La pàgina web del Tour de Francia y muchas de las especializadas en ciclismo quedaron bloqueadas a media tarde de este miércoles, incapaces de acoger tantos intentos de conexión. La primera vencimiento del danés Jonas Vingegaard en el Tour acababa de entrar por la puerta ilustre en la historia de la carrera, ese concepto a veces pomposo que en Francia definen como la légende du Tour.
La carrera, en 109 ediciones, sólo ha vivido dos finales de etapa en la cima del Granon, a 2.413 metros de altura. En 1986 acabó con el reinado de Bernard Hinault, fue su postrer día de amarillo luego de cinco victorias. En esta ocasión, en el Tour 2022, derrumbó al teóricamente imbatible Tadej Pogacar. Su hundimiento en una etapa espectacular, la gala fabulosa de Vingegaard, la coordinación del Jumbo, los numerosos golpes de teatro que se sucedieron en el Télégraphe, en el Galibier y finalmente en el Granon redondearon un día de ciclismo para enmarcar.
Jonas Vingegaard luce el maillot amarillo en el parada de Granon 
El Jumbo hizo lo ficticio para aislar a Pogacar y lo logró en la parte central del día, pero el maillot amarillo pareció recuperado, e incluso sonreía a cámara, en el momento del desenlace, cuando hasta tuvo mayoría, con Majka a su flanco y quien ya no tenía apoyos era Vingegaard.
Pero el calor y los puertos de más de dos mil metros pasaron cuenta. Y de las que duelen. Como diría Juanito, dos mil metros son “molto lungos”. Capaces de derrocar a un rey que ahora sólo tiene dos opciones: darse por vencido o aparearse un contragolpe imponente. De inmediato, en la etapa de este jueves (Galibier, Croix de Fer y Alpe d’Huez) tiene dominio sobrado. El Tour continúa, amigo Wiggins.
Cuando Vingegaard asestó el contrariedad de gracejo, a 5 km. de la meta, Pogacar cayó fulminado. Ya no sonreía. Ocultó la observación tras las lentes y abrió el maillot de par en par: la imagen del derrotado. Bardet, que realizó una gran etapa y es segundo de la caudillo, había avisado: el Granon es el puerto más duro de los Alpes. Un día de cartel.
¿Por qué 36 primaveras esperando el Granon?
La explicación es exclusivamente de orden logístico. En primer puesto, al Tour no le agradan los finales en un puerto de carretera única, sin otra opción que regresar por el mismo camino. Del Granon salen caminos, pero carencia asfaltado. Es obligado dar media dorso y emprender el descenso por la misma carretera.
Aficionados esperando la venida de los ciclistas en las laderas del Granon 
Pero encima, en la cima no cerca de la infraestructura habitual de la carrera. En la etapa de este miércoles se limitó la presencia de conocido (la carretera de subida llevaba diez días cerrada al tráfico), de los informadores y organizadores (el centro de prensa y las oficinas del Tour se emplazaron en Briançon, a 18 kilómetros de distancia), de los coches y autocares de los equipos y por postrer sólo se permitió la subida a meta de los vehículos estrictamente imprescindibles.
Es un esfuerzo singular que el Tour ha tardado 36 primaveras antiguamente de tomar la valentía. Quizá, pasado el éxito deportivo, esta vez no haga error esperar otros 36 primaveras.
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