“Maniquí, aunque de vez en cuando escribo”. Así se presenta en su Instagram Lucía Rivera, 23 abriles. Es un bellezón natural, pardo, fresco y robusto. Desde las páginas de La Vanguardia ha hexaedro visibilidad a la salubridad mental de los jóvenes. Hoy ve la vida en verde “porque voy recuperando esperanzas y el rosa sería cursi. El verde me da paz”, dice.
Ha aprendido a frenar, poco difícil, y más a su perduración y con su profesión: “Cuando mi cuerpo me pidió un stop, a través de la monotonía y las ganas de ausencia, vi que si seguía a ese ritmo, que hace que actuemos desde la inconsciencia, no iba a proceder la vida que quería. El estrés hace que nos perdamos por el camino”. Lucía sabe adónde va.
Saco mate que refleja la luz. Fórmula hidratante diaria con textura casi imperceptible. Vestido de popelina y collar de Dolce & Gabbana
Escribir un tomo, como sueño por cumplir; el cine, como desafío irresoluto; música y deporte, como subidón instantáneo de endorfinas… “Me niego a proceder en un mundo frenético en el que es casi inútil disfrutar de lo que vivimos. He empezado a ser mi mejor amiga y a intentar hacerme caso siempre”, afirma.
Asegura que “guardo mucho más de lo que enseño. ¡Y mira que enseño!” En las redes, su estilazo y ciudadanía inspiran, aunque ella no sea de las que ven la vida a través de las realidades paralelas de los filtros. “Ser guapa es poco muy relativo; hay muchas formas de belleza. Va por interiormente. Es una forma de expresión”, comenta.
Para una piel jugosa, hidratar y aplicar gotas iluminadoras en pómulo y tabique nasal. Corsé de popelina y pendientes de Dolce & Gabbana
Hija de la maniquí Blanca Romero y el torero Cayetano Rivera, ya no siente que tenga ausencia que demostrar por sus apellidos: “Inconscientemente puede que quede poco de esa preocupación, pero este cambio que todos notamos en Lucía es un regalo para mí, no para las expectativas del resto. A veces los apellidos te ahogan y desconectas de lo que te hace acertado”.
Entrena el cuerpo y asimismo la inicio: “El neurofeedback ha afectado un ayer y un posteriormente”, apunta. Y comparte sus herramientas contra la ansiedad: “Al principio quise que me recetaran pastillas, pero al retornar a terapia con otra psicóloga, me aconsejó meditación. No creía en ella, pero ahora cada vez siento menos que el mundo se me eche encima”, relata. Si asoma la ansiedad, pone su mano en el barriga y se centra en la respiración. “Es lo que mejor me funciona hace abriles”.
Arista rojos sobre rostro dorado. Pendientes de strass y corsé estampado de Dolce & Gabbana
Escribe de desaprender micromachismos, confiesa que ha sido “la mujer más machista conmigo misma” y que cuesta “soltar el peso de la autoexigencia”. Dice que “la vida de las mujeres es lo que más me preocupa”, y que “a veces me veo perdida en esta reproducción”. Tiene ganas de futuro. “No vamos a cambiar el mundo, pero el mundo no nos va a cambiar a nosotros”, dice su Instagram. “Estaba en el servilletero de una cafetería. Es un mensaje de resistor. Ser felices con nosotros mismos, que el mundo nos mejore, pero no nos cambie”, reflexiona.
Bálsamo con color con suaves toques que luego se difuminan con el dedo para acomodar la intensidad. Polo de seda de Dolce & Gabbana y lentes de Tradizione
Fotógrafo: Sergio Borondo
Estilista: Tamara Vekic
Producción: Emma Monreal
Maquillaje: Carmen de Juan-Roberto (Another Artist)
Peluquería: Olga Holovanova-Roberto (Another Artist)
Dirección creativa: Joana Bonet
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