Dialogar y ser escuchado en una época donde lo dócil es apurar cada equis segundos en las musarañas electrónicas, está propiciando formas de comunicación llamativas, como la hipnosis conversacional. Un flamante tomo, Neuro oratoria (Alienta), obra de Jürgen Klarić, un comunicador que cuenta con ocho millones de seguidores en las redes sociales, propone nuevos caminos para cautivar la mente de quienes escuchan.
El propósito, dice este norteamericano de padres bolivianos, es cambiar por completo la percepción de lo que significa ser un buen orador. Para tal fin, propone calibrar la voz, comunicar con todo el cuerpo, vestir de irritado en las presentaciones, usar en los PowerPoint la letrilla Helvética (“poco similar a resistir los zapatos apropiados”, escribe), tener un estilo distintivo (Klarić usa calcetines lilas en las conferencias para alentar su marca personal) y enterarse cuál es exactamente el mensaje a trasmitir.
El jerigonza no verbal es tan importante como el jerigonza verbal
El telón de fondo es la dificultad de permanecer la atención más allá de un pequeño sorbo de tiempo. En ingenuidad, nadie sabe cuánto. Hay estudios que sostienen que el periodo de atención sostenida ha decaído por la sobreinformación y el deseo de estar siempre conectado. Pero todavía hay expertos que cita Klarić en su final tomo, caso de Gemma Briggs, profesora de Psicología en la Open University (Reino Unido), que entienden que se tráfico de una idea errónea difundida a través de los medios de comunicación, en tanto todo depende del tipo de tarea que se esté realizando.
Pese a no saberse con certeza cuál es el tiempo mayor que hoy día puede estar la familia verdaderamente concentrada, el refrán “lo bueno, si breve, dos veces bueno” está más vivo que cuando lo acuñó Baltasar Gracián en el Siglo de Oro.
Si hasta hace poco eran habituales las presentaciones de entre 30 y 60 minutos, la tendencia presente es la concisión extrema. Fruto de ello, comienzan a surgir formatos nuevos, como el elevator pitch o charla casual de montacargas. “El montacargas de la Escuela Europea de Oratoria tarda 35 segundos desde la planta 17 a la menos tres. Se tráfico de intentar explicar en este tiempo qué es lo que te hace diferente”, explica Pérez de las Heras en TikTok a sus 486.000 seguidores. Se tráfico de una progreso del Pecha Kucha, una expresión japonesa que significa “cuchichear” y que surgió en 2003, cuando un par de arquitectos, cansados de las soporíferas y larguísimas presentaciones de sus colegas, propusieron un nuevo formato más ágil y rápido. Se trataba de presentar 20 diapositivas que pasaran solas cada 20 segundos. Es opinar, hacer la presentación en 6 minutos y 40 segundos, como tope. No obstante, a algunos les sigue pareciendo demasiado tiempo. Tal vez por ello, ahora se lleva el Ignite (en inglés, encender), esto es, encender a cualquiera en 5 minutos escasos. Hay muchas webs que informan sobre las presentaciones PechaKucha o Ignite que se celebran en cada ciudad de la península e islas. En algunos de estos eventos, diez oradores comparten sus pasiones en exactamente 5 minutos. “En la Escuela Europea de Oratoria hemos seleccionado el Ignite como experiencia de fin de curso para nuestros alumnos avanzados”, explica Pérez de las Heras.Presentaciones cada vez más cortas
Siquiera hay dudas sobre que el prefijo “neuro” es tendencia, a dictaminar por la profusión de palabras que comienzan a incorporarlo: neurocarisma (las nuevas técnicas que persiguen mejorar la capacidad de liderazgo de las personas), neuromarketing, neurocoaching, neuronutrición (el cerebro se conforma a imagen y referencia de lo que se come), neuroventas, neuromoda, neuroarquitectura (el conjunto de investigaciones acerca de cómo la edificación afecta al estado de humor) y, ahora, neuro oratoria.
Sin incautación, no todo el mundo está por la punto de seguir engrandeciendo a las neurociencias. “En cada momento histórico se produce un cierto papanatismo con algunos conceptos y ahora lo estamos viviendo con lo neuro”, indica Lluís Pastor, profesor de Comunicación Social y Persuasión en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Para este avezado, hay dos medios en la nueva oratoria que conviene tener presentes para poder aspirar a ser escuchado: ser claro, “porque, si no se entiende, no es posible vislumbrar ni la atención ni el tiempo de nadie”, explica, y suscitar interés. “La oratoria no es más que el deseo de venir al sabido y cambiar su modo de pensar. Pero, para ello, tener buena voluntad no es suficiente: hay que conocer qué técnicas pueden conseguirlo”, alerta.
Estas técnicas son todavía conocidas por Mónica Pérez de las Heras, probablemente la persona que imparte más charlas en España sobre cómo platicar en sabido. Según la autora de libros como “¿Estás comunicando”, “El secreto de Obama”, “Escribe, deje, seduce” u “Oratoria con PNL”, lo que más está cambiando es la carestia de “colorear las intervenciones”.
Es opinar, no solamente proveer información sobre un tema cedido, sino todavía una sucedido que hizo resultar como un tonto, una experiencia propia, un regalo o cualquier otra cápsula emocional que provoque empatía o entretenga. “Es como si nuestra presentación fuera en blanco, en irritado y estos medios contribuyeran a darle color”, manifiesta.
El periodo de atención sostenida ha decaído por la sobreinformación y el deseo de estar siempre conectado
Uno de los consejos de la directora de la Escuela Europea de Oratoria es desobstruir la intervención con una patada voladora (es opinar, con un pico emocional stop) para conseguir lo más difícil: que el sabido no se quede en babia a las primeras de cambio. “Retentiva que hace poco una cirujana plástica que debía intervenir en un congreso me pidió que la ayudara a apañarse un buen inicio y su primera frase fue: No todo el mundo tiene derecho a botox ", relata sobre la conveniencia de entablar con una sentencia impactante.
Pérez de las Heras no tiene tan claro, en cambio, si es buena idea hastiar a los asistentes con un despliegue de diapositivas, vídeos y gráficos. “Steve Jobs decía: si sabes de lo que hablas, no necesitas PowerPoint”, indica sobre este software de presentación que empieza a caer en desgracia en empresarios como Jeff Bezos, tras prohibido en las reuniones de Amazon. Para Klarić, “se tráfico de compartir con el sabido poco que pueda ayudarle en su vida” y no de impresionarlo con hermosas imágenes y un sonido envolvente, “ya que para eso ya está el cine y la televisión” detalla en “Neuro oratoria”.
Hace vigésimo abriles TED era una conferencia anual asaz oscura que se celebraba en Vancouver (Canadá). Ahora, en cambio, es una marca integral y sus charlas son descargadas por millones. Por este motivo, las conferencias TED se han convertido en un cómputo para conocer cuánto tiempo se mantiene concentrada la audiencia. La tutela oficial de TED para platicar en sabido, aclara que el confín de duración de 18 minutos “garantiza, por un costado, permanecer la atención del sabido y, de otro, hace que las charlas sean lo suficientemente precisas como para que se las tome en serio”. Sin incautación, empiezan a aparecer charlas de 3 minutos, como una en la que el investigador Richard St John condensa abriles de entrevistas y, en tan solo 180 segundos, señala el secreto para tener éxito, u otra de Matt Cutts, un ingeniero de Google, que demuestra los beneficios de intentar poco nuevo durante 30 días. El formato Three Minute Proposición (disertación de tres minutos) desafía a los jóvenes investigadores a presentar materias complejas en un jerigonza adecuado para una audiencia no especializada en 3 minutos y una sola diapositiva (poco así como un PowerPoint inmutable). El método surgió en la Universidad de Queensland (Australia) y se ha extendido a Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos, entre otros países.Las charlas TED encogen de tamaño
El telón de fondo es que solo una pequeña parte del discurso se recuerda al poco de ser pronunciado. Para impedirlo, el fondo (el jerigonza no verbal) es tan importante como la forma. Ahora aceptablemente, se coincide en que conceptos como la hipnosis conversacional o el yudo mental resultan exageraciones. “Son conceptos que cualquiera ha puesto a cosas que se imagina. Son metáforas, porque la comunicación no hipnotiza a nadie en el sentido igual”, recuerda Pastor.
Si se tráfico del texto, algunos expertos en oratoria recomiendan descubrir la teoría del iceberg que ensayó Ernest Hemingway en algunas obras. El autor de El añejo y el mar escribía sus relatos desde el principio hasta el final, y luego eliminaba hasta el 80% del contenido, dejando nada más lo esencial. Gracias a esta técnica, Hemingway conseguía que sus historias dejaran el poso de un poema: cuando se leían, tocaba la fibra de sus lectores, aunque ellos desconocieran cómo.
A su vez, lo que se dice es más o menos recordado en función de cómo se dice. Esto significa guiñar con las manos (según Pérez de las Heras, “nunca es demasiado”), propalar miradas a los asistentes al acto en forma de Z o de M (en circunscripción de fijar la panorámica en un punto indeterminado del fondo, como se recomendaba hace un tiempo) y conocer que lo que más engancha hoy día es compartir emociones o, si se prefiere, adornar el discurso racional con mensajes dirigidos al subconsciente. Algunos expertos en oratoria recomiendan, por ejemplo, encima de hacer pausas de tres segundos en momentos estelares, utilizar un tono de voz más stop y poco rápido para contar anécdotas o cosas divertidas, y una voz más disminución y tranquila para relatar lo más emocional.
Uno de los mejores en estas lides era Barack Obama, al que cierta parte de la prensa anglosajona denominaba durante su mandato el “nuevo Cicerón”, en honor a uno de los padres de la oratoria y la retórica. Pastor dedicó un capítulo del tomo Si un lleó entrés en uns grans magatzems (Ara Llibres) a Obama, cuando estaba en el poder. “Él hacía misas laicas. El slogan que nos ha quedado de él es una retahíla: Obama decía, ´sí, podemos´, y la familia repetía, ´sí, podemos´. Esto es difícil de copiar”, recuerda este profesor que imparte el curso Expresión Verbal y Escrita de 150 horas de duración en la UOC. “Obama todavía mezclaba conceptos abstractos (como “soltura” o “futuro”) con cosas muy concretas (“los norteamericanos de Wisconsin”) para arraigar en la ingenuidad”, informa.
En cuanto a Cicerón, sus intervenciones comenzaban con el exordium, una inclusión destinada a vislumbrar la atención. Por otra parte, concedía gran importancia a la “simpatía” de cara a identificarse emocionalmente con sus oyentes, valoraba la fuerza persuasiva del humor, apreciaba la novedad como valencia estético, ensalzaba la voz potente de los trágicos, así como el aspecto expresivo de los actores. Es opinar, concedía tanta importancia a lo racional como a lo emocional.
“Las técnicas básicas de comunicación interpersonal fueron descritas hace más de dos mil abriles y no ha habido grandes avances”, valora Pastor. “Lo más nuevo es el descubrimiento de las neuronas espejo y los medios subconscientes que intervienen en la comunicación”, dice.
Hay quienes buscan pistas no verbales sobre la presentación perfecta. En una antigua charla TED, Sebastian Wernicke, bio informático y consejero corporativo, sistematizó aquellas ponencias con decano poder para vislumbrar la atención del sabido. A su litigio, las mejores intervenciones tocan temas con los que es posible conectar fácilmente, sin dejar de tener profundidad. Asimismo, Wernicke confirma que “el visual más potente es el propio orador” y que los preferidos por el sabido tienen el pelo más extenso, llevan quevedos y van poco más arreglados. Pero el referencia más maniático es que las charlas favoritas de la audiencia son un 50% más largas que las que menos gustan.Cuestión de imagen
Asunto diverso es qué hay que hacer en caso de quedarse en blanco. Lo que hace Pérez de las Heras, es ceder la palabra al sabido presente para que exprese su opinión sobre el tema tratado, mientras ella intenta recuperar la hebra perdida. Otra sugerencia es no intentar memorizar el texto, sino trazar un atlas visual, con la materia a tratar en el centro y ramificaciones que funcionen como ideogramas. A partir de ahí, se tráfico de repasar la intervención durante los días previos, empleando en cada ocasión palabras distintas, para no encadenarse a unos términos en concreto.
Finalmente, los expertos no creen buena idea tomar pastillas betabloqueantes para perder el miedo a equivocarse, a hacer el ridículo, a ser audiencia, etc. “Las pastillas para estar más tranquilo crean dependencia y luego ya no puedes estar sin ellas”, avisa Pérez de las Heras.
De abortar los anteriores consejos y apurar predicando en el desierto, el consejo es apuntarse a un curso. “Los básicos duran doce horas intensivas”, apunta la directora de la Escuela Europea de Oratoria.
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