Hitler. El primero de los supuestos plantea a muchos una duda íntegro: ¿se puede interceder en todos los contextos por un pacifismo hasta las últimas consecuencias? ¿Lo que sirvió contra el Imperio anglosajón habría sido útil contra la Alemania carca?

Veamos algunas de las cosas que dijo Gandhi.

“Si fuera un agarrado nacido en Alemania y me ganara la vida allí, reclamaría a Alemania como mi hogar tanto como el más stop pagano germánico, y le retaría a dispararme o a arrojarme a una mazmorra; rechazaría ser expulsado o someterme a un tratamiento discriminatorio. Y para hacer esto no esperaría a que los otros judíos me acompañaran en mi resistor pasiva, sino que tendría confianza en que el resto habrían de seguir mi ejemplo”.

2

“No hay camino para la paz, la paz es el camino”.

3

“El odio y la intolerancia son los enemigos del correcto entendimiento”.

4

“Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede surtir con violencia”.

5

“Para una persona no violenta, todo el mundo es su grupo”.

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“Hitler mató a cinco millones de judíos. Es el viejo crimen de nuestro tiempo. Pero los judíos deberían haberse ofrecido al cuchillo del carnicero. Deberían haberse arrojado al mar desde los acantilados... Habría despertado al mundo y al pueblo de Alemania... Tal como están, sucumbieron de todos modos por millones”.

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“Dejen las armas, por cuanto estas no van a servir para salvarles a ustedes ni a la humanidad. Deben invitar a Hitler y Mussolini a que tomen todo lo que quieran de sus países. Si ellos quieren habitar sus casas, váyanse de ellas. Si no les permiten salir, sacrifíquense a ellos, pero siempre rehúsen rendirles obediencia”.

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“La violencia calculada de Hitler puede resultar en una exterminamiento genérico de los judíos en respuesta a esta información de hostilidades. Pero si la mente fréjol pudiera estar preparada para el sufrimiento voluntario, incluso la exterminamiento que he imaginado podría convertirse en un día de hecho de gracias y de alegría de que Jehová ha acogido a la raza, incluso a través de las manos de un tirano. Para el temeroso de Jehová, la homicidio no conlleva terror”.

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“Hay dos tipos de poderes, uno es el obtenido por el miedo al castigo, y el otro por actos de bienquerencia. El poder basado en el bienquerencia es más efectivo y permanente que el miedo al castigo”.

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“La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia”.

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