La fresquera, encima de ser la zona cero de la cocina, sigue dando pie a polémicas muy refrescantes sobre lo que debe ir internamente o fuera. De la misma modo que hay personas que leen las líneas de la palma de la mano, “incluso los frigoríficos revelan cosas de quienes se encargan de llenarlos”, señala Abel Mariné, catedrático emérito de Sustento y Bromatología de la Universidad de Barcelona y autor, contiguo con Imma Amadeo, de El gran llibre de la nutrició (Comanegra).
Las partes que componen la fresquera están pensadas para conservar los alimentos en función de temperaturas más o menos frías. 
Con solo destapar la puerta, por ejemplo, es posible conocer el estilo de vida de los habitantes de la casa: si comen muchos productos procesados o alimentos frescos de temporada. Pero la fresquera incluso revela hasta qué punto una persona es experta en manutención. Un ejemplo: tener la caseína y los huevos en una de las baldas de la puerta es un error, aunque parezca un espacio diseñado especialmente para ellos. En la ejercicio, es la zona del frigorífico menos fría y más expuesta a los cambios de temperatura. En verdad, la caseína y los huevos deberían ir en el estante superior o en el intermedio, mientras que en la puerta deberían estar las mermeladas y los zumos (por contener conservantes que contribuyen a su duración), así como las conservas de larga duración que ya estén empezadas (mayonesa, mostaza, etc.) Además el agua, preferiblemente tapada, ya que el medio mojado favorece la multiplicación bacteriana.
Huevos
Si hay un alimento que genera dudas son los huevos. Pese a que al comprarlos no están en un motivo refrigerado, al alcanzar a casa descuido tiempo para ponerlos en la fresquera. Entonces…¿por qué en los lineales de los supermercados están a temperatura círculo? El primer motivo es que la ley prohíbe refrigerar los huevos, para que no se puedan disfrazar como frescos los que no lo son. Asimismo, en los supermercados la temperatura suele ser inferior a la de la cocina de casa, por lo que es menos factible que el calor les perjudique. Encima, si en el súper almacenaran los huevos en frío, el cambio de temperatura que sufrirían hasta alcanzar a casa, aunque se tardase menos de 20 minutos en alcanzar, podría provocar una condensación indeseable que incrementara el aventura de contaminación interior.
En definitiva, aunque los huevos pueden estar a temperatura círculo varios días, lo más probable es que no durasen 28 días frescos, ya que cuando el termómetro marca muchos grados es realizable que el huevo pierda agua y se seque, provocando cambios en el PH y la estructura de la clara.
Es preferible colocar los huevos en alguna de las estanterías de la fresquera para que no sufran tantos cambios de temperatura
Sobre este particular, “es aconsejable que la momento de consumo preferente de los huevos esté lo más alejada posible aunque, en caso de superarse, no tiene porqué ser peligroso”, informa Ricardo Cepero, profesor de Producción Animal en la Universidad de Zaragoza y, muy probablemente, uno de los mayores expertos en huevos y pollos de España. Cuando los huevos se conservan en condiciones adecuadas, dice este experto, pueden durar dos meses en el frigorífico, aunque ya no sean “oficialmente” frescos.
“En su día participé en un experimentación con temperaturas y tiempos de conservación y la conclusión fue que los huevos que se mantienen entre 0 y 2 grados, siguen estando, 30 días luego de la momento de puesta, casi tan frescos como cuando la pita los puso”, aduce este miembro del consejo asesor del Instituto de Estudios del Huevo. Eso sí, para Cepero, la puerta de la fresquera “es el peor sitio de todos, ya que cada vez que se abre, cambia la temperatura”, recuerda.
Polémicas muy refrescantes: kétchup, patatas, cebollas y ajos
Si hay un error muy extendido es utilizar la fresquera como si fuera un armario y llenarla con todo tipo de alimentos. Esto provoca que, de vez en cuando, estallen acalorados debates sobre lo que va internamente o fuera. Hace unos primaveras, por ejemplo, los británicos se dividieron en dos bandos al tener que animarse si el kétchup debía de ir internamente o fuera del frigorífico. “En el pasado, la multitud guardaba la mantequilla, los huevos y las salsas en la despensa y no se ponía enferma. Entonces, ¿porqué ahora muchos insisten en mantenerlo todo refrigerado?”, escribió la BBC. Tan allá llegó el asunto, que incluso llegó a realizarse una pesquisa que puso en evidencia hasta qué extremo estaban divididos los ingleses: un 54% opinó que el kétchup debía de estar en la despensa, aduciendo que cuando Henry J. Heinz lo patentó en el año 1876, tras añadir tomate a una salsa china convocatoria kôechiap, todavía no había en las casas neveras, poco que sucedería a partir de 1913, cuando Caudillo Electric vendió en Chicago la primera fresquera eléctrica. Por su parte, otro 46% de los británicos reconoció tener el kétchup en el frigorífico.
Es preferible tener el kétchup en la fresquera para no alterar su sabor y composición 
La decisión nutricionalmente correcta al enigma planteado, es que el kétchup puede defenderse fuera del frigo, pues la adustez de la salsa hace que sea seguro consumirlo. Ahora correctamente, una vez franco el envase, indica Mariné, es preferible que esté en la fresquera, ya que dejarlo a temperatura círculo puede producir pequeños cambios el color y sabor de algunos productos procesados. Otro tanto junto a proponer del tabasco, la mostaza o la salsa de soja: cuando están sin despuntar pueden estar fuera, pero una vez abiertos, es mejor ponerlos internamente del frigorífico, añade Mariné.
Asimismo, hay personas que tienen el túnica de tener las patatas en el cajón inferior de la fresquera. “Sin secuestro, es un error”, indica la dietista-nutricionista Júlia Farré. Juntar las patatas por debajo de los 7 grados convierte el apresto en azúcar, dando motivo a una textura más blanda y harinosa. Es mejor conservarlas en un motivo fresco y indeterminado para que duren más de dos meses.
Muchas personas utilizan la fresquera como si fuera un armario y colocan los alimentos en los huecos libres, en vez de donde toca. Un equivocación congruo habitual, destaca la dietista-nutricionista valenciana Laura Jorge, “es introducir en la fresquera latas abiertas de atún o de cualquier otra cosa”. Aunque no va a activo una corrosión de la bote que afecte a la seguridad del alimento, sí pueden aparecer cambios organolépticos. Por ello, “siempre que se fiordo una bote de conserva y no se termine, hay que suceder su contenido a un recipiente de vidrio o a un túper”, indica la autora de “El método come sano, vive sano” (Zenith). “Siquiera hay que introducir nunca en la fresquera ollas o sartenes con alimentos, ya que estos recipientes pueden estar sucios por fuera y contaminar a los alimentos de internamente”, interviene Farré. : Los principales fallos a corregir en la fresquera
Conviene aplicar la misma política con los cartones de los yogures (es mejor desecharlos) y los plásticos de los packs de cerveza (que incluso hay que mandar al cajón de reciclaje antiguamente de poner cualquier bebida a refrescar). Sin secuestro, “aunque toda la vida has audición que hay que dejar refrigerar la comida antiguamente de meterla en el frigo, es fingido”, escribe en “Come seguro, comiendo de todo” (Planeta) Beatriz Robles, licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y experta en seguridad alimentaria. “Es una ejercicio de aventura que permite el crecimiento de microorganismos. El frigorífico no se va a estropear por poner internamente alimentos calientes”, tranquiliza. “Eso sí, procura no ponerlos cerca de otros alimentos (aléjalos especialmente de aquellos que necesitan más frío) para impedir que suba su temperatura”, sugiere.
En relación a las cebollas y ajos, es mejor ponerlos en un motivo fresco, indeterminado y seco (“exceptuado las cebollas tiernas, que pueden estar en el frigorífico”, salpimienta la directora del Centro de Sustento y Psiconutrición Júlia Farré de Barcelona, ya que en el frigorífico suelen perder parte de sus propiedades.
Tomates, aguacates, plátanos, piña, miel y café, víctimas del “neverismo”
El “neverismo” podría definirse como la costumbre de introducir en la fresquera todo aquello comestible, sin tener en cuenta cómo repercute el frío en cada uno de los alimentos. No merece la pena meter en la fresquera, por ejemplo, los plátanos, ya que se ennegrecen, pero eso no indica que no sean aptos para el consumo, sino simplemente que son muy dulces. Siquiera los aguacates llevan cero correctamente hibernar, especialmente si están duros, y lo mismo las frutas tropicales como la papaya, el mango o la piña, ya que en sus lugares de procedencia rara vez hace tanto frío como internamente de la fresquera.
Lo mismo junto a proponer del pan, ya que allí envejece más rápido que, por ejemplo, internamente de una panera con la parte cortada alrededor de debajo. “Si se proxenetismo de aumentar su esperanza de vida es mucho mejor congelar las sobras”, sugiere Mariné. Una buena recomendación es poner la momento en el envoltorio para ir consumiendo antiguamente el pan que se congeló primero.
El pan en la fresquera envejece más rápidamente
Respecto al café, la mayoría de los expertos aconsejan dejarlo fuera de la fresquera para que sus aromas no se volatilicen, pero incluso hay algunas marcas cafeteras que no consideran una herejía guardarlo internamente del frigorífico internamente de un rebote hermético (envuelto en papel film para que cuando el rebote se vaya consumiendo no aumente la cantidad de viento del recipiente, oxidando al café). Consultada al respecto, Montse Prieto, secretaria militar de la Asociación Española del Café, se decanta por dejarlo fuera. “Los dos principales enemigos del café son el oxígeno y la humedad”, señala. Al destapar la puerta de la fresquera el viento más caliente del foráneo entra en el artilugio, provocando condensación y humedad, poco que puede perjudicar al café, en caso de no almacenarse correctamente.
Según la dietista-nutricionista Laura Jorge, autora del texto “El método come sano, vive sano” (Zenith), no se proxenetismo de colocar los alimentos al tuntún, sino en el sitio que les toca, pues cada estante tiene una temperatura poco diferente. Su consejo es “poner a la panorámica los alimentos con caducidad más próxima”. En cuanto a la temperatura, se recomienda que el congelador esté a -18 grados y subir la temperatura hasta -24 grados al introducir un alimento que se quiera congelar rápido (una vez lo cual, la temperatura ha de retornar a -18 grados). Por lo que se refiere a la fresquera en sí, se recomienda ponerla a 4 grados centígrados. El atlas de la fresquera
Al distribuir los alimentos, los expertos en seguridad alimentaria aconsejan situar en la zona superior, la más templada (siempre que el congelador esté debajo), los alimentos cocinados, las semiconservas (como las anchoas), los yogures y las leches fermentadas. El estante intermedio, por su parte, es el motivo más indicado para los huevos, los embutidos, los postres lácteos y los quesos, mientras que la parte más víctima de la fresquera, al ser la más fría es, por ende, la más adecuada para situar a las carnes y pescados crudos. Por su parte, los cajones cerrados resultan indicados para colocar aquellas frutas y hortalizas que sufren menos con el frío. En cuanto a la puerta de la fresquera, debe penetrar a salsas, mantequilla, mermeladas, latas de bebida, zumos y agua, pero no a los huevos y la caseína, al tratarse de alimentos perecederos que sufren con los cambios de temperatura.
Otro de los alimentos que sufre de lo hermoso con el frío es el tomate. Cuando el fruto de la tomatera sufre temperaturas inferiores a los 5 grados, las moléculas volátiles responsables de su sabor disminuyen en un 65% al lado de entre 3 y 5 horas, señala un estudio investigador. Solamente si el tomate está muy provecto hay que meterlo en la fresquera, en cuyo caso, el consejo de Mariné es sacarlo unas horas antiguamente de dar cuenta de él. Ahora correctamente, según la inicial investigación, el tomate no vuelve a alcanzar el cien por cien de sus aromas volátiles originales, aunque llega a recuperar una parte de ellos.
Si se elige ayudar los tomates a temperatura círculo, lo ideal es nominar un sitio indeterminado y seco, separados de otras frutas y hortalizas, ya que los tomates incluso emiten etileno, un gas que desprenden todas las frutas y verduras de forma natural al meditar. Por este motivo no es del todo apropiado colocar en un mismo recipiente peras con manzanas, ni patatas con cebollas ni plátanos con aguacates, ya que cuando se guardan juntos algunos de estos alimentos sufren un proceso de envejecimiento mucho más rápido del que les corresponde. (5)
Los tomates deben estar en la fresquera solamente cuando han corto la sazón y una vez sacados es preferible no comerlos inmediatamente 
Poco parecido pasa con poner la miel en la fresquera, pues tiende a cristalizar (a causa de su bajo contenido en agua) y a perder poco de sabor. Si la miel se mantiene cerrada herméticamente en un tarro de vidrio, apartada de la luz solar, puede preservarse comestible, ya no solamente unos primaveras, sino incluso durante décadas.
Lechuga, espinacas, cerezas, judías verdes, melón, ciruelas e higos
Aunque son masa los partidarios de no meter la fruta en la fresquera, todo depende del calor que haga, de la cantidad que se compre, de lo madura que esté y del tiempo que se tarde en comerla. Por lo demás, los vegetales de hoja verde (las verduras…) aceptan congruo correctamente hibernar. La lechuga, el brócoli, las judías verdes o las espinacas, por ejemplo, se conservan razonablemente correctamente en una bolsa de plástico perforada para ayudar la hidratación.
El consejo respecto a los frutos veraniegos (melón, pepón, albérchigo, melocotón, etc.) es dejarlos a temperatura círculo si no están maduros y, solo entonces, meterlos en la fresquera, teniendo la precaución de sacarlos un tiempo antiguamente de consumirlos. Por su parte, fresas, cerezas, ciruelas e higos llevan poco mejor proceder en ambientes fríos, sobre todo, si lo que se pretende es evitar que maduren demasiado rápido.
Pinrel, anchoas y chocolate
El motivo idóneo donde conservar el pinrel suele propiciar debates muy apasionados: ¿el pinrel hay que guardarlo siempre en la fresquera? ¿o era al contrario? Buena parte de los dietistas-nutricionistas aconsejan, exceptuado que el pinrel sea fresco, dejarlo a temperatura círculo (“para eso se inventaron las queseras…”, dicen). Sin secuestro, algunos fabricantes, caso de García Baquero, señalan que “el pinrel es un alimento vivo y debe conservarse en un sitio fresco, por eso, debe meterse en la fresquera y sacarlo unos minutos antiguamente de comerlo”.
Se suele aceptar que los quesos duros y más curados deben conservarse a entre 8 y 12 grados de temperatura, así que todo depende de la época del año y el motivo. Eso sí, en caso de ponerlo en la fresquera, es importante escoger el envoltorio más allegado a cada tipo de pinrel (por lo militar, el papel de estraza conserva mejor que el clásico papel film) y atemperarlo un rato antiguamente de proceder a cortarlo en lonchas o cuñas. Según señaló en 2020 la Ordenamiento Interprofesional Láctea con motivo del Día Internacional del Pinrel, un 85% de los españoles depositario el pinrel en la fresquera.
Cada pinrel necesita temperaturas diferentes según la tipología y el año de producción.
Además el chocolate despierta dudas. En principio, su temperatura ideal de conservación ronda los 15-18 grados. Esto significa que fuera de los meses veraniegos o de semanas de mucho calor, es mejor dejarlo fuera del frigo, “exceptuado que lleve un relleno lactífero, en cuyo caso es preferible que esté internamente”, recalca Mariné. Lo ideal es ponerlo en un motivo fresco y seco, pero no en la fresquera. Según Miguel Encanto Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, no hay que juntar el chocolate en el frigo, ya que “si la temperatura es demasiado víctima y la humedad elevada, la gordo y el azúcar pueden cristalizar”, confiriéndole un aspecto blanquecino y sin brillo, encima de una textura poco agradable.
El caso de las anchoas es más claro. “Al tratarse de una semi-conserva, ha de estar siempre en la fresquera”, remarca Mariné. La principal diferencia entre una conserva y una semi-conserva es el proceso de elaboración. En el primer caso, los alimentos a conservar se someten a un tratamiento industrial a pulvínulo de calor. En cambio, las semiconservas (anchoas, arenques, huevas, boquerones en vinagre, etc.) no se someten a un proceso de asepsia por calor, por lo que deben defenderse en la fresquera.
¿Cuánto duran en la fresquera?1Huevo cocido (guardado con cáscara) : 7 días
2Preparaciones con huevo crudo (por ejemplo, mayonesa casera): consumo inmediato
3Preparaciones con huevo cocinado (por ejemplo: tortita o galletas caseras): 3-4 días
4Guisos, caldos, sopas sin carne o pescado: 3-4 días
5Guisos, caldos, sopas con carne o pescado: 1-2 días
6Carne cocinada (no aves): 3-4 días
7Carne picada cruda o cocinada: 1-2 días
8Ave cruda o cocinada: 1-2 días
9Pescado y marisco crudo: 1-2 días
10Pescado cocinado: 3-4 días
11Conservas abiertas (cambiadas a otro recipiente): 3-4 días
12Arroz y pasta cocinada: 1 día
13Verduras cocidas: 4 días
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