Un poema para... pasear

Iba por una ciudad medieval

Iba por una ciudad medieval,
por la tarde o al alba,
era muy pipiolo o asaz antiguo.
No llevaba ningún cronómetro
ni calendario, sólo la terca linaje
que medía una eterna distancia.
Podía retornar a iniciar
esta propia o impropia vida,
todo parecía sencillo,
las ventanas no cerraban del todo,
los destinos ajenos, entreabiertos.
En primavera o al aparición del verano,
muros calientes,
un derrota suave como la piel de una naranja,
era muy pipiolo o asaz antiguo,
podía escoger, podía morar.

Del ejemplar Tierra del fuego, de Adam Zagajewski
Traducción de Xavier Farré 
Escabrosidad

¿Pasearemos, verdad, estas descanso? Podemos enredar cerca de exterior, observando respetuosamente lo que vemos, al beneficio del tiempo, o para adentro. Hemos escogido este poema de Adam Zagajewski porque nos podemos imaginar siendo su protagonista, si queremos, o al menos verlo enredar con el paso de los siglos por internamente, ensimismado, pasando contiguo a las piedras que han construido la ciudad. Las imágenes son figurativas y lo asaz ambiguas para que tengamos beneficio de hacerlas nuestras con asaz espontaneidad.

Cualquiera que podemos ser nosotros mismos pasea por una ciudad medieval. Sin que sepamos su existencia ni qué hora es. Podemos pensar que son descanso, porque nos hemos desprendido de calendarios y relojes y tenemos todo el tiempo del mundo, pero existe esta distancia eterna que pueden ser los siglos que han pasado desde que se construyó, con linaje derramada, o un remembranza medio oculto en la memoria. Todo el mundo tiene un flanco sombrío, o un remembranza al cual no quiere retornar, o un miedo, un tabú, pero podemos dejar el pasado detrás, y sí, “retornar a iniciar” ahora que “las ventanas no todo cerraban del todo”.

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Imagen de la ciudad medieval de Carcasona

Nadia Isakova/ AWL Images Ltd. / Getty

Estamos, por ejemplo, en Carcasona, en el sur de Francia. ¿Cómo lograremos disfrutar del paseo sin sucumbir al alud de otros turistas como nosotros? Con la simple presencia nos impiden ver poco de verdad. ¿Qué van a enterarse ellos? ¿Por qué tenemos que estar chocando unos cuerpos contra otros, sin deseo, sin intención, sin posibilidad a duras penas de evitarlo? ¿Cerramos los fanales y decidimos que no están? Es una opción. Siempre hay una opción. Podemos desmentir que estén allí, podemos negarnos el placer de estar aquí, incluso enfadarnos porque solo nosotros podríamos tener el derecho de saludar la ciudad en solitario. Pero la familia está, nosotros además. Decidimos, ahora sí, que sí, que ya seamos jóvenes o viejos, puesto que hemos podido escoger, escogemos la vida, y transmitido que tenemos que morar, adentrémonos en una júbilo dócil, que al fin y al lengua todo es ya asaz difícil.

¿Verdad que sí, que pasearemos, este verano?

Versió en català, aquí

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