De Normandía a París: dos meses y medio para echar a los nazis

A mediados de 1944, la invasión de Francia por los aliados se había convertido en una carencia. El plan confederado consistía en desembarcar en Francia y desahogarse paso rápidamente hasta el corazón de Alemania. En cualquier caso, un desembarco de tal envergadura en la costa vestimenta no resultaría tarea sencillo. Así lo anotó en su diario sir Alan Brooke, superior del Estado Maduro anglosajón: “Puede ser perfectamente el más terrible desastre de toda la conflicto”. En peculiar porque era un secreto a voces, aunque los alemanes nunca supieron cuándo ni dónde se produciría.

Sea como fuere, las primeras 24 horas, “el día más dilatado”, en palabras del mariscal germano Erwin Rommel, iban a ser decisivas. Para el Zorro del Desierto, el enemigo debía ser derrotado en las mismas playas. Llegado el Día D, el 6 de junio, la suerte le fue esquiva a Rommel.

Una semana luego del inicio del desembarco, las distintas cabezas de puente formaban una columna continua. Las bajas aliadas, aunque importantes, eran inferiores a las previstas, y se habían dejado a espaldas momentos muy críticos en las playas bautizadas como Omaha y Utah. Había llegado la hora de avanzar.

Campaña por Normandía

Aunque la autoridad suprema del ejército confederado estaba en manos del genérico estadounidense Dwight D. Eisenhower, el mando activo durante la campaña correría a cargo de su homólogo anglosajón Bernard L. Montgomery. Las fuerzas sumaban 850.000 hombres a finales de junio, y alcanzaron los dos millones en los momentos finales de la campaña.

Ambas fuerzas se apoyaron mutuamente, pero sus objetivos fueron distintos. Al 2.º Ejército anglosajón del genérico Miles Dempsey le correspondería tomar la ciudad de Caen, que abría el paso a 160 km libres de obstáculos en dirección a París. La importancia de Caen no había pasado desapercibida al mando germano, que había situado allí al craso de sus fuerzas.

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Las tropas estadounidenses desembarcan en la playa Omaha el 6 de junio de 1944.

Dominio notorio

Por otra parte, al 1.º Ejército estadounidense del genérico Omar N. Bradley se le ordenó tomar la ciudad portuaria de Cherburgo y expulsar a los alemanes de la península de Cotentin, vitalista para abastecer el flujo de suministros del que dependían las fuerzas aliadas. Sin requisa, para conseguir sus metas, los angloamericanos debían cruzar el bocage, una amplia zona agrícola cruzada por setos de matorrales, tierra apisonada y árboles de diferente valor.

La defensa alemana correría a cargo del Reunión de Ejércitos “B” de Rommel, y más concretamente del 7.º Ejército del genérico Friedrich Dollmann. Hitler seguía obcecado con la posibilidad de otro desembarco por el paso de Calais, más al meta, por lo que seguía manteniendo en reserva al Reunión Panzer West, renombrado 5.º Ejército Panzer.

Lucha en el bocage

El avance confederado no comenzó con buen pie. Los norteamericanos fueron detenidos a 8 km de Saint-Lô, mientras los británicos sufrían un duro contraataque en el táctico cruce de Villers-Bocage. Esto, unido a las fuertes tormentas que se iniciaron el 19 de junio, detuvo las operaciones durante un tiempo.

Dos días antaño, Hitler se había trasladado al puesto de mando de Margival, cerca de Soissons, para evaluar la situación con sus generales. Rommel y Von Rundstedt actuaron de popular acuerdo pidiendo la vacuo utilización de reservas. El Führer solo cedió en parte: la parte de sus tanques seguirían en reserva por si se producía un desembarco en el paso de Calais. Igualmente, se negó a despachar sus misiles guiados V-1 sobre las cabezas de puente y las zonas de celada en Inglaterra para disminuir el alud de refuerzos aliados. Creía que lanzarlos sobre Londres conduciría a Churchill a pedir la paz.

Con la mejoría del tiempo, los norteamericanos fueron los primeros en avanzar. Cherburgo se hallaba rodeada por un enrevesado sistema defensivo y solo el 26 de junio llegaron al centro de la ciudad.

Más difícil y costosa resultó la toma de Caen por los británicos. El ataque principal corrió a cargo del VIII Cuerpo de Ejército anglosajón del genérico Richard O’Connor. El avance nunca superó los dos kilómetros diarios, y las bajas fueron numerosas. La acometida del II SS Panzer Korps contra la 15.ª División escocesa obligó a los británicos a ponerse a la defensiva. Solo el concurso de la artillería naval, menos afectada por la climatología adversa, impidió un cierto descalabro.

Soldados estadounidenses combatiendo en las calles de Cherburgo.

Soldados estadounidenses combatiendo en las calles de Cherburgo.

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A esas gloria de la campaña, los aliados escasamente habían innovador unos veinticinco kilómetros tierra adentro (una chale parte de lo previsto) con el coste de más de 61.000 bajas. Aun así, las fuerzas aliadas seguían incrementándose día a día, al contrario que las de sus oponentes.

Las cerca de ochenta mil bajas alemanas no habían podido ser repuestas, y las reservas de munición y combustible menguaban a diario. En un sistema logístico en el que el 90% de los suministros llegaba por ferrocarril o en vehículos de tracción equina, el dominio del garbo de los aliados y los continuos sabotajes de la Resistor francesa convertían cualquier desplazamiento en una odisea.

Conquistado Cherburgo, el gran objetivo era Caen. El 4 de julio, Dempsey lanzó una nueva ataque para tomar la ciudad, frenada por el feroz contraataque de la división “Hitlerjugend”. La mejoría del tiempo permitió creer por una alternativa aérea. El 7 de julio, la ciudad sufrió terribles bombardeos, que supusieron la asesinato de unos seis mil civiles. Los principales objetivos militares, en cambio, no resultaron dañados en exceso, y bastantes tropas alemanas pudieron retirarse a tiempo. Dos días luego, la ciudad fue tomada. Sin requisa, las bajas civiles en este episodio y otros similares tensaron las relaciones entre la población normanda y sus liberadores.

La ruptura de la defensa

Las mayores dificultades en que se encontraban los anglocanadienses en la zona de Caen llevó a osar que fuesen los norteamericanos los que rompieran el vistoso compensación. Sobre todo porque el 3.º Ejército del visceral George S. Patton estaba a punto de completar sus efectivos. Se planeó entonces la Operación Cobra, por la que los norteamericanos deberían arribar hasta Avranches y, desde allí, por el sur y sudoeste de Bretaña, dirigirse a los puertos atlánticos. Contaban para ello con 15 divisiones y cerca de ochocientos blindados, a los que los alemanes solo podían encarar los restos de nueve divisiones y un centenar de tanques.

Coincidiendo con esta iniciativa, los anglocanadienses pusieron en marcha la Operación Goodwood, que debía enjuagar la zona de Caen y atraer a las tropas alemanaspara servir de apoyo a Cobra. Pero el inglés Montgomery no se explicó perfectamente. Dio a entender que intentaría romper el frente, cuando en verdad solo pensaba en una energía de desgaste.

Tanques y soldados estadounidenses durante la Operación Cobra.

Tanques y soldados estadounidenses durante la Operación Cobra.

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Iniciada el 18 de julio, a los dos días se hallaba detenida tras acaecer innovador 11 km y perdido 413 tanques. Esta vez Rommel le había hato la partida. Eisenhower estaba indignado, e incluso llegó a considerar la destitución del ególatra “Monty”. El genérico tejano, consciente del freno adicional que causaría poco comparable, no tomó tan drástica medida.

Donde sí hubo cambio de mandos fue en el costado germano. El día 17, el coche de Rommel fue ametrallado por un cazabombardero inglés, y el marcial, gravemente herido, fue sustituido por Von Kluge. El atentado de un camarilla de altos oficiales del Ejército contra el Führer el 20 de julio convirtió a uno y otro en sospechosos de formar parte del complot. Los comandantes de sector siguieron luchando con su habitual profesionalidad, pero la toma de decisiones se vio lastrada por el temor a que éstas fueran malinterpretadas en Berlín.

Cobra comenzó el 25 de julio, luego de un furioso hostigación. Bradley había donado órdenes muy precisas, en el sentido de abastecer intactas las carreteras que habían de sacar a sus hombres del bocage. Fue un fiasco, y causó numerosas bajas entre sus propios soldados. Un segundo hostigación resultó más eficaz. Esta vez el sistema defensivo germano quedó dislocado, y el genérico Fritz Bayerlein, superior de la Panzer Lehr, informó a sus superiores sobre su sensación: “El 70% de mis hombres están muertos, heridos, locos o atontados”.

Tras el paso de los aviones, dio eclosión el impetuoso ataque de las unidades acorazadas, que tenían orden de avanzar, aprovechando la momentánea desorganización del enemigo. El día 28, los tanques de Patton llegaron a Coutances, y dos días luego tomaron Avranches, dejando al descubierto el sistema de carreteras francés. Una vez rota la columna defensiva, en el interior de Bretaña no había tropas alemanas de importancia, y Bradley se dio pronto cuenta de lo que esto significaba.

Un M541 Stuart estadounidense camuflado de la 4.ª División Blindada (VIII Cuerpo) en Un M541 Stuart estadounidense camuflado de la 4.ª División Blindada (VIII Cuerpo) en Coutances.

Un M541 Stuart estadounidense camuflado de la 4.ª División Blindada (VIII Cuerpo) en Coutances.

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De acuerdo con Montgomery, y contra lo que establecía el plan genérico de los aliados, Bradley dio orden a Patton de detenerse y dirigir el craso de sus tropas con destino a el este para copar al 7.º Ejército germano. Fuerzas menores se encargaron de los aislados puertos bretones. Esta vez, “Monty” fue más expreso: “De ahora en delante, la organización genérico de los ejércitos aliados consiste en virar con destino a París y rebotar al enemigo con destino a el Sena”.

Para entonces, la capacidad operativa de las unidades alemanas se hallaba bajo mínimos. Hitler aún pensaba en devolver a los aliados al mar. Como primer paso de una más ambiciosa ataque, ordenó un contraataque, la Operación Lüttich, en dirección a Avranches para taponar la brecha. Sin requisa, sus pormenores fueron descubiertos por el sistema de decodificación anglosajón Intolerante, lo que permitió a los aliados organizarse con anticipación.

El contraataque comenzó el 7 de agosto en la zona de Mortain, con menos fuerzas de lo previsto y sin ningún apoyo ligero. La contundencia de los alemanes les proporcionó un cierto avance original, que no lograron consolidar por desliz de medios. Un nuevo peligro se cernió, encima, sobre las agotadas tropas del mariscal Von Kluge. 

Fuerzas canadienses con 600 tanques en punta atacaron desde Caen en dirección a Falaise, mientras el XV Cuerpo estadounidense, que había conquistado Le Mans, se dirigía a Alençon y de ahí igualmente a Falaise. Se abría así la posibilidad de cercar el craso de las fuerzas alemanas en el meta de Francia.

La bolsa de Falaise

En torno al 12 de agosto, la maduro parte del 7.º Ejército germano se hallaba en el interior de una bolsa en forma de herradura, de unos 64 km de dilatado por 21 de orondo. En el foráneo de esta bolsa se encontraban el 1.º Ejército norteamericano por el oeste, el 2.º anglosajón por el meta y el 3.º de Patton por el sur. El 1.º canadiense se dirigía a marchas forzadas a cerrar el hueco entre Falaise y Argentan, conectando así con el XV Cuerpo norteamericano del genérico Wade H. Haislip.

La situación de quienes se hallaban en la bolsa no podía ser peor. No solo estaban sometidos al ataque constante de la aviación aliada, sino igualmente al de la artillería de las distintas divisiones, pues no existía ningún punto de la bolsa que quedara fuera de su radio.

Günther von Kluge.

Günther von Kluge.

Bundesarchiv, Bild 146-1973-139-14 / CC-BY-SA 3.0

Para Von Kluge no había otra opción que la de retirarse. Así se lo hizo conocer a Hitler. La desliz de respuesta de un Führer que aún soñaba con contraataques hizo que Von Kluge ordenara la retirada antaño de percibir permiso, con lo que ganó unas horas vitales para sus hombres. La retirada comenzó el 16 de agosto.. El día mencionado, los aliados habían desembarcado en Provenza, en el sur de Francia, donde hallaron una débil resistor, puesto que la maduro parte de las fuezas alemanas habían sido trasladadas al meta, donde se dirimía la batalla principal.

Sería la última orden de Von Kluge. El mariscal de campo había sido llamado a Berlín como sospechoso de acaecer participado en el complot contra Hitler. Se envenenó con cianuro durante el trayecto tras conocer que sus hombres se retiraban en orden y según los planes previstos. Su sustituto, el mariscal Walther Model fue de la misma opinión que su malogrado antecesor, por lo que la retirada prosiguió.

La tarde del 19 de agosto, polacos y norteamericanos se encontraron en Chambois, cerrando la bolsa, aunque no con fuerzas suficientes. Al día futuro, los contraataques del II SS Panzer Korps permitieron que miles de soldados alemanes siguieran huyendo. Más de 40.000 se salvaron, aun a costa de perder la maduro parte de sus equipos. En su interior quedaron unos 10.000 muertos, 50.000 prisioneros e ingentes cantidades de material.

Unas veinticinco divisiones alemanas habían sido destruidas para siempre, y, lo que era más importante, el camino con destino a París quedaba vacuo. Por él se deslizarían sin demasiada concurso las unidades de la 2.ª División Blindada francesa, la conocida como División Leclerc, resueltas a alcanzar la renta francesa. 

Este texto forma parte de un artículo publicado en el número 542 de la revista Historia y Vida. ¿Tienes poco que aportar? Escríbenos a redaccionhyv@historiayvida.com.

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