Joan-Carles Mélich, Premio Nacional de Ensayo: "Cuidar del mundo es cuidar de una biblioteca"

Acaba de superar el Premio Doméstico de Tratado por La fragilidad del mundo (publicado por Tusquets) y Joan-Carles Mèlich (Barcelona, 1961) se siente "sorprendido y con mucha satisfacción porque es uno de los mejores reconocimientos que puede percibir un autor que toda la vida ha escrito ensayos". El grupo cree que se tráfico de un disquisición "profundamente conocedor del mundo contemporáneo y fuerte" en el que "realiza un sano examen crítico que nos recuerda que no somos los propietarios únicos del planeta”. Aún con la emoción, el filósofo catalán acento con La Vanguardia sobre el vademécum premiado.

¿Qué es 'La fragilidad del mundo'?

Un intento de pensar el mundo como el ser humano en tanto que ser en el mundo. Hay dos dimensiones en el mundo, una que llamo la dimensión gramática, en la que el ser humano es un heredero, hereda una gramática, un estilo, una pudoroso, unos gestos, hereda un mundo al germinar. Pero a la vez el mundo todavía tiene una dimensión de indisponibilidad, hay poco que se nos escapa. Y es muy importante defender esa fragilidad.

Y creo que una de las aportaciones del vademécum es que el sistema tecnológico imperante, la método tecnológica, que es el imperio de la prisa y que lo está dominando todo, sea la educación, las relaciones humanas o la amistad, todas las grandes relaciones humanas están capturadas por esta método de la prisa, ha roto la fragilidad del mundo.

Y si se pierde el mundo, nos perdemos nosotros mismos, no podemos estar al beneficio del mundo, somos seres en el mundo. Frente a la indisponibilidad del mundo, que el mundo no nos pertenece, que no está en nuestro trascendencia, la método tecnológica, la de la prisa, nos ha dicho que todo es posible. Que podemos hacer con el mundo lo que queramos. Si lo hacemos, el mundo morirá, pero nosotros todavía. El vademécum es un chillido de alerta. No es un vademécum sobre la pandemia, sino desde la pandemia, por eso su subtítulo, Tratado sobre un tiempo precario.

¿Está hablando de la pandemia como objetivo de esta prisa, esta velocidad?

No es que la pandemia haya aportado cosas nuevas respecto a esto, pero sí cómo han reaccionado algunas personas y colectivos. Yo trabajo en una Concesión de Ciencias de la Educación. Y he escuchado a mucha clan que la pandemia tendrá poco positivo, que por fin haremos una educación a la consideración de los tiempos. Pero para que haya educación ha de poseer relación cara a cara, piel con piel, crearse una entorno, tengo que ser capaz de ver el rostro del otro. Sin eso no hay educación, puede poseer educación o instrucción, pero la educación es una relación ética cara a cara con el otro. Que haya aspectos de la educación que se puedan trabajar bajo la método de las competencias o la conexión online está muy aceptablemente, pero lo más importante es la relación cara a cara.

Para mí es muy preocupante lo que pasa, porque se pierde relacionalidad, la ética es una relación, si la perdemos, perdemos la relación con el mundo, con los demás, con las cosas. La saco de la existencia humana es la relación con el mundo. La frase original del vademécum es una cita de Kafka: "En la lucha entre tú y el mundo, defiende al mundo". Hoy mucha clan diría lo contrario, ellos son más importantes. No. El mundo ha de ser cuidado. En educación lo hacemos cuidando la tradición, con la recital de los clásicos, por ejemplo.

Suministrar la relación con los ausentes.

Eso es fundamental. La recital es un diálogo con los ausentes, con la tradición. Los sistemas tecnológicos no valoran la recital de los clásicos. Cuidar el mundo es cuidar nuestra tradición cultural, simbólica, la Ilíada, la Odisea, las tragedias griegas, Platón, la Antiguo Testamento, pero no la de los que creen, la Antiguo Testamento es nuestra herencia. Cuidar del mundo es cuidar de una biblioteca.







"La filosofía dominante desde Platón ha pensado el mundo de las ideas en detrimento de las sombras, del cambio"

¿Por eso acento de su enfoque como filosofía literaria?

No es humanidades de ideas, filosofía literaria es ser consciente o descubrir que por otra parte de la tradición metafísica occidental que ha pensado el mundo desde el punto de sagacidad del sistema filosófico, se puede pensar todavía desde el cambio, el movimiento, la incertidumbre, la confusión. La filosofía metafísica dominante en Poniente desde Platón ha pensado el mundo de las ideas en detrimento de las sombras, del cambio, de las transformaciones, yo defiendo la filosofía que han hecho grandes escritores, la tragedia griega, Shakespeare, Virginia Woolf, María Zambrano.

Woolf muestra en Las olas que el mundo es movimiento, la vida humana está en constante cambio. La saco de la tragedia griega era la confusión pudoroso, y eso es lo que la filosofía metafísica no ha tolerado. Por eso defiendo una filosofía literaria, que preste atención a grandes nombres de la humanidades, del canon rebuscado, que expresan pensamiento muy potente, Dostoyevski por ejemplo.







"No es tratable aceptar la fragilidad, quiere asegurar que no hay verdades firmes, que vivimos en la provisionalidad"

¿La filosofía occidental ha contemplado muy poco esa fragilidad, no le ha resultado cómoda?

No es tratable aceptar la fragilidad, quiere asegurar que no hay verdades firmes y seguras, que vivimos en la provisionalidad. No significa que todo sea relativo, pero sí que todo es en relación, que somos seres finitos, la mía es una filosofía de la finitud, ser finito es ser en relación con el mundo, los demás y las cosas, estar en la incertidumbre, la confusión. El sujeto flamante es un sujeto individual separado del mundo y no nos podemos separar del mundo, hay que cuidarlo porque es frágil.

Hay diferentes sistemas sociales que cuando se imponen sus sistemas simbólicos rompen la fragilidad del mundo y nos llevan a la destrucción como seres humanos. Y no somos humanos porque tengamos esencia humana. No hay esencia humana, lo que hay son relaciones con los demás, siempre inciertas, de compasión. La ética que se deriva de la fragilidad del mundo es una ética de la compasión, la vergüenza y el perdón.

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