Liz enciende la luz

Liz ha encendido la luz. El estrepitoso fracaso de la nueva primera ministra británica Liz Truss en su intento de proceder a una drástica descuento fiscal a las rentas altas en el Reino Unido ha modificado la iluminación del espeso y a veces sombrío debate político gachupin. Hay acontecimientos de los países vecinos que en ocasiones pulsan un interruptor o mueven el foco. En ocasiones eso ocurre. Hoy lo hemos trillado en el Senado.

La marcha a espaldas de François Mitterrand en la ambiciosa política de nacionalizaciones emprendida en Francia en 1981 –casi toda la banca comercial y merienda grupos industriales– encendió una luz roja en la socialdemocracia europea y señaló a Felipe González lo que no tenía que hacer, hace ahora cuarenta primaveras. (González, todo hay que decirlo, no tenía ninguna intención de admitir a parte ninguna naturalización al obtener las elecciones generales de octubre de 1982. No era ese su software, pero al parte de unos meses, en febrero del 1983, se vio obligado a desposeer Rumasa para evitar una catástrofe en la pertenencias española). En pocas palabras, Mitterrand pulsó un interruptor en los primaveras ochenta al dar marcha a espaldas en las nacionalizaciones francesas, en presencia de la respuesta adversa de los mercados financieros, la fuga de capitales y el incremento de la inflación. El mundo estaba cambiando.







Núñez Feijóo pierde gas en el segundo debate con Sánchez en el Senado

La abrupta marcha a espaldas de los conservadores británicos en el intento de revivir las políticas más agresivas de Margaret Thatcher en medio de una colosal crisis energética además ha pulsado un interruptor. Lo están pulsando. La consigna de desmontar impuestos a toda costa se debe revisar posteriormente del fiasco de la primera ministra Liz Truss, pocas semanas posteriormente de contraer el cargo en el Reino Unido. El Brexit está siendo una catástrofe para la sociedad británica y los conservadores thatcherianos se están yendo a pique en las encuestas. Liz ha encendido una luz: cuidado las rebajas de impuestos en tiempos de turbulencia. Estamos asistiendo al momento Mitterrand del neoliberalismo.

La prueba de ello es que la descuento fiscal ha dejado de ser el argumento principal de la intervención del senador Alberto Núñez Feijóo en el debate sobre las consecuencias de la hostilidades de Ucrania en la pertenencias española. Un debate en el que el líder de la concurso ha vuelto a estar en condiciones de inferioridad respecto al presidente del Ejecutor, pese a que el presidente del Senado, Ander Gil, se haya mostrado un poco más flexible en la agencia de los tiempos que en el susodicho debate de esas características en la balnearia cámara inscripción (7 de septiembre del 2002).

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en el Senado




Alejandro Martínez Vélez / EP

Núñez Feijóo no ha hablado de grandes rebajas de impuestos –su propuesta central en el debate de septiembre- y ha centrado su intervención en la descalificación de

Sánchez como gobernador, negándole la condición de socialdemócrata. Sánchez simplemente sería ‘sanchista’, conchabado con los independentistas catalanes y con los antiguos simpatizantes de ETA. El PSOE definitivo es el de González, según el presente líder del Partido Popular. Con esa táctica pretende seguir atrayendo antiguos votantes socialistas de etapa madura. Una empapamiento que parece haberse frenado según se desprende de los microdatos del final barómetro del CIS, a los que hay que prestar más atención que a las proyecciones de voto dadas a conocer esta semana.

Núñez Feijóo ha querido presentarse hoy como un hombre casi fronterizo con la socialdemocracia. Ha puesto como ejemplo Portugal, país gobernado por los socialistas, país que conoce correctamente, dada su vecindario con Galicia. El líder de la concurso cree que la política fiscal de Portugal, claramente orientada a atraer inversiones extranjeras y residentes con buena capacidad adquisitiva, es la política que debería seguir España. El principal problema de Portugal, ya puesto de manifiesto en la susodicho crisis económica, es una demografía débil: 10,3 millones de habitantes en una superficie equivalente a la de Andalucía. Unos 2,5 millones de portugueses vive en el extranjero, lo cual significa una cuota de inmigración del 25%. Portugal necesita clan. Portugal necesita masa crítica. España tiene masa crítica: 47 millones de habitantes en un zona con vastas zonas interiores en etapa de acelerada despoblación.

España y Portugal comparten en estos momentos una política energética global, que el presidente de la concurso no ha podido refutar, puesto que mientras se celebraba el debate en el Senado, fuentes de la Comisión Europea daban a conocer la inminencia de un acuerdo para poner un tope temporal al precio del gas en toda la Unión Europea con una fórmula inspirada en la denominada excepción ibérica. El tope ibero al precio del gas tiene hoy prestigio en Europa y es considerado en casi todas las capitales como una iniciativa inteligente.

Sánchez ha comparecido en el Senado muy seguro de sí mismo en el ambiente europeo. La situación es adversa en término generales, pero España tiene campo de maniobra. Sánchez ha ganadería claramente el debate a un Feijóo, que sigue sin nombrar por su nombre la hostilidades de Ucrania. El nuevo líder de la concurso parece estar perdiendo gas.

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