La principal conculcación de derechos que se ha producido al utilizar el espionaje sin autorización legal a líderes independentistas y a miembros del Gobierno castellano, para asimilar sus movimientos, intenciones y deseos, es la privación de lo íntimo.
En los últimos abriles, una de las constantes del gimnasia de poder ha sido ir deslizándose paulatinamente en el espacio íntimo de los individuos, donde se desarrolla su singularidad, apelando a que es la forma de respaldar la seguridad y salubridad de los ciudadanos. A medida que el nosotros se ha ido imponiendo al yo, los antiguos comportamientos de los estados apoyados en la doctrina del adecuadamente común, la razón de Estado y la realpolitik han cogido un nuevo impulso al encargarse como responsabilidad política el cuidado del cuerpo humano y la cura de los ciudadanos. La cura no solo se refiere a los aspectos relacionados a la salubridad, sino igualmente a aquellos que se refieren a personas o grupos de personas que abrazan doctrinas políticas, religiosas o tecnológicas que pueden amenazar al poder del Estado con sus anhelos y acciones y, por lo tanto, deben ser curados en aras de asegurar el orden social.
El objetivo del espionaje, sin cobertura legal ni controles institucionales, es conocer todo, hasta el extremo detalle, de aquellas personas que consideran que van contra sus intereses. Esta forma de proceder al beneficio del control de las instituciones se basamento en la ocultación de sus propósitos y logros, y acaba generando un poder invisible que destruye el Estado al que dicen defender. No asimilar lo que ha ocurrido, apelando a razones de secreto de Estado, no solo tiene implicaciones políticas, sino que muestra la triste evidencia de que estamos permitiendo crear una sociedad donde se coarta la liberación de las personas; todos podemos ser objeto de espionaje por el adecuadamente común, priorizando la causa a los derechos individuales.

Todo lo que hemos sabido hasta ahora sobre el espionaje ilegal es preocupante, pues parece centrarse en asimilar la orientación sexual, el credo religioso o los pensamientos o ideales políticos, expresados en notas o comentarios. No debemos olvidar que no solo se han espiado conversaciones telefónicas, sino igualmente archivos, correos y redes sociales personales. La profanación de lo íntimo incide, más de lo que pensamos, en la civilización individual. La civilización individual no ha parado de crecer desde el Renacimiento, potenciando la singularidad, la liberación de creación, de pensamiento e incluso de opinión, que igualmente ha sido perseguida y censurada, sin poder doblegar a aquellos que pensaban y actuaban de una forma distinta a los parámetros impuestos por las ciudades/estados.
El espionaje, su proliferación y perfeccionamiento con herramientas como el sistema Pegasus, es el representación de un problema viejo, pues la sociedad empieza a aceptar que es necesaria la incumplimiento de lo íntimo por el adecuadamente común. Esta peligrosa concepción está alimentada por la certeza de que quien tiene un secreto tiene poco que ocultar.
Hemos de evitar que el interés común gobierne la vida pública por encima de los derechos del individuo
Cuando los individuos de una sociedad, sobre todo aquellos que tienen cargos públicos, empiezan a creer que para defender la democracia es necesario conocer los más íntimos detalles de la vida de una persona, se está propiciando un Estado policial que siempre necesitará asimilar más para reafirmar su autoridad. Poco importa los beneficios colectivos que se logren si se obtienen coartando las libertades individuales, entre ellas el derecho a la intimidad, pues, poco a poco, se acabarán espiando incluso los pensamientos, poco que ya algunos persiguen obtener utilizando la inteligencia químico.
No nos damos cuenta de que es tan importante cómo se han obtenido las informaciones como qué se ha obtenido. El cómo nos acerca a ver el impacto que tienen los avances tecnológicos en la destrucción de lo íntimo. Hoy somos vigilados por drones, cámaras de vigilancia y satélites. Son tecnologías en que se perfeccionan algoritmos y avances de la inteligencia químico para asimilar el modo y pautas de conducta de los individuos. El qué, la información obtenida de forma ilegal, nos sitúa en presencia de datos robados que pueden ser mal interpretados, manipulados y, consecuentemente, tergiversan la ingenuidad o, lo que es peor, pueden ser capaces de destruir a aquel que ha sido espiado.
El derecho a la intimidad es uno de los logros más importantes de la democracia. Debe ser restaurado por el Gobierno castellano para evitar que el interés común gobierne la vida pública por encima de los derechos del individuo.
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