Unas horas antaño del ataque había enviado un correo electrónico al PEN America, la institución que lucha por la atrevimiento de expresión de los escritores en todo el mundo, y de la que fue presidente, para preocuparse por la ayuda a los escritores ucranianos en pesquisa de un refugio seguro. Horas a posteriori Salman Rushdie (Bombay, 1947) yacía en un charco de mortandad tras ser apuñalado en un acto rebuscado en el estado de Nueva York. Detrás, más de tres décadas de turbulencias, una de ellas, de radicar escondido, de manifestaciones, de ataques a librerías, editores y traductores, incluidos asesinatos, desde que la publicación de su novelística Los versos satánicos en 1988 provocó la indignación de millones de musulmanes.
Apuñalan a Salman Rushdie en un acto rebuscado
Sería el inicio de una pesadilla para Rushdie que si primero supuso feroces manifestaciones como la de Islamabad a principios de febrero de 1989, que ocasionó seis muertos, tan pronto como dos días a posteriori, el 14 de febrero, le traería la gran condena, la fetua proclamada contra su vida por el ayatolá Jomeini, líder espiritual de Irán.
Una fetua que le supondría nueve abriles de vida secreta, mudándose de suelo en suelo, con protección policial de un gobierno sajón –país al que llegó a estudiar a los 14 abriles desde India y donde se licenció en Historia en Cambridge– que rompió relaciones con Irán por la condena. En los primeros meses tras la fetua, Rushdie y su entonces esposa, Marianne Wiggins, se mudaron 56 veces de domicilio, una vez cada tres días.
En los primeros meses tras la fetua, Rushdie y su esposa cambiaron 56 veces de domicilio, una vez cada tres días
Se abriría la impedimento para matarlo a él y a sus editores: “Somos de Alá y a Alá debemos retornar. Anuncio a todos los musulmanes valientes del mundo que el autor de Los versos satánicos , un texto escrito, editado y publicado contra el islam, el Profeta del islam y el Corán, adyacente a los editores conscientes de sus contenidos, son condenados a asesinato”, proclamó Jomeini.
Y a las grandes manifestaciones que pedían la asesinato del narrador indio –que desde el cambio de milenio vive en EE.UU.–, a la combustión pública de libros en ciudades inglesas como Bradford y a los ataques con bombas incendiarias a numerosas librerías anglosajonas, se les sumó un atentado fallido contra Rushdie en el que la artefacto le estalló al atacante mientras la preparaba y voló dos plantas de un hotel en Londres, y además muertes como la del traductor de Los versos satánicos al japonés, Hitoshi Igarashi, asesinado en 1991, mientras que el traductor al italiano, Ettore Capriolo, fue gravemente herido ese mismo año. El editor noruego William Nygaard fue tiroteado en 1993, año en el que Rushdie haría una sorprendente aparición en el concierto de U2 en Wembley.
Los libros anteriores de Rushdie ya habían provocado polémicas, y además sus declaraciones izquierdistas, que incluyeron ataques a EE.UU. por su diligencia en Nicaragua, que retrató en el tomo La sonrisa del jaguar . Ya en su segunda novelística, Hijos de la medianoche (1981), su veterano logro, que narra el paso de la India colonial a la independencia y la separación de Luminaria, enfadó a Indira Gandhi, y la subsiguiente, Vergüenza , era una poco disimulada historia sobre el poder político pakistaní.
El traductor de la novelística al japonés fue asesinado, y el que la vertió al italiano, gravemente herido
Pero fue Los versos satánicos lo que le cambió la vida. En él aborda con su habitual realismo mágico las vidas de dos emigrados indios a Reino Unido y además la de Mahoma. El título despertó ira: se refiere a una controversia sobre el profeta según la cual algunos versos del Corán no le fueron inspirados por Alá sino por el diablo, versos que permitían rezar a tres diosas paganas de La Meca. Para el mundo musulmán, es una invención herética y Rushdie atacaba al Corán. Solo en 1998, ya con el aperturista Jatami, Irán aseguró que no buscaría su asesinato, lo que supuso que volviera a la luz y dejara de esconderse como Joseph Anton –por Joseph Conrad y Antón Chéjov–. Pero tras la marcha de Jatami en el 2006 se afirmó que la fetua seguía actual.
Rushdie en su momento intentó apaciguar los ánimos e incluso realizó una manifiesto de fe islámica a finales de 1990. Fue inútil. Más tarde admitió que se equivocó al apaciguar a los fundamentalistas por representar “un tesina tiránico que intenta congelar en el tiempo cierta visión de la civilización islámica y silenciar las voces progresistas” y apuntó tras el 11-S que “muchos pueden opinar, en retrospectiva, que la fetua fue el prólogo y este es el suceso central”.
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