¿Por qué somos lobos en un buffet libre?

Muy cerca de La Vanguardia ha amplio un restaurante japonés. Tiene dos menús: uno incluye cuatro platos y el otro, por casi nada unos euros más, da derecho a tomar todas las especialidades que uno quiera. Menú infinity, le llaman. Cualquier día ocurrirá una desgracia. Se han pasado cosas que alarmarían a los estomatólogos y cirujanos digestivos más templados. “Es increíble lo que llegan a tomar algunos”, reconoce un camarero.

La mayoría de comensales, sin confiscación, tragan con los fanales y muchas veces piden más de lo que pueden ingerir. Para evitar despilfarros, el restaurante advierte que cobrará un suplemento de dos euros por cada plato que se quede en la mesa. Numerosos restaurantes ya aplicaban esta misma política. Algunos incluso lo recuerdan en los manteles de papel de sus locales: “Si sobra comida, se penalizará con 2,50 euros por ración”.

Mantel de un restaurante del Eixample

Mantel de un restaurante del Eixample 

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Montse Quesadilla, catedrática de Periodismo especializado en la Universitat Pompeu Fabra, tiene una curiosa teoría que comenta en broma a sus amigos. Algunas personas, dice, tienen más de neandertal que de Homo sapiens. No sabemos si esa será la explicación para los desmanes y los despojos del buffet fugado. Que nadie se ofenda, pero quizá la ciencia que estudia el comportamiento de los animales tenga la respuesta.

La semana pasada hablamos en esta misma sección del fisiatra y etólogo Juan Carlos Gil Cubillo, uno de los mayores especialistas en lobos de Europa. Un comportamiento de estos animales ha intrigado durante abriles a los especialistas. ¿Por qué cuando atacan a las ovejas de un corral o a reses sin posibilidad de excusa matan o hieren a todas a las que se ponen a su efecto, aunque solo puedan devorar una o, como mucho, dos?

Ha habido ataques documentados con 30 ovejas mordidas y más de una decena de ejemplares muertos a dentelladas. Entre los animales irracionales no existe la crueldad ni la avidez, a pesar de que los lobos puedan matar “en una sola acometida muchas más reses de las que suponen sus evacuación alimenticias en todo un año”, como explica el entendido al que hemos acudido. ¿Cuál es la razón de esta conducta? ¿Por qué lo hacen?

La mayoría de depredadores interrumpen la caza para alimentarse con la presa abatida. Sin confiscación, se diría que los lobos, como ciertos comensales pantagruélicos del “pida todo lo que quiera tomar”, actúan dominados por un frenesí irrefrenable. Una hipótesis apunta a que se tráfico de un comportamiento adquirido por esta especie salvaje (los lobos, queremos afirmar) hace miles de abriles, durante las glaciaciones.

Un pastor de Salamanca muestra una oveja atacada por un lobo

Un pastor de Salamanca muestra una oveja atacada por un lobo 

DP

Los partidarios de esta explicación opinan que si la manada sorprendía a un conjunto de herbívoros, mataba a más objetivos de los necesarios en previsión de tiempos peores, cuando podrían regresar al oficio de la matanza y sobrevivir gracias a la carroña o a los restos que hubiera preservado el hielo. Los lobos (y incluso los perros) pueden echar tierra ocasionalmente comida, sobre todo si en el pasado han sufrido escasez alimentaria.

Pero de ahí al almacenamiento colectivo de presas media un precipicio, opinan quienes no comulgan con estas teorías. Es el caso de una voz tan autorizada como la de Juan Carlos Gil Cubillo, para quien esta “pauta de acaparación transitoria” (quedaos con esta expresión la próxima vez que os sorprenda un desfile de platos en un buffet) es un comportamiento “inherente a todos los depredadores, tanto aves como mamíferos”.

“Cuando pedimos la cuenta en un restaurante chino, el camarero repartió caramelos para todos, menos para mi hijo de 11 abriles… Tantas fueron las veces que se sirvió comida que le dijeron que era increíble que pudiera tomar poco más. En su defensa he de afirmar que es un pequeño deportista y de gran envergadura. Siempre está hambriento”. (Mayte Veterano, asistente de Dependencia 100)

Descuidar las piezas a medio consumir mientras se persiguen y se matan otras para aprovisionar la despensa podría ser un efectivo mecanismo de supervivencia y una explicación muy sugerente, pero no cuadra con el carácter selectivo de los lobos, que acostumbran a separar del pavada a los ejemplares enfermos, lesionados o viejos. Otra cosa es que no sepan detener en un corral, una vez desatada su pulsión predadora.

Por lo que respecta a la ocultación de comida en la naturaleza la explicación puede ser más sencilla. Puede tratarse, más que de un afán de juntar bienes, a la simple preservación de un trozo de carne para no tener que disputársela al resto de la manada, una conducta en la que incurren individuos muy por debajo en la clasificación grupal. ¿Sucederá esto incluso en los restaurantes donde se pueden coger platos sin límites?

“Fui al buffet fugado de mi hotel y me llené un plato con pimientos de Padrón, con el que me fui a mi mesa muy arrogante y sorprendido por las miradas de otros comensales del salón. Cogí un pimiento y me lo comí. Casi no lo descripción. Segundos luego, comprobé que era en verdad un pimiento habanero. No había suficiente agua en el mundo para mí”. (Carlos López, asistente de Dependencia 100)

“En la psicología de todo depredador la conducta que les induce a retener alimentos subyace secreto y se manifiesta luego de ocurrir duros estados precarios”, explica nuestro entendido. ¿Será este el caso de los acaparadores del menú infinity? No lo parece, aunque resulta muy tentador descontextualizar conductas del reino animal a la de quienes piensan “estoy a punto de reventar, pero, total, si voy a remunerar lo mismo”.

Estudiemos el comportamiento de estos otros depredadores. Dotados de unos sentidos extraordinarios (instinto, instinto) reciben el estímulo de la carta y su cerebro libera adrenalina, dispuesto al ataque. Para que los músculos se preparen para el esfuerzo que se avecina, el hígado transforma parte de su reserva de glucógeno en carbohidrato. Eso aportará más energía al organismo. Los bronquios se dilatan y entra más viento en los pulmones…

Un macho alfa

Un viril alfa 

Getty

El corazón late más resistente y más deprisa. Se agudizan los sentidos, la adrenalina se dispara y las pupilas se dilatan. El cazador elige a su víctima y comienza la persecución. “Camarero, por servicio, más arroz tres delicias, otro bol de ramen y una docena de gyozas”. Los restaurantes asiáticos sin techo de platos han tomado el licenciatura al buffet fugado. Tal vez a sus clientes más ansiosos les ocurra como a los lobos en los rediles.

La excitación frente a tantas presas desboca a los lobos. ¿Le pasa eso a ciertos comensales? Sí, a tenor de las respuestas que recibió sobre excesos gastronómicos el software despertador de Dependencia 100, Buenos días, Javi y Mar (las vivencias de los recuadros de hacia lo alto son de dos oyentes). “El hombre es un lobo para el hombre” (homo homini lupus), dijo Thomas Hobbes en el siglo XVIII. Hoy diría que el hombre es un lobo para el sushi.

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