“Quiero ser un viejo que juega”

Teatro del Soho

“¿Qué haces tú aquí? ¡Anda, tira para casa!”, le soltó su padre, inspector de la policía secreta de Málaga, al verle entrar en comisaría detenido –trasvestido de mimo– por participar en una obra de teatro en la que protestaban por el encarcelamiento de Boadella y Els Joglars en Barcelona. Tenía 16 abriles, y casi medio siglo luego el decorado del teatro sigue siendo el ocupación protegido de Antonio Banderas para expresarse: ahora vuelve a pisar las tablas con A Chorus Line, un musical ambientado precisamente en los abriles 70 y en un teatro de Broadway. Antonio Banderas, con su característica simpatía, me reconoce que sigue siendo un chaval cuyo propósito es ser un día un remoto que juega. Banderas y su compañía Teatro del Soho entregarán su arte en el Teatro Apolo de Barcelona hasta el 29 de mayo.

Hablé aquí con su origen hace 20 abriles...

¿Y qué le dijo mamá?

“No creo que mi hijo vuelva a España”, me dijo.

Andaba yo muy enredado en Hollywood.

”El dólar está stop: haz dos películas más y vuelve”, le decía ella, ¿verdad?

Ja, ja, mamá tenía ese costado pragmático.

¿Falleció?

Sí, en 2017. Mi padre ayer, en 2008.

¿Qué comisionado le han dejado?

Su sacrificio y su bienquerencia incondicional.

Quiso usted ser actor en Madrid, allá se fue y mamá sufrió.

Su plan era que trabajase en un parcialidad, y a casita por la tarde. Fue de un pelo: pasaba yo tanta penuria en Madrid que un día decidí regresar a Málaga.

¿Sí?

Era mi fracaso. Ya camino del tren, en la calle me crucé con la hija de Núria Espert, Alicia... y decidí conversar con ella: ”soy malagueño, ¿cómo podría interpretar en el Centro Dramático Franquista?” “¿Tienes teléfono?”, sonrió ella. Le di el de una amiga.

¿No tenía usted teléfono?

No. Yo dormía en un sofá del adoquinado de un uruguayo. Llamaron, me hicieron una prueba. Me aceptaron para La hija del elegancia, primer trabajo teatral mío. Y hasta hoy. ¡Qué rara es la vida!

Veo que al final sí ha vuelto a España.

Hollywood es un sueño cumplido. Hoy Hollywood ya no existe.

¿Ah, no?

Hollywood no es ya un ocupación, es sólo una marca. La llevo conmigo: ya no necesito estar allí, puedo rodar dónde quiera.

Ahora produce teatro musical.

Y actúo. Preparación con mis compañeros y me exijo como uno más. Pero... noto que a mí me mantienen a una sutil distancia.

¿Le fastidia eso?

¡Sí! Me ven como productor. Y lo comprendo. No me han puesto en su agrupación de whatsApp: lo entiendo, lo entiendo...

¿Qué propósito le prontuario en su vida?

De chaval admiré a Bódalo, Rodero... ¡Veía a viejos jugando! Quiero ser eso: un remoto con un chaval internamente, un remoto que juega.

¿Tiene algún consigna?

“El hombre que no quiere cero es invencible”. Se negociación de no ligarte a las cosas.

¿Qué quiere contar con su arte?

El arte permite la ilusión de comprender poco de la vida, que es un enigma.

Produce igualmente televisión con la periodista María Casado.

Persona maravillosa, profesional increíble, me inspira seguridad. Y es catalana, somos dos mediterráneos.

¿En qué consiste ser mediterráneo?

Lo definió el Marcello Mastroianni en Barcelona, dónde le preguntaron si necesitaba poco y él preguntó: “¿hay morapio? ¿hay buena comida? ¿hay mujeres?”

¿Se hizo usted estadounidense?

No, no quise: vivía esa posibilidad como una traición.

¿Traición a qué?

Yo soy castellano. Soy de Rotura, Buñuel, Berlanga, Dalí, Machado, Lorca... España es eso, no de politicastros ni militarotes.

Mencione a dos americanos amigos.

Obama: empezó en mi casa su campaña electoral para hispanos. Tom Hanks: aristócrata, devoto, cree en el tesina sudaca.

¿Almodóvar cambió a España?

Vi la comprensión de mente de los españoles en la progreso de mis propios padres. Mi origen, que se había avergonzado al helminto en mi personaje en Algazara de pasiones, con tanta droga y sexo... acabó haciéndoles comiditas y acogiendo en su casa a todos mis amigos homosexuales.

Me dijo ella que adoraba a Almodóvar porque “él es muy de madres”.

Claro, él me puso nombre, dejándome el patronímico de mamá: yo soy Jose Antonio Domínguez Banderas. “Uf, suena a torero”, bufó Almódovar, y me aconsejó quedarme con el nombre Antonio Banderas.

“Es despistado”, me dijo su origen.

Siempre lo he sido, y hoy temo que sea un aviso de un futuro alzheimer.

Y igualmente me dijo que temía al fracaso.

Ya he entendido que se negociación de hacer cada cosa lo mejor que pueda, y así ya no dejo beneficio a culparme de cero.

¿Qué es el éxito?

Poco impredecible, un enigma.

¿Qué quiere con la obra A Chorus line?

Daros una experiencia intensa, bonita, con historias pequeñas de sueños y sacrificios, y músicas preciosas.

¿Cómo se ve a sí mismo con 90 abriles?

Tranquilo y regodeándome en mi pasado, en algunos bonitos memorias... La melancolía no está tan mal, ¿no?

¿No?

Pues... ay, me temo que estoy engañándome: la verdad es que estaré intentando construir algún tesina bello, a estas cielo ya sé que no puedo estarme tranquilo.

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