Marta Buchaca plantea por qué se actúa distinto con una perra o con una abuela terminal

¿Por qué está asumido ofrendar un perro cuando está en las postrimerías y, en cambio, no se hace lo mismo con las personas para evitarles el sufrimiento? Con esta dicotomía, la dramaturga Marta Buchaca plantea Rita, la obra que ahora recupera La Villarroel (hasta el 22 de mayo), a posteriori de la interrupción pandémica en la Beckett, con producción de La Pocket.

Este tiempo no ha pasado en balde, porque si en la sala del Poblenou los intérpretes eran una mujer (Sara Espígul) y un hombre (David Bagés), ahora este papel lo interpreta otra mujer (Mireia Portas). En los dos casos hay un vínculo fraternal, por lo que el sexo de los personajes es secundario, un aspecto del que Buchaca se siente orgullosa: “Ahora en Grecia la están interpretando dos hombres, uno de ellos un poco barbilucio. Incluso me gustaría verla con dos tipos testosterónicos”.

Marta Buchacadramaturga y directora

Espígul refiere: “Ahora es diferente de cuando la hice con Bagés, porque aparece la hermandad entre mujeres. Buchaca tiene la tiento de explicar cosas muy cotidianas y consigue que conectemos con ellas a un nivel muy personal”.

Una de las protagonistas ha de ofrendar su perra, enferma terminal, y lo vive con gran disgusto. Su hermana, en cambio, lo ve como un simple trámite. Pero Buchaca no se queda ahí y extiende el debate sobre la eutanasia a la mama, enferma de alzheimer desde hace primaveras, ahora en estado vegetal. ¿Hay que aplicarle la eutanasia? La obra plantea el dilema con muchas dosis de humor con una pareja de actrices soberbias, pero no da lecciones ni resuelve el problema.

“Aquí nos encontraremos 300 personas en cada función y cada una lo vivirá desde su momento vivo –apunta Portas–. Cuando pasa en la vida efectivo es tan duro, que lo que hacemos es taparlo; en el teatro será un momento de consejo”.

Rita deje de preparar la homicidio en vida –afirma Buchaca–. Me pasó con una homicidio próxima y, por suerte, esa persona había hecho el testamento vivo, poco que facilitó mucho las cosas. En mis obras siempre hablo de la homicidio y de la comunidad, pocas veces del inclinación. Me obsesiona la homicidio, me da miedo morirme, me parece injusto que se mueran los otros... Tengo a mi abuela en ese estado y he traído al círculo los trastos de los altillos, como una guitarra o la Olivetti de mi ascendiente. Al final, de una persona quedan las cosas”.

Versió en català, aquí

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