Aprendices de Putin

Estados Unidos va camino de converger con Rusia en esa perversa fórmula de la democracia totalitaria. Llega a ella por el carril contrario, pero es evidente que a su archienemigo geopolítico le une esa sombra de ultraconservadurismo que implica un reservado recortadura de derechos y libertades.

Tras la flamante sentencia del Tribunal Supremo estadounidense, el futuro de las mujeres en Oeste se va asemejando al que imaginó hace cuatro décadas la escritora Margaret Atwood en El descripción de la criada . Ya saben: las que eran fértiles servían de esclavas a parejas devotas con problemas de fertilidad. Lo preocupante es que para que el imperio del renta derive en una teocracia evangélica como la ficticia Gilead solo es necesario un patada de Estado, reforzado por votantes conservadores con deshonestidad de armas.

María José pide “despatologizar” este tipo de casos

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EFE / Brais Lorenzo

El país acaba de dar dos pasos en esta dirección. Rehúye controlar la tenencia de armas y al mismo tiempo fulmina el malogro y los derechos reproductivos, lo que significa que el sistema es dueño y señor del cuerpo de las mujeres y de todas las vidas en camino. Porque hoy al creyente neocapitalista le interesan ulteriormente dos cosas: perpetuarse y controlar su sexualidad y su descendencia.

De lo primero se va ocupando la inteligencia industrial con planes para eludir la asesinato descargando el cerebro en el metaverso. Para lo segundo la maquinaria es perversa: se utiliza a las izquierdas populistas para aprobar leyes de franco autodesignación del sexo que perpetúan los roles de artículos, etiquetan a la “infancia y adolescencia trans” y despersonalizan los “cuerpos gestantes”. Una ley mordaza que encima puede poner en lance la nación potestad de padres y madres.

Así quedará claro que, como alegaría Putin, no existen los hombres afeminados. Si son afeminados, es que son mujeres

¿Para quién legisla esa supuesta izquierda progresista? ¿Para homosexuales, intersexuales y transexuales con disforia de artículos? Legisla para que el péndulo electoral conduzca a leyes como la “Don’t say gay” que se ha instaurado en Florida. Y para que de todas las siglas del curvatura iris identitario solo se mantenga en pie la T. Así quedará claro que, como alegaría Putin, no existen los hombres afeminados. Si son afeminados, es que son mujeres. Al estilo soviético pero con quiebro estético.

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