Marcus, un estudiante germánico de 17 abriles, acababa de montar a los Estados Unidos, mochila en ristre y en examen de aventuras, cuando una camioneta se paró a su costado. En su interior, dos jóvenes se ofrecieron a llevarlo a su próximo destino tras verle hacer autoestop. Marcus subió deprisa sin percatarse de que se encontraba delante un criminal en serie y su cómplice. Minutos más tarde, el pequeño fue amarrado, maltratado y sodomizado por el longevo de sus agresores y, luego, apuñalado hasta en 77 ocasiones. El occiso de Marcus apareció al día sucesivo tirado adjunto a una carretera.
La homicidio del adolescente fue la primera de una veintena más de crímenes a manos del denominado ‘The Freeway Killer’ (criminal de la autopista), bajo cuya identidad se escondía el camionero William Bonin. Encima, el serial killer no actuó solo, sino que se valió de hasta tres compinches para perpetrar todo tipo de vejaciones a púberes durante sus cacerías por las carreteras de California y Connecticut.
Infancia de abusos
William George Bonin nació el 8 de enero de 1944 en la ciudad estadounidense de Willimantic (Connecticut) en el seno de una tribu disfuncional. Durante su infancia, tanto el pequeño como sus otros dos hermanos fueron víctimas de las palizas por parte de su padre, un curtido de conflicto alcohólico y adepto al maniobra, mientras que su causa intentaba remediar estos incidentes de maltrato enviando a sus hijos con el antecesor. Sin incautación, aquello no hizo más que agravar la situación: el anciano abusaba sexualmente de sus nietos, principalmente de William.
A esto habría que añadirle la partida habitual de sus progenitores en el hogar franco a causa del maniobra, por lo que los vecinos terminaban por acoger a los menores y darles de tomar.
William Bonin, durante su adolescencia
Cuando William tenía seis abriles, la causa metió a sus hijos a un orfanato católico. Fue su forma de alejarlos del padre y evitar que ocurriese alguna desgracia: el exsoldado se mostraba cada vez más agresivo y violento con los pequeños, contra quienes pagaba su mal humor a almohadilla de golpes. Durante los siguientes tres abriles, la vida de nuestro protagonista siquiera mejoró mucho: allí sufrió disciplina severa y castigos físicos por parte de los adultos del centro, por otra parte de abusos sexuales de otros chicos mayores que él.
Por ende, el carácter del pequeño se volvió introvertido y hermético, y su única forma de expresar su hidrofobia fue a través de la consecución de delitos leves. Su primera detención se produjo a los diez abriles por robar matrículas de coche. Aquello le llevó a un centro de detención de menores donde fue abusado sexualmente por su tutor.
William Bonin, 'The Freeway Killer'
Una vez de reverso al hogar franco, el padre perdió la casa en una postura y tuvieron que trasladarse a la ciudad de Downey, en California, donde William se convirtió en un auténtico paria. El nene, achicopalado y torpe, al punto que interactuaba con sus compañeros, que se mofaban de su aspecto físico por tener los “dientes de conejo”.
Por otra parte, William empezó a desarrollar una parafilia sexual con destino a otros niños durante la adolescencia. Hablamos de un interés exacerbado y casi obsesivo por la pedofilia lo que, sumado a su despertar desviado, hizo que pusiera en maña sus fantasías con otros menores del vecindario más pequeños que él.
Las depravaciones
Tras graduarse en el instituto, William se alistó en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos y sirvió como artillero de helicópteros en la conflicto de Vietnam. Pero en 1968 fue expulsado por violar a dos soldados a los que amenazaba con su pistola. Entonces, William decidió regresar a Connecticut, aunque, allí de detener sus depravaciones, continuó con las agresiones sexuales. El sucesivo año atacó a cinco adolescentes, a los que ató y golpeó con una mostrador de hierro hasta dejarlos inconscientes para luego violarlos.
Pese a que se demostró la culpabilidad del pederasta, el tribunal alegó inimputabilidad por enfermedad mental y William fue enviado al Hospital Estatal de Atascadero para someterse a un tratamiento psiquiátrico: estaba catalogado de delincuente sexual con trastornos mentales.
William Bonin, ya de adulto
En este tiempo, los informes revelaron que William tenía un trastorno de sadismo sexual y de personalidad antisocial, por otra parte de rasgos de depresión maníaca. Sin incautación, el examen psiquiátrico de 1971 certificó que William sí era plenamente consciente de sus actos y, por consiguiente, debía de cumplir la pena en prisión, lo que puso fin a su tratamiento médico. Tres abriles más tarde la corporación penitenciaria lo dejó en osadía porque, según un nuevo estudio, el preso “ya no sería un peligro para la gentío”.
Catorce meses luego, William volvió a las andadas y violó a David McVicker, de 14 abriles, a quien recogió haciendo autostop, y por cuya atentado sexual fue condenado a 18 meses de prisión. Una vez detenido, el depredador advirtió a la policía que la próxima vez no dejaría vivo al testimonio. El 11 de octubre de 1978, William Bonin fue libre y se mudó a un edificio de apartamentos en Downey, muy próximo a la casa franco.
David McVicker, en el centro de la imagen, fue violado por William Bonin y sobrevivió para contarlo
En los meses posteriores, el recién llegado se dedicó a meterse en el saquillo a los adolescentes del vecindario, a los que engatusaba con bebida para que acudiesen a su casa. Fue en algunas de estas quedadas donde conoció a quienes fueron sus posteriores compinches en los crímenes: chicos menores de etapa que estaban tan fascinados como atemorizados por él.
Al mismo tiempo, William consiguió un empleo como camionero, circunstancia que aprovechó para comprarse una furgoneta Ford de color verde y perpetrar con ella sus sanguinarias cacerías. A borde del transporte, el pederasta acechaba a niños de entre 12 y 19 abriles en sus viajes por carretera, principalmente en autopistas. Una vez que conseguía que subieran, conducía hasta un punto apartado y comenzaba el ritual del terror.
La camioneta utilizada por William Bonin durante sus crímenes
Entre 1979 y 1980, William mató a 21 jóvenes, tanto en California como en Connecticut, a los que previamente había esposado o inmovilizado antiguamente de sodomizarlos para realizar toda clase de métodos de tortura, tales como golpes con una mostrador de hierro, asfixia o estrangulamiento, retorcimiento de testículos, quemaduras de cigarrillos, etc.
En muchos de estos crímenes William no actuó solo, lo hizo en compañía de cuatro secuaces: Vernon Butts, de 21 abriles, un trabajador de una industria de porcelana que estuvo presente en ocho asesinatos; Gregory Miley, de 18 abriles, cómplice de la homicidio de dos menores; James Munro, un fugitivo sin hogar, dibujado de complicidad en un crimen; y, William Pugh, de 17 abriles, al que William le hizo la sucesivo advertencia: “Si quieres matar a determinado, debes hacer un plan y encontrar un punto para tirar el cuerpo antiguamente de designar una víctima”. Y así lo hicieron. Los cuerpos de todas las víctimas aparecieron desnudos y al borde de carreteras o en edificios abandonados en distintos condados.
Vernon Butts, Gregory Miley y James Munro, cómplices de William Bonin
El hallazgo de tantos cadáveres llevó a la policía a pensar que se encontraban delante un criminal en serie, falsificado como ‘The Freeway Killer’, pero no lograban dar con pistas fiables que los llevase hasta su antro. Encima, había otro problema: el criminal en serie Randy Kraft estaba actuando en la misma zona y en las mismas fechas que el camionero, de modo que la autoría de los asesinatos llevaba a confusión.
Merienda víctimas de William Bonin
La primera víctima del ‘criminal de la autopista’ fue Marcus Grabs, de 17 abriles, un estudiante germánico al que Bonin y Butts secuestraron el 5 de agosto de 1979 en Newport Beach mientras hacía autostop. El pequeño fue maltratado, vejado sexualmente y apuñalado 77 veces, y su occiso fue arrojado desnudo y maniatado en una carretera de Malibú. Entre el primer y segundo crimen, transcurrieron tan solo 21 días: el camionero actuaba una o dos veces al mes, y a veces, hasta dos veces en un mismo día.
El chivato
La captura de William Bonin se produjo como consecuencia de la detención de uno de sus compinches, William Pugh, al que pillaron robando un coche el 29 de mayo de 1980. Ya en comisaría, el muchacho desvió la conversación hasta señalar al camionero como autor del homicidio de varios niños. La fiabilidad de los datos aportados llevó a la policía a iniciar un operante de vigilancia al sospechoso y el 11 de junio lo pillaron in fraganti y a punto de violar y estrangular a Harold T., de 15 abriles, en un páramo de Santa Mónica.
Otras siete víctimas más de William Bonin
Durante el registro de la camioneta, incautaron tres cuchillos, alambre, cuerda de nylon y una mostrador de metal con la que golpeaba y sodomizaba a sus víctimas. El pederasta nones expresó remordimiento alguno delante los detectives por los hechos cometidos. Incluso llegó a afirmar a las puertas del tribunal delante los medios congregados: “No podía dejar de matar. Cada vez era más realizable”.
Ficha policial de William Bonin
William Bonin fue tribunal y condenado por dos tribunales, el de Los Ángeles y el del Condado de Orange, por diez asesinatos y por otros cuatro respectivamente. El dibujado “tenía un total desprecio por la bondad de la vida humana y una sociedad civilizada. Sádico, increíblemente cruel, sin sentido y deliberadamente premeditado. Culpable más allá de toda duda posible o imaginaria”, expresó William Keene, el sentenciador angelino durante la lección del veredicto en octubre de 1982, quien le impuso la pena de homicidio por cámara de gas.
En agosto de 1983, el ‘criminal de la autopista’ volvió a ser condenado a homicidio por el condado de Orange. El magistrado lo encontró culpable de “una conducta criminal monstruosa”. El día de su ejecución se fijó el 23 de febrero de 1996 tras varias apelaciones, la última se presentó unas horas antiguamente de su ejecución.
William Bonin, durante uno de los juicios
En cuanto sus cómplices, todos terminaron entre rejas. Vernon Butts fue dibujado de participar en seis asesinatos, pero se ahorcó en su celda a la calma del discernimiento. Gregory Miles fue sentenciado de 25 abriles a dependencia perpetua, aunque murió en prisión al ser asesinado por otro recluso en 2016. Por su parte, James Munro fue condenado de 15 abriles a dependencia perpetua y todavía permanece encerrado. Y, por postrero, William Pugh recibió una pena de seis abriles de prisión por homicidio involuntario.
La ejecución
Los trece abriles que William Bonin permaneció en el corredor de la homicidio de la prisión de San Quintín, el camionero se aficionó a pintar y a rellenar pasatiempos, por otra parte de escribir y imprimir cuentos cortos por trece dólares la copia. Hasta llegó a cobrar varios premios por sus escritos en pequeños concursos y mantuvo correspondencia con familiares, amigos y admiradores.
Un día antiguamente de su ejecución por inyección venenoso (el estado de California reemplazó el método de la cámara de gas en 1992), Bonin recibió a amigos y familiares y, una vez en la celda de vigilancia, puso la televisión y pidió dos pizzas grandes de pepperoni y salchichas y un helado de café como última voluntad. A las puertas del circuito se congregó una multitud de opositores y simpatizantes de la pena de homicidio, que jalearon consignas hasta la hora de la ejecución.
Amigos de David McVicker, el único superviviente de William Bonin, esperan la ejecución del criminal en serie en el exógeno de San Quintín
Media hora antiguamente del ajusticiamiento, el capellán y el director de la prisión, el alcaide Arthur Calderón, visitaron a Bonin, quien no expresó remordimiento alguno y dejó el sucesivo mensaje:
“Creo que la pena de homicidio no es una respuesta a los problemas que tenemos. Creo que envía el mensaje inexacto a la gentío de este país. Los jóvenes actúan como ven desempeñarse a otras personas en punto de cómo la gentío les dice que actúen. Aconsejaría que cuando una persona piense en hacer poco espinoso contra la ley, que antiguamente de hacerlo se vaya a un punto tranquilo y lo piense seriamente”.
Simpatizantes de la pena de homicidio claman honradez horas antiguamente de la ejecución de William Bonin
A las 00:09 horas del 23 de febrero, el alcaide dio la orden de comenzar la ejecución del reo William Bonin por inyección venenoso. Cuatro minutos más tarde, el camionero fue obvio oficialmente muerto. Tenía 49 abriles. Al otro costado del cristal, en la sala de los testigos, los familiares de las víctimas se abrazaron y lloraron emocionados. Llevaban muchos abriles esperando ese momento: cerrar una etapa y ver el postrero aliento del diabólico criminal de sus hijos.
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