Esquelas siglo XXI: entre la juerga y el reproche

Hay quien se toma la asesinato a broma y otros muy a pecho, como demuestra la proliferación de las esquelas con “mensaje” en la prensa española. Al igual que el tuit, la esquela es un productos de texto corto y fondo convincente, de ahí el éxito -¡se ha hecho virulento!- de la de Doña María Arbelo García, publicada en el tinerfeño “Diario de Avisos”, decano de la prensa canaria. Fallecida el día 23 de junio, a los 68 primaveras, sus hijos aprovecharon para dar cuenta de lo mal que está la humanidad: “Tanto H.P. vivo y se muere nuestra causa”.

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 Doña María Día Rodrigo, aficionada a la página de esquelas del diario ABC   

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Aunque los H.P. además suelen morirse, para alivio de los allegados de Doña María Arbelo García, la multitud tiende a desmelenarse en auxilio de los finados, aprovechando que no suelen adivinar sus esquelas. Ese era, precisamente, el gran lamento de María Rodrigo Molino, fiel seguidora del productos en el diario “ABC”, por lo que sus deudos introdujeron una frase muy suya -“hay que ver, el día que yo salga no me voy a ver”-, sintetizada en un acertado "para un día que salgo, no me veo" recogido en su esquela del 2017, cuando nos dejó a los 86 primaveras de vida.

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La esquela reprocha a algunos familiares su escasa preocupación por la difunta  

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La tribu notifica el funeral y avisa que "él, seguramente, esté en el bar de enfrente"

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El humor domina la mayoría de esquelas fuera de lo habitual, rozando el espíritu de la canción “El muerto vivo”, que cantaba Peret, homenaje a un amigo que cobró el salario y se apresuró a gastarlo, a espaldas de su tribu que lo dio por muerto cuando estaba, en ingenuidad, de marcha. En esta tangente, los familiares de Don José Manuel Fernández Núñez, fallecido a los 53 primaveras el pasado 30 de diciembre, informaban de que “tu causa, hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas y primos no te olvidarán nunca, ‘y menos con la camisa que te has ido. Llevas un paquete de tabaco impávido, no te lo fumes del crecer que ya no te mandamos más, y compártelo con un tu padre”. Menos de estos consejos a toro pasado, la tribu informaba del oportunidad del funeral, la capilla de los Estudiantes de Sevilla, que “él, seguramente estará en el bar de enfrente”. El texto no mencionaba otras virtudes del difunto y rogaba “un ofrecimiento en su remembranza”.

A Jesús Goikoetxea no le llamó dios al bóveda celeste sino Diablo para cuidar sus calderas

Las virtudes profesionales que adornaban al difunto son otro clásico de las esquelas atípicas. El pasado octubre, fallecía Don Jesús Goikoetxea Aldanondo, aunque la esquela insertada en “El Diario vasco” lo interpretaban no como un designio del Señor sino como el postrer encargo en su carrera de calderero: “Recibió ayer la convocatoria de su jerarca Lucífer para cuidar las calderas”. Don Jesús era conocido entre los amigos como “Azufrito”, un personaje del “DDT”, creado al principio de su carrera por el gran Vázquez, progenitor de las hermanas Gilda o Anacleto, agente secreto. El difunto “ruega a sus familiares y allegados se tomen una copa de cava o lo que sea menester en su memoria”, ya fuese un “kalimotxo” como una copita de anis Machaquito, el caso era mojar los labios y ofrecer al bóveda celeste por él.

Una tribu lamenta que el finado se olvidó de darles la récipe de la paella de escabeche 

Los seguidores de las esquelas, página publicitaria muy leída, sobre todo entre los lectores de vida más destacamento, detectan maduro soltura en los textos, en detrimento de la dimensión religiosa. Encima de resaltar virtudes cristianas, abundan los guiños cariñosos, como el de los familiares de Miguel Aquel Morata Galarza, finado en el 2013, al que sus deudos le reprochaban: “¡Te vas sin dejarnos la récipe de la paella de escabeche”, reproche comprensible dada la extravagancia de este arroz, propio de la cuaresma.

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