Es una arenga universal que no precisa traducción. Ya forma parte del diccionario del tenis, de la historia del deporte. “¡Vamos, Rafa!” une a los aficionados que admiran a Nadal en todo el mundo. La interjección se escuchó ayer, de nuevo, centenares de veces, en el estadio Philippe Chatrier. Casi en cada punto del partido.
Entre los peregrinos del santuario de Roland Garros había cuatro pediatras de origen filipino y residentes en diversas ciudades de Estados Unidos. “Venimos solo por Rafa”, explicó Ian. “Lo he manido pugnar en Australia, en Wimbledon y en el US Open”, agregó. El delirio a París y las entradas le supusieron “al menos 5.000 euros”, que dio por acertadamente empleados. Su colega Maria desgranó los motivos de su apego por el mallorquín: “Es un deportista con mucha pasión y, a la vez, humilde. Controla sus emociones. Todavía no ha roto nunca una pala. Je, je”.
La humildad es, sin duda, la cualidad que más se aprecia en Nadal, quizá por encima de sus prestaciones como tenista. “¿Qué me fascina de Nadal? El deportista y el hombre”, resumió Brigitte, una secretaria de Grenoble que recibió la entrada de la final como regalo de cumpleaños.
Cuando Nadal dijo que la conquista le daba energía para seguir, el estadio fue un clamor
“Rafa es la combinación de la donosura, la humildad y un talento sin igual –opinó Valerie, una abogada venida de Nueva York solo para la ocasión–. Es el más ilustre de todos los tiempos”. “Los estadounidenses amamos a la multitud que trabaja duro”, terció Christopher, el marido. “Y sigue viviendo y pagando los impuestos en España, no como otros”, apostilló Víctor Hugo, médico portorriqueño residente en Miami.
A Peer, un chavea de Amsterdam, lo que más impresiona de Nadal es “su amistad a la multitud” y su prodigiosa capacidad para sobreponerse: “Si va por detrás en el grabador, entra en combustión. Es entonces cuando se ve al seguro Nadal, su embeleso”.
Joselyne y Vennis, amas de casa chinas, volaron desde Hong Kong para asistir al torneo. Lo hicieron, en primer circunstancia, para ver a Nadal. “Es un maniquí de conducta en el mundo impasible, sobre todo para los niños”, destacó Joselyne.
Nadal rinde hasta a los incondicionales de Djokovic, como Dragan, un dentista serbio que vive en Suiza. No escondía su engaño por la aniquilación de su ídolo en cuartos de final. “Es verdad que Novak no cae tan simpático, pero creo que en parte es por motivos políticos, por ser serbio”, sostuvo Dragan. En la final, su corazón estaba con Nadal. “Me siento más próximo, por mentalidad, por idiosincrasia, que con el noruego”, razonó. Muchos interlocutores confesaron estar en París por el temor de que Nadal se retire pronto. Querían apurar el placer de verlo pugnar y rendirle homenaje. Por eso, cuando, tras acoger el trofeo, dijo que la nueva conquista le daba energía para “seguir luchando”, el estadio fue un clamor. Era el mensaje más deseado.
Rafa Nadal posa conexo a la copa de campeón de Roland Garros
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