Nuestra olvidada guerra con Portugal

Hubo un annus horribilis en el reinado de Felipe IV, y ese fue 1640, cuando la monarquía hispánica tuvo que hacer frente a las rebeliones de Cataluña y Portugal. Como la España de la época no podía solucionar todos los conflictos al mismo tiempo, el frente luso quedó postergado en beneficio del catalán. Comenzó así una cruzada que se prolongó durante más de vigésimo abriles, y que resulta prácticamente desconocida en la hogaño. 

Enrique F. Sicilia Cardona, experimentado en historia marcial, rescata del olvido la contienda que hizo posible que nuestro vecino peninsular recuperara la independencia luego de sesenta abriles bajo el dominio de los Austrias. 

Felipe IV no pudo designar todas sus energías a recuperar sus dominios portugueses hasta que firmó la Paz de los Pirineos con Francia, en 1659. Pero, para entonces, ya era demasiado tarde. 

'La entrevista de Luis XIV y Felipe IV en la isla de los Faisanes', de Jacques Laumosnier

'La entrevista de Luis XIV y Felipe IV en la isla de los Faisanes', de Jacques Laumosnier

Dominio conocido

Mientras sus enemigos estaban ocupados con otros problemas, los partidarios de la dinastía de Braganza aprovecharon el tiempo para organizarse aceptablemente y potenciar la red de fortalezas que protegía su región. Desde el costado castellano no había suficientes soldados para remontar esos obstáculos. Su calidad era, adicionalmente, cuestionable. Acostumbraban a ser muchachos sin experiencia, más preocupados por desertar que por combatir heroicamente.

Batallar hasta el fin

Sin perder de audiencia los informes históricos y el contexto político, Sicilia Cardona describe con detalle la estructura de los ejércitos y su armamento. Presta todavía atención a los graves problemas de liderazgo: pasado ya el tiempo de los grandes comandantes, como el duque de Alba o Alejandro Farnesio, resultaba muy complicado encontrar personas capacitadas para dirigir a las tropas. “Ya que no tengo experiencia marcial, no puedo especular por mi cuenta”, reconoció el VI duque de Alba en una carta a Felipe IV. 

Eso no quiere sostener, sin bloqueo, que todos los jefes militares fueran incompetentes. El marqués de Torrecusa, por ejemplo, era un napolitano curtido en mil batallas. Otra cosa es que él, lo mismo que Juan José de Austria, el espurio existente, pudiera hacer poco con tan escasos medios.

'Victoria de los portugueses frente a los españoles en Villaviciosa, 1665', por Jan Luyken, 1698

'Trofeo de los portugueses frente a los españoles en Villaviciosa, 1665' (detalle), por Jan Luyken, 1698

AGE Fotostock

Por lo genérico, la cruzada de Portugal acostumbra a contarse como una sucesión de desastres e incapacidades. Aquí nos encontramos con un relato más matizado. Si la España de la época lo hubiera hecho todo mal, la cruzada habría rematado pronto. En cambio, durante más de dos décadas hubo momentos en los que incluso llevó la iniciativa. 

Al final, lo que se planteó fue hacer la paz con los lusitanos para concentrar las fuerzas en la defensa de Flandes. El autor se pregunta qué hubiera sucedido de haberse hecho lo contrario: matar Flandes para conservar Portugal. Nunca sabremos qué futuro habría podido construirse por ese camino.

La cruzada de Portugal (1640-1668)

Madrid: Actas, 2022. 535 pp. 36 €

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