Este 2022 esta siendo un año de lo más e intenso para Carla Simón, tanto en el demarcación profesional como el personal. La cineasta catalana (Barcelona, 1986) se alzó el pasado febrero con el Oso de Oro de la Berlinale por Alcarràs, un retrato de la crisis del mundo campesino atiborrado de nacionalidad y sensibilidad que colocó en el plano cinematográfico a este pequeño municipio de la comarca del Segrià, y de aquí dos meses iniciará su aventura más exclusivo: la de ser causa. "Posteriormente de la pandemia ha llegado todo de cardenal", asegura con una amplia sonrisa a La Vanguardia.
El martes tuvo circunstancia el preestreno en Lleida, ayer inauguró el D'A Film Festival y hoy la película llega a las salas comerciales. "Estoy muy contenta, aún con la resaca emocional de que la multitud se la hizo suya y con la sensación de que la comprendía mucho. Retrata la vida de los habitantes de allá, había muchos payeses y personas que nos habían ayudado, mi tribu...fue un día exclusivo", recalca. Simón cree que cuando las películas tienen presupuestos más altos, llegan más allí. En su caso, Alcarràs es una coproducción entre España e Italia y pudo hacer la historia que quería en el tiempo que necesitaba, "dos abriles de guion, uno de casting", pero reclama que hace desidia más financiación para que el cine gachupin despegue.
La directora de cine Carla Simón
De momento, el filme ya ha obrado el fenómeno de 'resucitar' salas de cine algunas de las cuales estaban cerradas hace décadas en catorce pueblos de Lleida y Tarragona para proyectar el filme de Simón. Muchas de las proyecciones contarán con la presencia de actores, actrices y miembros del equipo técnico de la película. "Es una novedad muy bonita porque recupera la idea de ir al cine como acto social y permite que acuda mucha más multitud. Ojalá recuperar la idea de cine de pueblo itinerante no se quede solo con Alcarràs sino que sea poco que vuelva de forma definitiva". Para la realizadora "no está reñido ver películas en casa de las plataformas con ir al cine para verlas en pantalla prócer y compartir esta experiencia colectiva".
En el festival de Berlín ya ganó el premio a la mejor ópera prima con Estiu 1993 en 2017 con un relato autobiográfico sobre su infancia y ahora vuelve de nuevo a hurgar en su experiencia habitual con su segunda obra, que narra cómo una tribu de campesinos ve amenazada su estilo de vida cuando el propietario de las tierras les anuncia que quiere venderlas para instalar placas solares. "Es un retrato de mi tribu. Mis tíos cultivan melocotones en Alcarràs y me apetecía muchísimo charlar de ese circunstancia, asimismo cuando falleció mi padrino adquirió más importancia por el cesión que dejaba y sentí muchas ganas de retratar ese oficio".
Para Simón "hacer esta película me ha enseñado mucho en todos los sentidos. Por un banda dirigir actores que no son profesionales y por otro banda tenía una construcción novelística muy compleja porque es coral, va de un personaje a otro y es poco que trabajamos mucho desde el guion y continuamos en el montaje. Alcarràs ha sido un paso delante muy prócer respecto a Estiu 1993 por el hecho de construir una historia de una forma novelística nueva. Ha sido el lucha más prócer".
Alcarràs dibuja un oficio en decadencia y Simón no es demasiado eufórico respecto al futuro de la agricultura. "La sensación que tienes cuando hablas con los payeses es que se está abandonando. No es que desaparezca porque la necesitamos pero hay otros modelos industriales que explotan la tierra de otra modo. Y el maniquí de la agricultura en tribu esta desapareciendo".
Un momento de la película 'Alcarràs', dirigida por Carla Simón.
Como el valencia de la palabra, de ese acuerdo verbal que mantenía a la tribu Solé cosechando unas tierras y que en la presente no sirve para mínimo. "La tradición tiene un peso. Las placas solares se pueden ver como poco positivo pero eso implica cargarse cosas que tienen mucho valencia", esgrime. La directora tiene el don de conectar con el sabido con relatos ambientados en lugares muy locales que rezuman una fiabilidad que conmueve y que se hacen universales. "Hay mucho trabajo detrás", ríe. "Creo que es muy importante el tono de las películas y me emocionan las que son como un pedazo de vida, que parezca que no pase mínimo delante de la cámara pero ocurren cosas. Es cardinal que lo que esté en el interior del plano esté vivo y pasa por prepararlo mucho aunque a simple horizonte no lo parezca".
El cinta está muy parada de cara a su próximo esquema pero para la directora hacer esta película y superar el Oso de Oro ha sido una escape porque sentía mucha presión con Estiu 1993 y el triunfo de Alcarràs es una señal para poder hacer otra. A lo mejor más delante sí que siento más presión", confiesa. Todavía no puede charlar mucho del que será su tercer holgado, aunque avanza que no pasará en Catalunya, pero tiene claro que las historias que le motivan van sobre la tribu y quiere continuar hablando de ella.
"Las relaciones familiares tienen poco muy confuso porque no las escoges. Son ricas a nivel de conflictos. Yo confío mucho en la tribu pero asimismo soy consciente de las dificultades de la convivencia". Dice que luego de coronarse en la Berlinale le han llegado algunas ofertas para dirigir "pero siempre acabo diciendo que no porque prefiero hacer mis cosas. Yo necesito conectarme mucho con lo que sea que explique. Leo y valoro todo lo que me llega pero tal y como trabajo tiene que ser poco que sienta muy cercano".
Carla Simón con el Oso de Oro de la Berlinale)
Posteriormente de sobrevenir vivido cuatro abriles en Londres, le encantaría trabajar con actores ingleses porque "tienen una escuela muy interesante". Hollywood no le apasionamiento para mínimo la atención, "aún tengo muchas cosas que explicar aquí" y su objetivo en su carrera es sentirse orgullosa de su trabajo, "que sienta que cada película que he hecho me ha aportado cosas a nivel personal, no solo profesional, y notar que ese trabajo me representa, que no haya ninguna de la que me arrepienta. Por eso cuando te ofrecen cosas es una valor muy prócer y si no lo ves claro no tiene sentido". La directora anima al espectador a que vaya al cine a ver su película "para ser parte de una tribu durante un rato y empatizar con los personajes".
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