Australia luchará contra el cambio climático tras diez años de inacción

“El calentamiento general es el viejo desafío de nuestros tiempos”, decía Zali Steggall, diputada por Warringah, cuando el pasado miércoles el Gobierno socialista presentó su propuesta de ley para someter las emisiones un 43% el año 2030 por debajo de los niveles del 2005.

Luego de diez abriles, de repulsa primero y de minimización a posteriori, Australia aprobará un texto para cumplir con el Acuerdo de París, que obligará al ministro de Cambio Climático, Chris Bowen, a rendir cuentas delante el Parlamento anualmente y con objetivos cada cinco abriles hasta la neutralidad en el 2050 que afectarán a todas las agencias estatales. Todo un cambio de rumbo para el tercer exportador mundial de combustibles fósiles.

En Canberra, Steggall, exmedallista olímpica que en el 2019 ganó el escaño al ex primer ministro dadivoso Tony Abbot, definió el cambio climático como un “ejecutor secreto” que la hizo entrar en política como independiente: “Hace más de 30 abriles que nos avisaron, pero hemos fracasado en encontrar la voluntad política para implementar soluciones”. Rebecca Colvin, profesora de Fortuna, Medio Esfera y Incremento en la Escuela Crawford de Política Pública, asegura que ahora “el debate sobre cómo nos enfrentamos al cambio climático virará del dominio simbólico a las cuestiones tangibles”.

Es todo un cambio de rumbo para el tercer exportador mundial de combustibles fósiles

Las encuestas reflejan que tres de cada cuatro australianos están preocupados por el cambio climático y que el 66% está a beneficio de no desobstruir nuevas minas, unos datos que modelaron los resultados de las elecciones de mayo: triunfo socialista, buenos resultados de verdes e independientes y hundimiento de los liberales, sobre todo en las zonas periurbanas, que cedieron el gobierno a posteriori de 10 abriles. Para Colvin, que ha trabajado en el Hunter Valley (NSW), donde “ves el logotipo de la minería por todas partes”, no hay diferencias entre la parentela de las ciudades y las regiones: “La parentela de estas zonas está preocupada por su futuro, pero no sabe en quién echarse en brazos, no siente que el gobierno o las agencias hagan poco para ayudarles”.

El texto del Ejecutante socialista llegará al Senado el mes que viene a posteriori de negociar el apoyo de los Verdes. “En este Parlamento el único obstáculo para ser más arribista en materia climática son los laboristas”, afirmaba Adam Bandt, líder de los ecologistas, que anunció su apoyo a la “débil” ley del gobierno, con el que seguirán negociando para que “no se abran más minas”. “Los Verdes buscan, y quizá lo consiguen, que el Gobierno federal retire el apoyo crematístico, las subvenciones o los acuerdos que allanan el dominio a estos proyectos”, apunta el reportero de capital de The Guardian Australia , Peter Hannam. Este es uno de los puntos secreto para Bandt, que delante los periodistas soltó que un solo esquema de las 114 nuevas minas proyectadas haría saltar por los aires el objetivo del 43%.

Solo en el 2021-22 el Gobierno federal y los estatales dedicaron 11.000 millones de dólares (7,5 mil millones de euros) en subsidios y excedencias fiscales para la industria fósil.

La crisis climática preocupa al 75% de los australianos, y el 66% está a beneficio de no desobstruir nuevas minas

Un ejemplo es la cuenca de Beetaloo, en el País del Ideal, donde las prospecciones para extraer gas con la técnica del fracking consiguieron 50 millones de dólares (34 millones de euros) del Gobierno Morrison en una reserva que se calcula que tiene gas suficiente para atestar durante 200 abriles todo el país. “[Los laboristas] ven que no ganan mínimo diciendo que pararan las minas, porque significaría la pérdida de votos en algunas zonas”, expone Hannam, “mientras tanto, bajo mano te aseguras que sea más difícil que puedan percibir financiación o que cumplan con la ley”. Como pasó el jueves en Queensland, donde Tanya Plibersek, ministra de Medio Esfera, bloqueó el esquema del multimillonario Clive Palmer para desobstruir una mina a diez quilómetros de la Gran Barrera de Coral.

No solo verdes e independientes votaron a beneficio. La diputada dadivoso por Bass (Tasmania) Bridget Archer cruzó la bancada y se sumó a la propuesta socialista asegurando que el cambio climático trasciende “las creencias políticas”. El LNP, que ha regalado los últimos tres primeros ministros, está ahora dominado por los miembros de Queensland, más escorados a la derecha. Su líder, Peter Dutton, cargaba contra el Gobierno con la propuesta de la energía nuclear, poco nuevo en Australia: “Les gusta la idea de la nuclear porque hay minería –señala Hannam–, pero todavía porque no pueden aceptar, y hablo todavía de los medios de Murdoch, que han estado equivocados durante mucho tiempo”.

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