La tierra es una cuestión política, de poder. Así lo entiende Francia, desde hace muchos primaveras, y por eso intenta resistirse, con éxito desigual, a la imparable penetración del inglés y al surgimiento de un idioma mestizo, el llamado franglais , sobre todo en ámbitos como la patrimonio, la tecnología, la ciencia o el deporte. La última batalla por la pureza gramática ha sido la nuevo atrevimiento del Tarea de Civilización de imponer términos franceses en el pujante sector de los videojuegos. Así, en motivo de pro-gamer deberán charlar de joueur professionnel. Un streamer será un joueur-animateur en direct . Está por ver si, en la ejercicio, van a imponerse estos términos francófonos en una argot que lleva ya primaveras extendida a escalera planetaria.
La defensa del propio idioma frente las injerencias foráneas es una expresión más de una filosofía doméstico muy consolidada que pone mucho fuerza en la autonomía estratégica de Francia, en su autogobierno de maniobra en el concierto de las naciones. Fue ese espíritu el que llevó al normal De Gaulle, hace más de sesenta primaveras, a crear una fuerza de disuasión nuclear y una industria armamentística independientes. Con matices, esa política se ha mantenido hasta hoy, tanto si ocupaba el Elíseo un presidente de derechas como de izquierdas. Forma parte del ADN colectivo.
Las nuevas normas para afrancesar la argot de los videojuegos son la última batalla de la pureza gramática
Quizás el flagrante presidente, Emmanuel Macron, por una cuestión generacional y de formación, es el menos rígido en la cuestión idiomática. Ningún otro caudillo de Estado se había manejado con tanta soltura en inglés. Le gusta charlar de Francia como país renovador, una start-up nation . La conferencia anual para atraer inversión extranjera se denomina, en inglés, Choose France (escoged Francia).
La nueva reglamento sobre los videojuegos ha llegado pocos meses luego de un referencia de la prestigiosa Agrupación Francesa que alertaba de la situación crítica del francés frente a la avalancha de anglicismos en la comunicación de las instituciones y los organismos públicos, de las universidades, museos y empresas. El estudio denunciaba que a menudo ha dejado de aplicarse la ley Toubon, de 1994, que fijaba multas de entre 135 y 750 euros a las personas que contravinieran la obligación de usar el francés en anuncios, inscripciones y documentos de diversa índole. La paquete podía emerger a 3.750 euros, en casos graves y reincidentes, para las personas jurídicas.
La imposición del francés en todo el comarca, conexo a la escuela pública, han sido instrumentos fundamentales, desde la Revolución Francesa, para el fortalecimiento del Estado indivisible y de la conciencia doméstico. Aún hoy es motivo de periódica tensión el deseo de las minorías bretona, vasca, catalana, alsaciana, occitana y corsa de enseñar sus lenguas en las escuelas. Macron ha distinguido en ocasiones de forma muy clara, aludiendo a Córcega, entre el bilingüismo y la cooficialidad. El primero lo acepta; la segunda, no. Considera que la tierra de la República es el francés, un punto no negociable.
La Ordenamiento Internacional de la Francofonía, que une a 54 países, celebra cumbres que son un valioso útil diplomático. Si la Agrupación Francesa es la guardiana de las esencias culturales, las cumbres suponen el vector geopolítico.
La influencia angloamericana genera especiales recelos en la Agrupación Francesa, cuyos miembros son llamados “los inmortales”. Fundada por el cardenal Richelieu en 1635, la sociedad es la guardiana de las esencias. En una nuevo entrevista con Le Figaro , la secretaria vitalicia de esta institución, Hélène Carrère d’Encausse (eminente historiadora, doble en la URSS y Rusia, de 92 primaveras) alertó del “peligro de asesinato” que supone el franglais . Según ella, es “una dislate” y “una abdicación” que se acepte con tanta velocidad la invasión de términos angloamericanos en el vocabulario investigador, de la civilización y de la información. A la sociedad le indigna, por ejemplo, que la filial de bajo coste de la compañía estatal de ferrocarriles se llame Ouigo, acreditado franglais , pues se pronuncia igual que we go . A litigio de Carrère d’Encausse, ese uso masivo del inglés provoca una fractura social y generacional y aleja todavía más a las élites del resto de la sociedad.
Hélène Carrère d’Encausse
La vida, el nivel docente y la renta influyen en la decano o último tolerancia del franglais. Según una sondeo, dos tercios de los franceses son partidarios de una ley que garantice el uso del propio idioma en la sociedad. En cuanto al empleo del inglés en la publicidad, los más indiferentes son los cuadros superiores y los menores de 39 primaveras. Los más hostiles son los mayores de 70 primaveras y quienes no poseen título universitario.
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