La consellera que abre vías a la igualdad tània verge

Como buena cazadora de orquídeas, Tània Verge (Reus, 1978) disfruta tanto de la naturaleza como de las excursiones. Por las montañas de Prades, pero incluso en el Pirineo, o en el delta del Llobregat, la consellera de Igualtat i Feminismes de la Generalitat se adentra en rebusca de nuevas especies de orquídeas silvestres, que simplemente observa y fotografía. No está permitido cogerlas y ni se le ocurre: “Yo no arranco ni una margarita”, se ríe. Pero Verge no es fitología, sino politóloga, catedrática de Ciencias Políticas de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) –ahora en excedencia–, y con la misma pasión que pone en las delicadas orquídeas aborda las políticas de igualdad y feminismo que deberán impregnar toda la obra del gobierno catalán.

El unidad que dirige, de nueva creación, tiene un presupuesto de 92 millones de euros, el doble de los bienes destinados a las políticas de igualdad hasta esta vigencia. La dietario del mandato, iniciado en mayo del 2021, prevé dos proyectos legislativos –una ley trans y otra contra el racismo– y una modificación de la ley de igualdad. Y entre los grandes objetivos, cita un par: el primero, en el ámbito de la violencia machista, establecer un maniquí de asalto de la violencia sexual, la que sufren con viejo frecuencia mujeres de todas las edades; el segundo, vigorizar la oficina de igualdad de trato y no discriminación, puesta en marcha este año, que prevé incluso actuaciones de oficio si es necesario, especialmente si es la dependencia quien discrimina.

Verge es una experta ‘cazadora’ de orquídeas silvestres, a las que dedica tanta pasión como a la política

A Verge se la puede ver de vez en cuando en Montjuïc, la alternativa urbana para sus caminatas. Barcelona es su ciudad de acogida, y donde estudió Ciencias Políticas, en la UPF. Luego hizo un máster de cooperación internacional en la Universidad Complutense de Madrid, y entre eso y el doctorado vivió allí seis abriles. En ese periodo hizo voluntariado en oenegés del ámbito de refugiados, una experiencia que le ha aceptable: su conselleria se encarga de la política de acogida y en los últimos meses ha tramitado la aparición a Catalunya de miles de refugiados de la erradicación de Ucrania.

Como parte de su formación académica, hizo una estancia posdoctorado en el Reino Unido. Su hilera de investigación se ha centrado en especie y política, las relaciones de poder en los partidos y las resistencias a la implementación de las políticas de igualdad. De regreso en Barcelona, empezó a dar clases en la universidad, pero su empleo principal era en el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), el víscera de la Generalitat que hace los sondeos demoscópicos –de intención de voto entre otros–, donde fue analista sénior del 2007 al 2010. Ese año, salió una plaza a tiempo completo en la UPF, la ganó y ahí seguía cuando Pere Aragonès la fichó en el 2021 para el Govern. Por el camino, ha colaborado como técnica en materia de igualdad con diferentes instituciones, entre ellas el Parlament y el Síndic de Greuges.

No milita en ningún partido, pero desde pupila recuerda en casa “ese discutir qué pasa en el mundo y comentar las informativo”, especialmente con su padre, que había militado desde muy inexperto en un partido de izquierdas. El independentismo no era la tradición política, pero como ocurrió en otras familias durante el procés se orientaron en esa dirección.

El feminismo, en cambio, ha sido un continuo cardinal. En la escuela, con 12 o 13 abriles, protagonizó su primera obra feminista en la dilema del delegado de clase, cuando montó “una conspiración con las otras chicas para sufragar todas a la misma”, explica. Salió elegida y al año sucesivo repitieron. Además montaron el primer equipo de balonmano afeminado.

Entre sus aficiones cita las manualidades, le gusta hacer pendientes de tela, y incluso pintar. Lee tanto humanidades como ensayos sobre feminismo y antirracismo, dos ámbitos de su interés. Y en cuestión de música, elige el rock y cantautores, y cita entre los preferidos al familia portugués Deolinda, a Paco Ibáñez y Lluís Llach.

En los abriles universitarios conoció a su pareja. No fue su primer novio, pero casi, se ríe. Llevan 23 abriles juntos y él es incluso profesor universitario. Comparten aficiones, por supuesto la de averiguar orquídeas. “Nos gusta caminar y hemos planeado muchas ocio cogiendo una casa rural y haciendo caminatas, mirando siempre a ver qué orquídeas puede acaecer en esa zona”, relata. La temporada de orquídeas es corta y acaba a finales de julio, ayer en un año caluroso como este. Tendrán que esperar a febrero.

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