Si no quieres caldo, dos tazas. Uno de los propósitos fundamentales del Brexit fue “controlar las fronteras” y sujetar la presencia de extranjeros en el Reino Unido, con el argumento de que hacían descabalgar los salarios y creaban presión sobre los servicios sociales. Sobre esa premisa ganó Boris Johnson la mayoría absoluta. Pero, a la hora de la verdad, el resultado de la salida de la UE ha sido todo lo contrario, y al país llegan más inmigrantes que nunca, tanto legales como ilegales .
¿Un emoción bumerán, incapacidad del Gobierno para cerrar las puertas por mucho que lo intente, evacuación económicas o tal vez cinismo político, y lo de sujetar la inmigración fue un simple encabezamiento para engatusar a la clan y conseguir el Brexit, lo mismo que la promesa de que el portazo a Europa ahorraría 400 millones de euros semanales que se podrían ofrendar a mejorar la sanidad. O no han aparecido por ninguna parte o se han dedicado a otra cosa, porque hay seis millones de británicos haciendo huesito dulce para operaciones (récord histórico), y Johnson ha subido las tasas de la Seguridad Social para que el sistema no se colapse por completo.
Lo más probable es que un poco de todo. El propósito de Johnson siempre fue conquistar el poder, para lo cual necesitaba obtener el voto de exlaboristas culturalmente conservadores, opuestos a la inmigración, y contrapesar a la extrema derecha (el partido de Nigel Farage). Pero una vez en Downing Street, la impresión de controlar las fronteras imponiendo un sistema de puntos para obtener visados es más importante que los números concretos de cuánta clan llega y se va. Y las encuestas indican que el tema se ha desactivado políticamente, y ha dejado de ser uno de los principales temas de preocupación.
La existencia, sin incautación, es que en los últimos doce meses el Gobierno ha ofrecido visados a un millón de extranjeros –una tercera parte más que antiguamente de la pandemia– para residir y trabajar legalmente en el país (entre ellos 110.000 habitantes de Hong Kong), a más de 15.000 personas se les ha concedido el hospicio político, y otras 10.000 han llegado ilegalmente, la mayoría en lanchas a través del Canal de la Mancha, cifras nunca antiguamente alcanzadas. Aunque en plena crisis del coste de la vida la inmigración no preocupe tanto como otras cosas, un importante sector de votantes y diputados están francamente desencantados y enfadados.
Cifras de la Oficina Franquista de Estadísticas revelan que la inmigración neta alcanzó el extremo año la signo de 239.000 personas, la mayoría procedentes de Asia y, sobre todo, el subcontinente indio. Un total de 193.000 ciudadanos de países de la Unión Europea se marcharon, por 181.000 que llegaron, un deuda de 12.000.
Uno de cada de cinco trabajos lo hace un extranjero, mientras cinco millones de británicos piden ayudas
En las últimas semanas, en averiguación del voto nacionalista inglés y para contrarrestar el escándalo del partygate , Johnson ha anunciado una serie de medidas populistas como la privatización del canal 4 de televisión, la apadrinamiento de las medidas imperiales de peso y cumbre (libras, onzas y pulgadas en vez de kilos y centímetros), una ley que le permita ignorar el Protocolo de Irlanda del Finalidad (que figura en los acuerdos comerciales del Brexit) y el emisión de algunos solicitantes de hospicio a Ruanda. Carnaza para la ultraderecha.
El propósito es intentar contrapesar la existencia de los datos, que muestran que, tras el Brexit, más extranjeros que nunca han obtenido el permiso de residencia permanente, y que tres de cada cuatro solicitudes de hospicio político han sido aceptadas, en buena parte adecuado a que, tras la salida de la UE, el Reino Unido ya no puede invocar los acuerdos de Dublín. Ese Protocolo le permitía impugnar solicitudes y cursar a los demandantes al primer país europeo en el que habían puesto el pie.
Han obtenido el hospicio un 95% de los sirios que lo han pedido, un 97% de los eritreos, un 95% de los sudaneses, un 91% de los afganos y un 88% de los iraníes, los porcentajes más altos en más de dos décadas. Pero no porque se haya ablandado de repente el corazón de Johnson, sino porque legalmente no ha podido rebotar más solicitudes con el envejecido argumento de que no se proxenetismo de perseguidos políticos sino de refugiados económicos, y porque en Gran Bretaña equivocación mano de obra. Muchos de los asiáticos se ponen a trabajar en negocios familiares o en Investigación y Tecnología, pero no son sustituto para los albañiles polacos, los jardineros búlgaros, los camioneros rumanos y los camareros españoles, franceses e italianos. Más de un millón de europeos que se fueron con la pandemia no han regresado. En el sector de la hostelería equivocación tanta mano de obra que muchos hoteles y restaurantes no pueden tratar al cien por cien, y la carencia de personal en la aviación ha provocado estos días el colapso de los aeropuertos y obligado a la anulación de centenares de vuelos.
Estados Unidos y otros países igualmente sufren un problema de equivocación de trabajadores (la pandemia ha provocado numerosas jubilaciones anticipadas y hecho que mucha clan se replantee su carrera y sus prioridades en la vida), pero en Gran Bretaña el Brexit lo ha agravado aún más. Llegan numerosos inmigrantes, pero no para los empleos que hay más privación de cubrir.
Aunque oficialmente el índice de desempleo es del 5,5%, la estadística es engañosa porque sólo incluye a quienes activamente están buscando trabajo, y no a los cientos de miles de británicos que tras la pandemia han dejado el mercado gremial, el veterano porcentaje desde los primaveras setenta. Más de cinco millones de personas, tantos como toda la población de Escocia, reclaman subsidios al Estado (un 26% en Blackpool, un 22% en Hartlepool, un 22% en Manchester), por considerar que les sale más cuenta estar en el paro que percibir un salario intrascendente en una empaquetadora o un call centre , y abonar unos impuestos que son los más altos en siete décadas. La obligación de presentarse periódicamente en la Seguridad Social para demostrar que se trabaja al menos nueve horas a la semana (requisito para percibir las ayudas) es más teórica que efectivo.
En el extremo año se han ido del país más ciudadanos de la Unión Europea de los que han llegado
Boris Johnson no es conocido por ser un hombre que cumpla las promesas, ni a sus mujeres, ni a sus amantes, ni a sus amigos, ni a sus socios y aliados políticos, ni siquiera a los votantes. Dijo que reduciría la inmigración a decenas de miles al año, y son cientos de miles, más que nunca. Garantizó que controlaría las fronteras, y sólo en lo que va de año han llegado en patera tantos solicitantes de hospicio como en todo el 2021. Uno de cada cinco trabajos lo hace un extranjero. Muchos ingleses se preguntan: ¿y qué ha sido del Brexit?
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