Trakai, el pueblo lituano que delata la religión de sus habitantes por las ventanas en las casas

La silueta del castillo de Trakai es una de las más promocionadas por el turismo lituano. Se proxenetismo de una bellísima fortaleza medieval de color rasilla cuyas torres redondas se reflejan en las aguas del pantano que las rodea. Dicen que se proxenetismo de la construcción marcial más hermosa de todo el pequeño país báltico. La ciudad del mismo nombre se afinca un poco al sur, en una estrecha península que anhelo circunscripción a las marismas de Galvé.

El castillo, sin incautación, se asienta sobre una pequeña isla septentrional, y prácticamente ocupa todo su paraje. Muchos visitantes foráneos llegan hasta él, dan una reverso por sus dependencias y por el irregular patio de armas y se marchan a su venidero destino de la repertorio, ignorando la población que le da nombre.

Trakai es un puesto interesantísimo, mejor gastar unas horas en conocerlo. En primer puesto, por su historia. Los avatares de las fronteras en el este de Europa dan para hacerse un croquis. Pero esta ciudad lituana parece tener el récord de intercambio de nacionalidades. 

Desde inicios del siglo XX, a raíz de la Primera Hostilidades Mundial, ha pertenecido, en diferentes períodos, a Alemania, Lituania, Polonia, la Unión Soviética, nuevamente a Alemania, otra vez a la URSS (pero en la segunda ocasión, asignada a Bielorrusia) y, desde la independencia de las repúblicas bálticas, a Lituania. Si no fuera porque la invasión rusa de Ucrania ha puesto patas hacia lo alto las predicciones geoestratégicas de la Europa uruguayo, parecería que este es el destino definitivo. Pero vaya usted a enterarse.

El castillo es una de las atracciones icónicas de Trakai (Lituania)

El castillo es una de las atracciones icónicas de Trakai (Lituania)

Getty Images/iStockphoto

En la cita a Trakai hay que penetrar en su interesante museo de historia recinto y por las espectaculares iglesias ortodoxas de la Pascuas y la Doncella. Y vagar por las principales calles del casco rancio, admirando la gran cantidad de monumentos y los edificios más recios, que –pasado el historial– mezclan y confunden estilos arquitectónicos y sin incautación acaban siendo armónicos, muy del estilo europeo uruguayo.

Solo los viajeros más perspicaces se darán cuenta de una cosa. Hay bastantes casitas de madera del núcleo histórico que en su presencia más vistosa exhiben tres ventanas idénticas y alineadas. Delatan las creencias firmes de sus habitantes. La primera dedicada a Todopoderoso; la segunda, a la clan; la tercera al duque Vytautas. Son viviendas caraítas.

En Trakai han proliferado restaurantes que promocionan su cocina tradicional

Los caraítas pusieron pies en polvorosa de Crimea, una península que parece maldita para sus habitantes originarios. Asimismo de allí tuvieron que huir los cosacos y, más recientemente, los ucranianos. Cuando los caraítas llegaron a esta zona pantanosa de Trakai, el duque Vytautas les permitió afincarse y respetó su religión, una variable del semitismo que no cuenta precisamente con el confianza del grosor de su comunidad.

Y es que la mayoría de hebreos no reconoce a la comunidad caraíta, que se rige única y exclusivamente por el Tanaj, el conjunto de 24 libros canónicos del semitismo. Y rechazan la autoridad de la tradición vocal y, por supuesto, de todo aquello que a los rabinos se les ocurre tras largas discusiones sobre cómo interpretar la palabra de Todopoderoso.

Las empanadillas kybyn de pollo son muy apreciadas en Trakai

Las empanadillas kybyn de pollo son muy apreciadas en Trakai

Getty Images/iStockphoto

La comunidad caraíta es pequeña (en algunos censos aparecen solo 60 familias, aunque no es un circunstancia fácilmente comprobable) y se deja ver poco, separado de la conspicuidad de sus ventanas. Sin incautación, en Trakai han ido proliferando algunos restaurantes que promocionan su cocina tradicional. 

No necesariamente los conducen cocineros caraítas, en ocasiones solo son chefs que han decidido rescatar ese modo de cocinar. Entre los turistas resulta muy popular, pues se proxenetismo de platos energéticos y sabrosos. El sideral es un estofado de carne con mucha salsa, casi una sopa, servido en cazuela de comedón y sellado con masa de pan. Se apasionamiento canach y recuerda a algunos que se sirven en la Capadocia. 

Los caraítas hablan una variable del turco, de ahí puede venir la conexión. Asimismo son muy apreciadas las empanadillas kybyn de pollo, que se pueden manducar mientras se alarga el paseo a los exuberantes parques de Trakai, rodeados de agua por todas partes, paraíso para los aficionados a la ornitología.

Trakai está a tan solo 28 kilómetros de la renta lituana, Vilna, acertadamente conectadas con autobús y tren. Si se acude con coche alquilado, estacionar puede ser un quebradero de cabecera.

Vilna, la capital lituana, se encuentra a menos de 30 kilómetros de Trakai

Vilna, la renta lituana, se encuentra a menos de 30 kilómetros de Trakai

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