Barcelona se ha convertido en un lamentable espejo del incivismo urbano. Un paseo por las principales avenidas de nuestra ciudad nos muestra el pintarrajo en que se han convertido los establecimientos comerciales, víctimas de los pretendidos artistas del grafiti desconocido.
Asimismo de las fachadas, monumentos y demás enseres urbano. Cualquier calle es informante de esa impunidad grafitera, barbarie del incivismo urbano que ni los posibles municipales han rematado ganar tiempo. Aunque no parece tan difícil: las patrullas podrían realizar con la misma nocturnidad que los artistas del espray clandestino.
Jordi S. Berenguer Milá
Suscriptor Barcelona
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