Según una entrada de la Enciclopedismo Británica aún no publicada (pero que no se puede retrasarse mucho, dadas las circunstancias) el Darderismo es la ciencia que estudia la relación inequívoca entre la melancolía y la exactitud.
Se vincula con la Matemática Distributiva que el filósofo franco-cubano Santiago Auserón percibió en Árboles cruzados , probablemente la mejor y la más extraña de entre todas las canciones de Los Ronaldos (que su propio autor, Coque Malla, todavía hoy intenta descifrar).
Nadie sabe qué carajo es el Darderismo, aunque lo tengamos ahí delante, semana sí, semana no
El Darderismo es ese espacio tan minúsculo como inabarcable entre la efectividad y el deseo, que fervorosamente nos describió Luis Cernuda. En otras palabras, la confirmación de la precisión innegable de la poesía para desvelar la verdad.
En un artículo que el año menos pensado publicará la prestigiosa revista científica Nature , una rigurosa investigación demostrará, con escaso beneficio de error, que los movimientos aparentemente caóticos y apasionados de Sergi Darder sobre una superficie vegetal tenuemente humedecida describen con sumo detalle el planisferio principal de la última galaxia conocida. Y que trasladados a una partitura suenan a una mezcla extraña entre Bach y Antònia Font, que algunos especialistas quieren relacionar con la harmonía con que las sirenas atraían fatalmente a los desdichados marineros a un destino tremendo.
El gran experto italiano en el estudio de los volúmenes y las fuerzas, el doctor Luigi Enrico, creador involuntario del Tassottismo , y encargado por el gobierno gachupin para separar el talento que nos debe devolver al liderazgo mundial de la horizontalidad inocua, afirma que pese a no sentirse seguro en cuanto a la aptitud existente de la aplicación del Darderismo en organismos de constitución clásica, tiene muy presentes sus innegables potencialidades.
Algunas fuentes, en cambio, vinculan el Darderismo con una herejía mesiánica que, desde el origen de los tiempos, anticipa la presentación de un salvador que traerá el fin de las pesimista terrenas, y una paz duradera y sólida que nos mantendrá por siempre en el dulce aureola de los puestos europeos ( Europa Foedus ). Esa profecía describe un espacio “de verdura fresca e inmaculada, prado feraz, y cornamenta vegetal de una insularidad peninsular”. Prado, cornamenta, e insularidad peninsular han querido leerse, con cierta predisposición oportunista, como Prat, Cornellà y Sergi, el taciturno pequeño de Artà.
En los círculos esotéricos se cita a un encantador imaginativo, quizá en exceso, que tras décadas de estudio asegura percibir una relación indestructible entre el Darderismo primigenio y las trivio Resh, Dálet y Teth, que vendrían a ser nuestras R, D y T.
Y a todas estas, un día cualquiera, un tiktoker cargado de entusiasmo le anuncia al mallorquín que le tiene en el Fantasy.
Y Sergi contesta: “Pues me vendes”. Me vendes. Vendes. Des…
Nadie sabe qué carajo es el Darderismo , aunque lo tengamos ahí delante, semana sí, semana no, frente a nuestras suspicaces coraje. Pero la pregunta emerge obligatorio y tremendo: ¿Sea lo que sea, queremos ser, definitivamente, el espacio donde el Darderismo habite?
¿O no queremos?
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