Ascenso al ‘Top of Europe’, el lugar más alto del continente al que se puede llegar en tren

En el centro de Suiza se encuentra la región de Jungfrau, que se extiende desde la ciudad de Interlaken, un encantador pueblo vacacional de 7.000 almas situado en medio de dos lagos de color esmeralda, Brienz y Thun, y los Alpes berneses. Aproximadamente se eleva con destino a el Gloria la famosa tríada formada por los montes Eiger, Mönch y Jungfrau, respectivamente el Basilisco, el Cenobita y la Impenetrable.

De los tres picos, el más conocido es el Eiger, cuya triunfo se debe principalmente a su terrible cara boreal. Con un desnivel de más de 1800 metros y perpetuamente oculta a los rayos del sol, representó durante abriles un desafío casi inalcanzable, y muchas veces fatídico, para los escaladores de todo el mundo. Mirando con destino a el Basilisco desde el cercano pueblo de Grindelwald, o desde la etapa de tren de Kleine Scheidegg, exactamente a sus pies, la impresión es la de un superhombre umbroso que, sin requisa, ejerce el encanto sugestivo de la danza de Salomé.

La ruta alpinista del Grauseeli es una de las más famosas de la zona. Empieza en Mürren y llega hasta el mirador Allmendhubel

La ruta montañero del Grauseeli es una de las más famosas de la zona. Empieza en Mürren y llega hasta el mirador Allmendhubel

Schilthornbahn

Esta ataque de contrastes entre una despiadada dureza y la más sublime acuerdo es lo que convierte a esta parte de los Alpes en uno de los destinos más populares para aventureros, deportistas y simples víctimas del síndrome de Stendhal provocado por un paisaje tan espectacular de convertirse en la primera región alpina proclamada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

Aquí igualmente se encuentra el Aletsch, el nevero más abundante de los Alpes, majestuoso pero frágil, bajo la amenaza del cambio climático. La relación con la naturaleza en estos valles es íntima y frecuente, de modo que, por un flanco, los lugareños se alegran de disfrutar de un poco de sol sin tener que alucinar a las costas mediterráneas, pero, por otro, sufren por la salubridad de su superhombre de hielo.

El nevero Aletsch

Los lugareños se alegran de disfrutar de un poco de sol sin tener que alucinar a las costas mediterráneas, pero, por otro, sufren por la salubridad de su superhombre de hielo.

Esta ambivalencia se refleja igualmente en la forma en que los suizos supieron hacerse con estos espacios tan impermeables sin estropearlos, y que hoy son el un triunfo de la accesibilidad. Aquí se encuentran, de hecho, más de 260 kilómetros de pistas de esquí y 500 kilómetros de rutas de senderismo, practicables incluso en invierno con raquetas de cocaína o trineos, así como una infinidad de teleféricos, funiculares y telesillas. Pero, sobre todo, aquí se incremento el ‘Top of Europe’, renombrado en todo el mundo como Jungfraujoch.

El Jungfraujoch (el techo de Europa) no es el punto más alto del continente pero sí la parada ferroviaria más elevada

El Jungfraujoch (el techo de Europa) no es el punto más detención del continente pero sí la parada ferroviaria más elevada

Jungfrau Region

El visitante más avispado sabe que los 3.571 metros del Jungfraujoch no son verdaderamente la cúspide del continente, siendo superados, al menos, por el Monte Blanco y el Elbrus en el Cáucaso. Sin requisa, el marketing hace maravillas y es un hecho que los vagones rojos del Jungfraubahn desde 1912 llevan a los excursionistas hasta el punto más detención de Europa al que se puede arribar en tren. Y eso es suficiente.

Los trenes en Suiza son un asociado fiel, ya que son eficientes y el medio de transporte más respetuoso con el medio ámbito. Igualmente son la única forma de alcanzar algunos de los destinos más sorprendentes del país, con la cara pegada a la ventanilla para disfrutar de paisajes memorables, formados por pequeños pueblos enclavados en las laderas de montañas verticales, valles escarpados, vacas pastando, bosques, lagos y arroyos cristalinos.

Con el buen tiempo apetece sacar la cara por fuera de la ventanilla para llenarse del impresionante paisaje alpino

Con el buen tiempo apetece sacar la cara por fuera de la ventanilla para empacharse del impresionante paisaje escarpado

Jungfrau Railways

Y es gracias al tren si hoy cualquiera con buena salubridad puede arribar fácilmente al (supuesto) techo de Europa. Eso sí, el alucinación se compone de algunas etapas. Para los que lleguen en avión, el primer destino probablemente sea Zúrich. Desde aquí, hay que ir a Berna (rodeando de una hora) y luego a Interlaken en unos cincuenta minutos. Si se duerme en la 'ciudad entre los lagos', a 567 metros sobre el nivel del mar, la elevación a la cumbre del Jungfraujoch, con un desnivel de 2.887 metros, pasando por el pueblo de Grindelwald, es de unos 39 kilómetros en poco más de dos horas.

Si la subida al Top of Europe hoy es tan sencilla se lo debemos a un suizo llamado Adolf Guyer-Zeller. A finales del siglo XIX, este emprendedor quimérico tuvo la idea de excavar un túnel entre las montañas Eiger y Mönch y construir un tren cremallera que llegara a la cima del Jungfrau. Para hacer existencia su sueño, muchos trabajadores perdieron la vida antiguamente de la inauguración, que tuvo empleo el 1 de agosto de 1912.

A partir de entonces, desde la etapa de Kleine Scheidegg, el tren trepa todo el año por el escarpado túnel con destino a el Jungfraujoch, salvando un desnivel de casi 1.400 metros con pendientes de hasta 25° y un trayecto de unos 9 kilómetros, de los cuales 7 en recinto, en unos 45 minutos. Adentro del túnel hay dos paradas que ofrecen vistas espectaculares desde la cara boreal del Eiger.

El Eiger Express lo componen 44 ultramodernas cabinas, de 26 asientos con calefacción y wifi que también permiten llegar a la cumbre

El Eiger Express lo componen 44 ultramodernas cabinas, de 26 asientos con calefacción y wifi que igualmente permiten arribar a la cumbre

Jungfrau Region

Igualmente hay una forma más rápida de subir: el Eiger Express. Inaugurada en 2020, esta infraestructura compuesta por 44 ultramodernas cabinas de 26 asientos con calefacción y WiFi, permite trasladarse de Interlaken al Jungfraujoch en una hora y media. De hecho, el teleférico de tres cables más innovador del mundo conecta la terminal de Grindelwald con el Eiger en tan solo 15 minutos, rebajando al reducido el impacto medioambiental.

Una vez en la cima, se entra en un maravilloso mundo de inscripción montaña hecho de hielo, cocaína y rocas, que es posible contemplar desde los miradores Sphinx y Plateau. El viajero se encuentra con la compañía de los principios y de unos siniestros cuervos negros, que suben hasta aquí para buscarse la vida. El frío se vuelve más intenso y el melodía más escaso, mientras que la aspecto puede esfumarse más allá del hielo del Aletsch, hasta vislumbrar la Selva Negra.

A 30 metros por debajo del glaciar, se abren las galerías del Palacio de Hielo con esculturas y donde la temperatura es de -3°C

A 30 metros por debajo del nevero, se abren las galerías del Palacio de Hielo con esculturas y donde la temperatura es de -3°C

Jungfrau Region

Igualmente se puede pisar el hielo perenne en el que está plantada una bandera suiza, para cuya fotografía los numerosos turistas asiáticos hacen trasero diligentemente. A estas staff, el blanco es mucho más blanco y la luz es cegadora. A 30 metros por debajo del nevero, se abren las galerías del Palacio de Hielo. Estos pasillos, poblados por esculturas de hielo y donde la temperatura es de -3°, fueron construidos en la decenio de 1930 por guías de montaña con picos y sierras.

En el Jungfraujoch igualmente hay varios restaurantes para ahogarse en una tradicional fondue o incluso probar la cocina india en homenaje a las afinidades electivas entre los pueblos alpinos e himalayos. Tras tocar el Gloria con el dedo, hay que retornar a la tierra, donde abundan las actividades diseñadas para satisfacer a todo tipo de viajero. Más allá de esquí y senderismo, se puede revistar la chocolatería más inscripción del mundo o rejuvenecer en el Snow Fun, un parque de atracciones donde sobrevolar el valle a aspecto de pájaro a más de 85 km/h, desmontar a toda velocidad con unos karts de montaña o lanzarse en parapente.

Para subir a las cimas hay teleféricos, funiculares y telesillas. Para bajar también hay tirolinas infernales como esta

Para subir a las cimas hay teleféricos, funiculares y telesillas. Para desmontar igualmente hay tirolinas infernales como esta

Jungfrau Region

Los viajes de ida y reverso en tren desde Zúrich, Berna e Interlaken entran en el Swiss Travel Pass, que no es saldo (232 euros por 3 días), pero definitivamente vale la pena si no se viaja con medios propios. El documento permite viajes ilimitados en toda la red de trenes, barcos y autobuses adentro del Swiss Travel System, mientras que los niños menores de 6 abriles no pagan. Por otra parte, igualmente ofrece un 50% de descuento en la mayoría de los trenes de montaña.

En concreto, para la subida de Interlaken al Jungfraujoch, ya sea con cremallera o teleférico, el Swiss Travel Pass da derecho a una reducción del 25% sobre un coste individual proporcionado elevado (rodeando de 170 euros). Por otro flanco, Suiza es famosa por la eficiencia y la belleza de sus paisajes, no por los precios bajos.

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