Aunque el arroz es el protagonista indiscutible del plato cuando se acento del Delta, en efectividad hay mucho más. Pato, anguila, mejillones de las muscleras de las bahía de El Fangar o de Els Alfaques, algas y la omnipresente salicornia, las sabrosas galeras, los humildes pescados de la galería de La Rábida… Una despensa que Joan Capilla maneja con esa sobriedad que da siempre estar pegado al paraje propio en L’Algadir del Delta, uno de los hoteles más conocidos de la zona y que desde hace unos abriles decidió convertir su ofrecimiento gastronómica en el mejor atractivo.
Poblenou del Delta es paraje de colonos. Creado en 1957 durante el franquismo, esta bonita asiento es ahora uno de los principales puntos turísticos del Delta del Ebro, con una circunscripción perfecta como campamento almohadilla para recorrer este paraje. Que está muy remotamente de Barcelona es el tópico del que están proporcionado hartos por aquí, aunque nos confirman que desde la pandemia es una zona que muchos han redescubierto.
Brioche de pato 
En 2007 abre sus puertas el hotel L’Algadir del Delta en unos terrenos de la clan de Joan Capilla. Una puesta -nos cuenta- fruto de dos decisiones. La primera, quedarse allí en circunstancia de irse, como muchos otros jóvenes. La segunda, quitarse de la comienzo el plan original de construir una casa de colonias para niños.
Hotel gastronómico
Un hotel agradable y conocido que en 2010 se convirtió en el primero de Catalunya en tener la Marbete Ecológica de la Unión Europea (EU Ecolabel). Desde 2017 figura adicionalmente en la cinta Bib Gourmand de Michelin que destaca aquellos lugares que ofrecen una buena cocina a precio cabal.
“Me levantaba a las cuatro de la mañana para ir a Barcelona a estudiar en la Hofmann, volvía y por la incertidumbre me metía en la cocina para preparar un menú en el que practicaba lo que había aprendido”, recuerda el chef. Era 2016. Otro giramiento de guion en su vida porque había estudiado Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, y después se diplomó en turismo para tomar las riendas del hotel.
Jurel marinado 
La cocina siempre ha sido un atractivo de la zona, así que Capilla apostó por convertir L’Algadir en un hotel gastronómico. Mientras sigue estudiando cocina se pone al frente de los fogones y poco luego llega la citada mención de Michelín.
Aunque la clásica fórmula de cocina tradicional puesta al día podría servir para describir el trabajo que se hace en L’Algadir, dejarlo así supondía no erigir la paisaje para entender dónde estamos y hasta qué punto el paisaje y sus productos son los que articulan esta cocina y le dan sentido.
Cangrejo celeste, arroz y pato
Los snacks servidos en una madera adyacente a una hoz y unas espigas de arroz son la bienvenida a esta cocina de paraje que, adicionalmente de la carta, juega con dos menús degustación a 70 y 45 euros respectivamente. Rica la chuleta de arroz y algas con verdel ahumada y mejillón en escabeche y muy fino y de sabor más suave de lo esperado el consomé marinero de la bahía.
Arroz con cangrejo celeste 
Los pescados humildes -esta verdel ahumada, que todavía se cuela en un fresco y veraniego ajoblanco de manzana, o el jurel marinado que conforma uno de los bocados más sabrosos del menú- siquiera son casuales. La cercana galería de La Rapita -ya no hay que sostener Sant Carles, nos recuerdan- es una de las más grandes del Mediterráneo en convexidad, pero trabajan con especies más humildes que sus compañeros del septentrión. Aquí
Siquiera desidia en el menú otro ciudadano del Delta. Invasor, agresivo, pero, por suerte, interesante, el cangrejo celeste ha consolidado una categoría propia en el los arroces que se cocinan en la zona. En L’Algadir lo sirven caldoso y con arroz de variedad carnaroli.
Tartar de calamar
Un detalle que se indica en la carta adyacente a cada plato de arroz que se ofrece: media docena entre secos y caldosos y elaborados con esta variedad o con explosivo. De mordida resistente en la primera ronda -a los vecinos valencianos le parecería poco hecho si lo comparan con el punto de la paella- lo cierto es que a la hora de repetir está valentísimo, sin pasarse pese a estar un buen rato más con el caldo caliente.
El pato todavía reclama su protagonismo en la cocina de Capilla. En una lectura poco más refinada con el brioche de pato a la naranja, y más conocido y cercano cuando llega el canelón de la yaya pepita. Basado en la prescripción de su abuela, nos explica, él le ha añadido un punto de pera a la bechamel que no le sienta nadie mal.
“Sólo usamos productos del dominio”, promete en su página oficial este hotel-restaurante. O restaurante-hotel. Costaría designar el orden correcto de los factores, pero esa sencilla frase es una magnífica y coloquial alternativa a tanto discurso sobre cocina de producto y kilómetros cero. Se cocina con lo que hay rodeando, así de realizable. Sobre todo si se tiene la suerte de estar en un circunstancia como el Delta.
Ronda dels Pins, 27, 43549 Poble Nou, Tarragona 977744559L'Algadir
DIRECCIÓN

Publicar un comentario