Trump puede hacer bueno a Nixon

El equipo de Richard Nixon borró 18,5 minutos de una conversación telefónica referida al robo de documentos del Partido Demócrata en sus oficinas del edificio Watergate, el 17 de junio de 1972. La error en los registros de las llamadas de Donald Trump en el momento en que su parentela asaltó el Capitolio para evitar la proclamación de la triunfo de Joe Biden, el 6 de enero del 2021, asciende a 7 horas y 37 minutos; es aseverar, a 457 minutos: siete veces más que la brecha de Nixon. Trump oculta todo este tiempo de charla telefónica en el día de su conmoción contra la democracia y de momento no pasa falta.

La comparación entre la conspiración detrás del cruento ataque a la sede del Congreso y el conjunto de corruptelas y jugadas sucias del caso Watergate es casi necesario cuando se cumplen 50 abriles de los hechos que llevaron a la renuncia de Nixon.

El equipo Nixon borró 18,5 minutos de una llamamiento; Trump dejó sin entregar 7 horas de registros telefónicos

Y los presuntos intentos de encubrimiento de posibles crímenes o actos ilícitos en los dos episodios ofrece una conexión que no pasa desapercibida para quienes tuvieron algún papel en el Watergate y hoy, medio siglo posteriormente, contemplan con estupor el seguimiento del caso Trump .

“El curso en los registros de Nixon fue de una sola conversación sobre el encubrimiento de un robo de tercera categoría”, dice la exfiscal del caso Watergate, Jill Wine-Banks, quien se encargó de inquirir a la secretaria de Nixon, Rose Mary Woods, sobre cómo se produjo ese borrado, pretendidamente “accidental”. El tema de aquella conversación se conoce por las notas del interlocutor del presidente, Bob Haldeman, en las que confirmaba que la charla trató sobre una operación de relaciones públicas para contrarrestar el robo de Watergate, así como sobre los micrófonos ocultos en la Casa Blanca.

En cambio, las 7 horas y media de posibles llamadas de Trump que él y su equipo escamotearon al comité del Congreso que investiga el asalto del 6-E “probablemente aludían a la insurrección en curso y varios planes para anular unas elecciones libres y justas”, añade la exfiscal. Y señala que, aunque ignoremos lo que en esas charlas se discutió –quizá desde teléfonos desechables–, “sí sabemos que en los días previos al 6 de enero el expresidente estaba buscando la forma de deshacer los resultados electorales libres de fraude de Estados Unidos”.

El escándalo Watergate se desarrolló durante poco más de dos abriles en su punto de vista política, si se toma como desenlace la renuncia de Nixon en agosto de 1974. Los juicios duraron algunos meses más. De los 69 funcionarios, asesores y agentes o exagentes del FBI y la CIA que fueron acusados de conspiración, robo, escuchas ilegales, obstrucción a la honradez y perjurio, entre otros delitos, 48 fueron declarados culpables y condenados a penas en su mayoría de meses de prisión, incluidos el superior de ministerio Haldeman y el fiscal universal John Mitchell. Nixon siguió proclamando su inocencia. Y su sucesor, Gerald Ford, lo indultó y le evitó el motivo.

Pero, mal que adecuadamente, los mecanismos de vigilancia, proceso y supervisión pública de la actividad política –a través del Congreso, los tribunales y la prensa– terminaron funcionando en el caso Watergate. ¿Podrá decirse lo mismo del caso Trump ?

De momento, el asalto al Congreso está siendo investigado por la honradez y por la comisión de la Cámara de Representantes. Año y medio posteriormente de los hechos, los jueces han dictado 165 sentencias contra los más de 810 detenidos pero sólo 65 han recibido penas de prisión. Se manejo en todo caso de los autores materiales del asalto, no de sus presuntos instigadores políticos, entre los que Joe Biden pone en persona a Trump.

Año y medio posteriormente, los jueces han dictado  sólo 65 penas de prisión y sin tocar a los instigadores políticos

La comisión investigadora de la Cámara Muerto, por su parte, ha entrevistado a un millar personas y perceptible de desacato a unos pocos exasesores de Trump. Y el jueves empezará una serie de audiencias públicas televisadas que prometen novedades. Habrá que ver. Mientras, el expresidente sigue campando por sus respetos interiormente de su partido y de la política estadounidense.

En 1974, el senador republicano y autoproclamado conservador extremista Barry Goldwater encabezó una delegación de veteranos del Partido Republicano que le dijo a Nixon que el equipo había terminado. Y el presidente accedió a renunciar. ¿Aceptaría hoy Trump un consejo similar para que dejara de insistir en su falsa recriminación de fraude electoral en las presidenciales del 2020 y se retiraría de una vez, si es que cierto se atreviera a sugerírselo?

Colin KiddHistoriador especializado en EE.UU.

“La polarización partidaria contemporáneo sugiere que un presidente puede cometer abusos de poder al estilo Watergate sin poner en aventura su cojín partidista”, dice Colin Kidd, historiador especializado en EE.UU. en la Universidad de St. Andrews. A su motivo, “la incitación a la insurrección de Trump el 6-E parecía una prueba irrefutable”. Pero los seguidores del expresidente no se movieron... y siguen sin desamparar a su líder. Poco ha cambiado en estos últimos 50 abriles en EE.UU.

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