El hombre del vaso no pisa el cristal

“Pise algún cristal”. El presidente Pedro Sánchez se guardó su mejor frase para el posterior minuto, tras dos horas largas de debate con Alberto Núñez Feijóo en el Senado. “Algún cristal” es un pronunciamiento sobre política económica que, más allá de acusaciones de inoperancia estatal, expresadas —esta vez sí— con convicción y sin errores, dibuje una doctrina propia para porfiar las sucesivas crisis colapsistas —pandemia, querella, cambio climático...— al ganancia de los nuevos consensos europeos de inspiración keynesiana que Sánchez aplica con lasn bendiciones de Bruselas.

No careció de astucia el expresión de dejarle al presidente del Senado, Ánder Gil, un tocho de folios con las “propuestas” que el presidente le reclamaba con insistencia, pero un buen ademán y el bulto de unos documentos no rellenan la marcha de un discurso. No obstante, Feijóo esta vez se fajó con serenidad y la desprendimiento con la que Gil administró su tiempo le permitió entrar en calor y regalar a la televisión cortes de gran vigor.

El líder de los populares, al que sus compañeros de partido aplaudieron con una intensidad rara vez apariencia en la cámara de los bostezos, se tuvo que ir a casa contento. La esgrima parlamentaria no siempre exige contenido y agradece la agilidad en el verbo y la intensidad en los movimientos. Aferrado a un vaso de agua con el que trataba de mitigar la diploma sequedad de boca que lo acompañó toda la tarde —que transparentaba la importancia de la hora—, Feijóo habló rápido y encadenó argumentos contables rotundos contra el Gobierno de Sánchez, según el catecismo neoliberal en vigor durante las últimas décadas: cargo, deuda, pago... 

La música era un vibratorio ataque de los bronces pero el coro interpretaba una letrilla vieja de burocracia de tenedor de libros. Porque la legitimidad neoliberal, un muerto en vida durante el posterior quinquenio, hoy es una momia cuya maldición amenaza con usar por delante al gobierno de Liz Truss. La primera ministra británica puede hallarse obligada a marcharse el 10 de Downing Street cuando no se han cumplido cuarenta días desde su nominación por ocurrir dicho lo que sus correligionarios conservadores y liberales llevan diciendo por toda Europa cuarenta primaveras. Una crisis financiera, una pandemia, una querella y un clima que asusta ha hecho de aquella palabra revelada letrilla muerta en hojas amarillas, un reservas de la arqueología económica. 

Ese era el fondo del debate y por eso el presidente, de nuevo armado con el inacabable catálogo de medidas anticrisis que ha ido desplegando en tres primaveras y que la Unión Europea ha ido sancionando como nuevos consensos, se mostraba tan confiado. Tanto, que la creciente comodidad del líder de la competición y su asistente el vaso de agua, llegaron a ponerlo en algún aprieto durante la segunda réplica. Los senadores populares se pusieron en pie de taurinas maneras.

Sánchez se repuso en su breve intervención de clausura y dio con la frase: “Pise algún cristal”. Pero había una buena razón para que Feijóo no lo hiciera, encima de hacer honor a ese inasible correctamente atlántico llamado “galleguidad”, si tal cosa existiese. Y esa razón, el daño de Liz Truss, seguirá ahí el próximo mes y el año que viene. Al ganancia de las prosaicas cuitas políticas domésticas que nos ocuparán las próximas semanas, tan apasionadas e intrascendentes como la lazo de fútbol, esa es la quid de fondo que el solicitante conservador debe resolver. Si hay una fórmula, una doctrina de repuesto para el compendio de salmos de Milton Friedman, ahora que la historia se abisma, o si pretende divulgar su asalto a la presidencia del Gobierno armado con los rutinarios manguitos del contable. 

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